No es algo conocido que “además de los animales salvajes, la biodiversidad cultivada desaparece a una velocidad de vértigo”, garantiza Rufino Acosta, profesor titular de Antropología en la Universidad de Sevilla y director del Grupo Cultura, Ecología y Desarrollo de Pequeños Territorios.
Su equipo trabaja en la pérdida de biodiversidad con el objetivo de concienciar a los ciudadanos acerca del que, para Acosta, es uno de los “problemas estrella en el mundo actual”.
El grupo Cultura, Ecología y Desarrollo de Pequeños Territorios ha localizado en un estudio las variedades autóctonas de la zona de Doñana –concretamente en Almonte, Villamanrique e Hinojos–, escogida por albergar una gran cantidad de explotaciones ecológicas y por tener un potencial de ampliación “tremendo”, lo que la convierte en “el baluarte de la conservación de la naturaleza”, señala el profesor Acosta.
Una vez encontradas las hortalizas, el equipo las ha caracterizado desde el punto de vista agronómico, determinando su modo de cultivo. Y ha recogido el “variado y muy preciso” conocimiento local existente sobre ellas. Entre los aspectos recabados de la sabiduría popular destaca el uso que tradicionalmente se hacía de estos frutos. De esta fase se ha desprendido que antaño se disponía de innumerables variedades que garantizaban las provisiones todo el año. Algunas se comían en fresco y otras se destinaban a conservar vegetales perecederos.
Higos blanquillos
De este ingente número de especies han desaparecido más del 90 por ciento, que han sido sustituidas por variedades comerciales y transgénicas. Por ello, estos investigadores trabajan en pro de la conservación de la biodiversidad in situ para que las especies se hagan resistentes a plagas y se adapten a las condiciones climáticas. Aunque desde los años 20 se conocen técnicas para almacenar especies, todas ellas se hacían en bancos de germoplasmas, que son materiales hereditarios que se transmiten en la reproducción de las plantas. En estos depósitos se coleccionan semillas y esporas vivas. El inconveniente de este método aparece a la hora de recuperar las muestras, puesto que éstas no sabrían ya manejarse en el mundo actual.
La incorporación de este tipo de verduras y frutas al mercado es otro de los fines del proyecto de Acosta que podría ser incluido en la producción ecológica, una técnica que recupera el sabor, la textura y la especificidad perdidos tras el uso de aditivos. El estudio ha sido apoyado por la Junta de Andalucía, que es pionera en destinar ayudas a cuestiones de esta índole. Acosta confía en que la nueva política agraria común abra “un horizonte a largo plazo” por su apuesta por los valores ambientales y la calidad.
“Hacer visibles los frutos ecológicos es fundamental” En Andalucía se produce el 60 por ciento de las verduras ecológicas del país, pero la mayoría se exporta. Rufino Acosta respalda las catas y degustaciones que se realizan para “hacer visibles estos productos y que la gente valore el tesoro ecológico, de diversidad y cultural tan importante que se posee”. Su apuesta apunta hacia el paulatino aumento del segmento de consumidores de estos vegetales, al igual que ha sucedido en países productores como Austria.
fuente: andaluciainvestiga.es


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