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Jueves, 17 de Mayo de 2012
Nos dice la publicidad de las grandes superficies que, en sus establecimientos, se puede encontrar de todo, hasta alimentos ecológicos. Salvo muy raras excepciones, la verdad es que encontramos siempre las mismas marcas. Más de lo mismo. El mito de la variedad es eso, un mito.
INTELIGENCIA ANCESTRAL
UNA ALIMENTACIÓN MUY VARIADA
A pesar de lo que la gente pudiera creer, la alimentación de las tribus de tiempos paleolíticos, sobre todo en zonas tropicales, era mucho más variada que la del occidental medio en la actualidad. El hombre de hoy consume siempre la leche del mimo tipo de vacas, los huevos de las mismas razas ponedoras, muy limitados tipo de fruta y verduras… y casi siempre de las mismas marcas, cosa impensable para un cazador-recolector, cuya dieta se basaba, precisamente, en la infinita gama de alimentos a su disposición. Además, el hombre actual come siempre lo mismo sea la estación que sea, otra aberración. Nuestros antepasados se alimentaban de lo que cada estación daba, que es, al fin y al cabo, por razones evolutivas, lo más conveniente desde el punto de vista de la salud.
¿CÓMO AFECTA A NUESTRA SALUD?
NO HAY ESTUDIOS AL RESPECTO
¿De qué manera la falta de variedad alimentaria afecta a la salud? ¿Cómo podemos estar sanos si siempre comemos lo mismo, de las mismas marcas, de las mismas razas y variedades vegetales y animales, haga calor o haga frío…? No hay estudios al respecto. ¿Quién iba a querer patrocinar un estudio tan caro, por su visión holística, si, al fin y al cabo, sus resultados probablemente no le interesarán a los que podrían costearse ese patrocinio? Lo único que sabemos es lo que nos dice el sentido común: las personas que han llegado a viejas y han gozado de mayor calidad de vida tuvieron una alimentación austera, variada, local, muy adaptada a la zona, que variaba según las estaciones… Hombre, ¿a quién debería ocurrírsele comer melón en febrero? ¡Qué barbaridad!