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Jueves, 09 de Febrero de 2012
La ciudad de Bristol, al suroeste de Inglaterra y con unos 410.000 habitantes, se encuentra en un entorno de zonas naturales de gran riqueza y cuenta con varios parques históricos en medio del área urbanizada. Pero si todo esto se ha mantenido en buen estado a lo largo de las últimas décadas ha sido, sobre todo, por los esfuerzos de las asociaciones de ciudadanos, los grupos de voluntarios y las organizaciones sin ánimo de lucro que han luchado y han desarrollado diversas campañas para la preservación y mejora de estos espacios verdes y públicos.
Bristol tiene actualmente 1.808 hectáreas de zonas verdes públicas municipales en el conjunto del término de la ciudad. Esto son 38.000 metros cuadrados... ¡por habitante! Y, además, estas zonas naturales, parques y jardines están repartidos por todos los barrios, de modo que el acceso a una zona verde resulta muy sencillo para cualquier ciudadano. Las zonas verdes son los espacios de ocio más visitados de la ciudad, y un auténtico pulmón verde que ayuda a mitigar las emisiones de CO2.
Últimamente, además, se ha aprobado un nuevo plan para mejorar el estado de todos estos espacios, con especial atención al mantenimiento y la seguridad en los parques y jardines, no sólo en los más grandes como los Downs, el Blaise Castle Estate o el Oldbury Court (que son incluso una atracción turística por habitantes de otras ciudades de la región), sino también en los más pequeños de cada barrio. Con la colaboración de asociaciones de 'ciudadanos por los parques', el objetivo es poder garantizar y mejorar la calidad de las instalaciones que hay dentro de las zonas verdes (áreas de juegos infantiles, bancos, iluminación, señalización, etc.) y contar con guardas o vigilantes en todos los parques. Esto, de manera inmediata. Para el futuro, los objetivos miras van más allá y se espera poder destinar parte de estas áreas a hacer huertos comunitarios en que los ciudadanos puedan cultivar sus propios vegetales.
Parte del presupuesto para mejorar las infraestructuras y facilitar nuevos usos de las zonas verdes proviene de los ingresos de la lotería estatal británica. Recientemente se han destinado diez millones de libras para crear nuevos caminos adaptados, campos de deportes (incluyendo, evidentemente, los destinados a la práctica del críquet), y circuitos de footing.
El papel de los ciudadanos
Las asociaciones de vecinos de Bristol forman parte de casi cualquier iniciativa relacionada con las zonas verdes. El ayuntamiento trabaja conjuntamente con estas personas, que han colaborado, por ejemplo, en la campaña 'Trees for Bristol', que pretende plantar 10.000 nuevos árboles en diez años, y en diversos proyectos de conservación de la biodiversidad de las zonas naturales las afueras de la ciudad.
Pero además de la preservación de los espacios ya existentes, la lucha de las diversas asociaciones de ciudadanos de Bristol ha conseguido también hacer realidad nuevas iniciativas. Así, por ejemplo, el nuevo camino que une Bath y Bristol, con un total de veinte kilómetros, se ha conseguido gracias a las intensas campañas de las asociaciones de usuarios de bicicletas de las dos ciudades. El camino sigue el trazado de las antiguas vías de tren y está, por tanto, apartado de la carretera. Está reservado exclusivamente a bicicletas y peatones, y también se ha adaptado para sillas de ruedas.
Otra muestra es la Windmill Hill City Farm, nacida en 1976 como respuesta a la demanda ciudadana de recuperar las tierras abandonadas para poder ser usadas por la población de la zona. Es una granja-escuela, con huertos cultivados por los ciudadanos, actividades educativas para gente de todas las edades (también para personas con dificultades mentales) y con tienda propia para vender los productos. Y, para los ciudadanos, es una manera de poder participar en la producción de sus propios alimentos y de estar en contacto con la naturaleza y con otras personas con intereses similares, a sólo unos minutos del centro de la ciudad.
Eco-escuelas para formar a los ciudadanos del futuro
Esta conciencia ciudadana, que muchos de los niños de Bristol viven en sus propias familias, se refuerza también desde el sistema educativo. El ayuntamiento de Bristol tiene como objetivo ayudar a todas las escuelas de la población a llegar a ser 100% sostenibles en el año 2020. Por eso muchas de ellas participan en el programa Eco-escuelas, y reciben apoyo para mejorar en la gestión del agua, la energía y la movilidad.
El primer paso fue incluir el mensaje de las 3 R (reducir, reutilizar, reciclar) en todos los cursos el curso 2003-2004. Después se han añadido otras acciones, en las que se trata de involucrar al alumnado para entender lo que está haciendo y que puedan, en su caso, aportar nuevas ideas.
Así, por ejemplo, en varias escuelas se han instalado calderas de biomasa para conseguir calefacción a partir de restos de podas y otras maderas y huir así de los combustibles fósiles. Y en otros centros del agua caliente se consigue con placas solares instaladas vinculadas a los tejados. También se han creado los llamados 'planes de movilidad' para potenciar que los alumnos y los adultos que les acompañan hagan el trayecto de casa a la escuela a pie o en bicicleta en lugar de ir en coche. Para facilitarlo, se ha mejorado la iluminación y la seguridad de los accesos a las escuelas y las calles de la zona.
Cada curso, los técnicos ambientales municipales expertos en energía visitan las escuelas para realizar charlas y asesorar a los alumnos sobre cómo mejorar el ahorro y eficiencia energética en los centros. Y el reciclaje forma parte -de manera teórica y práctica- de todo el sistema educativo, desde el primer curso de primaria.
En 2009, Bristol fue una de las ciudades finalistas al premio capital 'verde' europea con el lema que define su objetivo de futuro: 'Una capital verde, con emisiones bajas y calidad de vida alta'. Da la impresión que con una población con las ideas tan claras sobre la sostenibilidad, ya tienen hecho parte del camino para conseguirlo.
Anna Boluda - Sostenible.cat