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Sábado, 04 de Febrero de 2012
Los datos confirman que España sigue sin aprobar el reto de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático. Los 370,4 millones de toneladas de CO2 equivalentes emitidos en 2009 suponen un incremento del 27,82% respecto al año base de 1990, muy lejos aún del 15% de promedio permitido por el Protocolo de Kioto para el período 2008-2012.
Además, el nuevo descenso anual de las emisiones (8,7% menos que en 2008) está muy relacionado con el recorte de actividad económica provocado por la crisis. Como aspecto positivo, la creciente aportación de las renovables al capítulo energético.
Estas energías limpias, con la eólica como la más destacada, cubren ya el 23,4% de la generación de electricidad y evitaron la emisión de 29 millones de toneladas de CO2 en 2009. Además, el propio sector eléctrico rebajó sus emisiones de gases de invernadero un 21%, cuando el consumo sólo cayó un 4,4%. No obstante, el síntoma que más preocupa depende del transporte por carretera, cuyo recorte del 5,2% en las emisiones de gases de invernadero parece difícil. No sólo crece su aportación al cómputo total (23,6%, con lo que supera por primera vez al sector de generación eléctrica, que se queda en el 19,47%), sino que su aumento desde 1990 llega al 71% y desborda de manera amplia a los demás sectores.
Estos datos se recogen en el informe "Evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en España (1990-2009)", que recoge la necesidad de que España se plantee "objetivos más ambiciosos". Las previsiones sugieren que 2010 seguirá la tendencia de 2009 y podría añadir otro moderado descenso de emisiones.
Se necesitarán, por lo tanto, "políticas más fuertes" en capítulos como el transporte por carretera, la eficiencia energética de edificios o el apoyo a las renovables para terminar con la actual "incertidumbre", además de la revisión de los escenarios con más intensidad energética.
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