En México se comprometen con la lucha contra el cambio climático

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El ozono es una capa delgada de nuestra atmósfera, sin embargo su presencia es vital para el bienestar de los seres humanos. Gran parte del ozono se ubica en la parte superior de la atmósfera llamada estratósfera, a más de 10 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra. El 90% del ozono atmosférico se ubica en la “capa de ozono” que nos protege de los rayos ultravioleta dañinos que emite el Sol.

Investigaciones científicas publicadas en 1974 por Sherwood Rowland y el mexicano Mario Molina (ganadores del Nobel de Química 1995) reportaron que algunos productos químicos producidos por el ser humano contenían sustancias que destruían el ozono. Actualmente se conocen como SAO (sustancias agotadoras del ozono) y hasta hace poco eran consumidas predominantemente por los fabricantes de refrigeradores, plaguicidas y extintores de fuego.

A principios de la década de los ochenta se suscitó una alarma mundial por el adelgazamiento de la capa de ozono. Imágenes satelitales del ozono Antártico mostraban una extensa área de severo agotamiento sobre el Polo Sur (25 millones de kilómetros cuadrados), lo que dio lugar a la denominación “agujero de ozono”.

Si bien las sustancias agotadoras de ozono están presentes en toda la estratósfera, el agotamiento es mucho menor sobre el Ecuador y aumenta hacia las latitudes polares. El agotamiento más severo sobre estas regiones se debe a las temperaturas extremadamente bajas, entre otras condiciones, que favorecen la destrucción masiva del ozono y aumentan en consecuencia la radiación ultravioleta sobre la Tierra.

La conciencia mundial ante este grave problema tomó cartas en el asunto mediante la adopción del Protocolo de Montreal (1987) que estableció controles en la producción y consumo de las SAO, e impulsó el uso de sustancias alternativas que no afectaran el ozono o que lo hicieran en menor medida.

A principios de la década de los ochenta se suscitó una alarma mundial por el adelgazamiento de la capa de ozono. Imágenes satelitales del ozono Antártico mostraban una extensa área de severo agotamiento sobre el Polo Sur (25 millones de kilómetros cuadrados), lo que dio lugar a la denominación “agujero de ozono”.

Gracias a la cooperación internacional, la concentración de SAO en la atmósfera está disminuyendo. Si los países continúan respetando el Protocolo, el descenso continuará en este siglo. México, por ejemplo, ha eliminado el 98% del consumo nacional de las SAO, con lo que está contribuyendo no solo a la regeneración de la capa de ozono sino también a la mitigación de los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático, pues muchas de las sustancias agotadoras de ozono como los clorofluorocarbonos (CFC), hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y halones aportan al calentamiento global.

Mabe, compañía mexicana que fabrica más de 1.2 millones de refrigeradores al año, ha dejado de utilizar sustancias agotadoras de ozono en su producción a través de las mejoras introducidas por sus técnicos. Su buen desempeño ambiental le valió el reconocimiento “Industria Limpia” que otorga la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales a todas las empresas que realizan medidas proactivas y voluntarias para minimizar la generación de residuos y evitar emisiones contaminantes.

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