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Cooperativas de alimentación ecológica. ¿Una moda o un cambio profundo en la forma de consumir?

Un año hay que esperar en algunas ciudades para formar parte de una cooperativa de alimentación ecológica. Al final se intenta compensar el hecho de que en un contexto urbano es difícil tener un huerto y el contacto con los campesinos y agricultores prácticamente desaparece. Pero cuál es el motivo de este éxito? Hablamos con miembros de diferentes cooperativas para saber qué les impulsó a crearlas, cómo funcionan, y si realmente esta opción les da un mayor control sobre el origen y calidad de lo que consumen.

Enviado por: sostenible.cat - Laura Basagaña, 09/12/2010, 11:11 h | (2728) veces leída

Creamos nuestra cooperativa para poder consumir productos ecológicos pero sin tener que pasar por el tamiz de los grandes grupos de consumo ', explica Engràcia Valls, socia de la cooperativa de alimentación ecológica La Manduca, de Sant Feliu de Guíxols. Y es que comprar comida ecológica en el supermercado es posible, pero caro. Y las opciones de elección son limitadas. 'Hay muchos botes de colores, pero los productos están fabricados por dos o tres empresas. Cambia el diseño de los paquetes pero la elección es ilusoria ', comenta Xavier Montagut, integrante de la Xarxa de Consum Solidari. El lema de las cooperativas de alimentación ecológica podría ser 'nosotros decidimos y conocemos lo que comemos'. Se trata de grupos de consumidores coordinados que se aseguran de velar por la protección de la agricultura ecológica. Roger Codina, miembro de la cooperativa manresana Almàixera argumenta que una de las finalidades del proyecto común que llevan a cabo es incidir sobre todo el sistema económico establecido 'y destaca que las cooperativas de alimentación ecológica permiten a un grupo de consumidores actuar conjuntamente valorando aspectos sociales y éticos 'de la producción de alimentos. Codina subraya que es importante 'proteger la figura del campesino y evitar intermediarios que encarezcan el precio del producto'. ¿Y el resultado? 'Productos de buena calidad, con un trato directo con el campesino productor, saludables y ecológicos', remarca. La cooperativa de alimentación ecológica barcelonesa Cydonia, inició su proyecto 13 años atrás. 'Empezamos siendo 8 o 9 parejas que buscaban una manera concreta de consumir y ahora ya somos 46 familias que conforman el proyecto', nos dice Xavi Fernández, miembro de la Junta directiva de Cydonia.

¿Qué hace falta para poner en marcha una cooperativa de alimentación ecológica?
Los ingredientes necesarios son: la existencia de un grupo de personas concienciadas y con ganas de optar por una compra de alimentos ecológicos, una buena organización y diálogo. 'Se necesitan meses para pasar de la teoría a la práctica', indica Xavi Fernández. Codina señala que 'cuando un grupo empieza, hay más dedicación que cuando la cooperativa ya tiene las dinámicas creadas'. Los integrantes de la cooperativa suelen organizarse en cinco grandes grupos: Comisión de compras (busca nuevos proveedores, hace los pedidos necesarias), Comisión de Infraestructuras (busca el material necesario para el local), Comisión de económicas (cobran los pedidos ), Comisión de relaciones externas (asisten a los encuentros con otras cooperativas y dan a conocer sus proyectos a los demás miembros del grupo) y, por último, la Comisión de relaciones internas (distribuye y asigna las tareas a cumplir, preparación de cajas, limpieza, asambleas, entre otros). La media de horas semanales dedicadas a tareas para la cooperativa es de 2 a 3 horas por familia o integrante de la cooperativa.

Cada cooperativa decide el número de personas que pueden formar parte. 'Gestionar más de 40 cestos ya empieza a ser complicado', explica Engràcia Valls. A veces el freno viene determinado por el espacio del local: si el local es pequeño a partir de un cierto número de socios, ya no es posible crecer más. Por este motivo están las listas de espera donde se apuntan los que quisieran entrar a formar parte de una cooperativa, que desgraciadamente está llena.

Lo más común es que haya una lista de espera de gente que quiere formar parte de otras cooperativas, y cuando se llega a un número de personas concreto, 20 inscritos, se plantea la idea de formar una nueva cooperativa ', añade. Los miembros de cooperativas ya consolidadas guían en el proceso de nacimiento de nuevas cooperativas a sus integrantes. 'Los convocamos, les explicamos nuestras rutinas de funcionamiento, los pasamos una lista con nuestros proveedores y contestamos a las dudas y preguntas que nos plantean', explica Fernández. Codina indica que algunas veces se opta por acompañar en todo el proceso de formación de la nueva cooperativa, haciendo que una persona voluntaria abandone la cooperativa inicial que formaba parte, para pasar a ser integrante de la nueva y poder resolver las dudas que vayan surgiendo, desde dentro '.

¿Y donde se registran más listas de espera? 'En Barcelona y en el Área Metropolitana es donde han aparecido más cooperativas de alimentación ecológica y donde hay más listas de espera', comenta Fernández, que añade que en el Maresme, el Vallès y el Baix Llobregat también hay mucha demanda. En las tierras de Girona, en Tarragona y Manresa, por el contrario, hay menos afluencia. El tiempo de espera para pasar a formar parte de una cooperativa oscila entre 6 meses y un año.

Contacto directo con los campesinos
La principal ventaja formar parte de una cooperativa es 'poder conocer a quien compras los productos, saber qué hace y estar de acuerdo con la manera como lo hace', subraya Xavier Montagut. Las cooperativas organizan, de vez en cuando, visitas a los campesinos proveedores. 'Les hacemos preguntas, vemos de qué manera trabajan y resolvemos dudas sobre el proceso de elaboración y producción del producto', explica Engràcia Valls.

¿Pero como se contacta con los proveedores? 'Hay campesinos que cultivan hortalizas de forma ecológica y ellos mismos ofrecen sus productos a las cooperativas. Otras veces, los mismos integrantes de la cooperativa conocen a algún campesino y lo proponen los demás miembros del grupo. Una tercera opción es conocer campesinos a través de otras cooperativas que recomiendan a ciertos proveedores ', explica Xavi Fernández.
La lucha contra los transgénicos y la recuperación de la soberanía alimentaria
Montagut destaca que 'la soberanía alimentaria es una estrategia de lucha que pretende devolver a los ciudadanos ya los productores el control de su alimentación hoy en manos de unas pocas mutinacionals orientadas a maximizar sus ganancias. Esto implica una alimentación sana, sostenible, justa y adecuada culturalmente '. Y como podemos recuperarla? El movimiento campesino, todo el mundo junto con consumidores, ecologistas, ONG está exigiendo un cambio de rumbo en las políticas agrarias y alimentarias y lo está llevando a la práctica con explotaciones agroecológicas, con proyectos comerciales equitativos, organizando los ciudadanos para consumir productos agroecológicos , de proximidad y con una retribución justa a todos los que participan en la cadena alimentaria 'recalca Montagut.

Esta es una de las finalidades que persiguen las cooperativas de alimentación ecológica. La otra es evitar que las semillas de alimentos modificadas genéticamente contaminen a las ecológicas, debido a la mezcla de los dos tipos de semillas con la ayuda del viento. Montagut es del parecer que las semillas de alimentos transgénicos son invasoras y por tanto hay que parar su producción. 'La sociedad está muy sensibilizada con este tema, aunque el poder económico tira hacia otro lado', dice Montagut, que añade, 'Cataluña está a la vanguardia en productos transgénicos, el maíz que producimos es transgénico y sirve para alimentar animales que luego consumimos en forma de carne animal '. La plataforma ‘Som lo que sembrem' trabaja para conseguir el etiquetado de los productos alimenticios modificados genéticamente. 'Los transgénicos tienen mala prensa, si las personas supieran qué es transgénico y lo dejaran de comprar, las empresas renunciarían a producir más', considera Roger Codina.

Cifras destacadas

Según datos del Observatori de l'alimentació ecològica de Catalunya, un 31% de la población encuestada afirma que consume productos ecológicos, aunque sea esporádicamente. Y de manera habitual el porcentaje es del 2,6%.

En Cataluña hoy hay unos 123 grupos, asociaciones o cooperativas de alimentación ecológica, según datos de Ecoconsum, la Coordinadora catalana de cooperativas de alimentación ecológica. A Ecoconsum, pero, sólo hay inscritos una veintena de grupos, que se encuentran un par de veces al año para tomar decisiones conjuntamente e intercambiar información de interés.

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