British Petroleum es la tercera compañía petrolera del mundo, y por tanto, uno de los principales pilares de la economía neoliberal, de gran importancia económica y estratégica. Suministradora de petróleo fundamentalmente a Reino Unido y Estados Unidos, promueve los intereses corporativos y de estos estados mediante el control de los yacimientos en Asia Central, África y América Latina, aunque para ello haya que tomar posición apoyándose en fuerzas militares, como en el caso de Colombia e Iraq.
La industria petrolera resulta ser una de las más destructivas del planeta (emisión de gases de efecto invernadero, vertidos de petróleo, liberación de compuestos tóxicos, destrucción de paisaje,…), por lo que se esmera en pulir su imagen, a través de la publicidad, como evidencia la transformación del logo corporativo originario de BP, a un sol verde y amarillo que transmite un “lavado de cara” mucho más ecológico. Desde hace algunos años, la firma se ufana de haber adoptado una estrategia respetuosa con respecto al medio ambiente, al invertir sobre todo en la energía solar. En 1999, compra Solarex por 45 millones de dólares, convirtiéndose así en la mayor sociedad de energía solar del mundo, antes de anunciar la instalación de paneles solares en doscientas estaciones de servicio a través del mundo, creando de esta forma un mercado para sus propios productos y una diversificación de negocio ante el horizonte del agotamiento del petróleo.. Lo que caracteriza a BP ha sido el control y saqueo del petróleo a costa del sufrimiento y la miseria de los pueblos, utilizando estrategias, tales como el ocultamiento de información, la adquisición de contratos injustos con países empobrecidos y ahogados por la deuda externa contraída, la invasión de territorios ancestrales de las etnias indígenas y la celebración de convenios de seguridad fuerzas militares para salvaguardar sus intereses privados. Para conseguirlo deben eliminar la oposición de ecologistas, campesinos e indígenas que se oponen a estas políticas y que defienden modos de vida más acordes con el cuidado del planeta y más justos socialmente .
La multinacional British American Tobacco en su anuncio habla de su compromiso con el medio ambiente, la biodiversidad, el empleo de calidad, con la sociedad y con la prevención del consumo de tabaco en menores, auspiciado por los principios de responsabilidad social corporativa (RSC) del grupo.
British American Tobacco está presente en España desde 1991, formando parte siendo la segunda tabaquera a nivel internacional, presentes en más de 180 países y con una cuota de mercado de tabaco del 17% a nivel global.
En su página web (www.bat.com/socialreport) hace un alarde de las ventajas de la globalización económica y como paradigma de sostenibilidad: “Creemos que la economía globalizada aporta desarrollo, igualdad social y prosperidad, en la medida en que los mercados y la libertad de movimiento de capitales facilitan las oportunidades para que las compañías puedan aportar herramientas, tecnología y buenas prácticas...”.
Sin embargo, la realidad es que en muchos de los países del Sur en donde se cultiva el tabaco de dedican grandes extensiones de tierras fértiles a monocultivos para la exportación, con impactos ambientales sobradamente conocidos (utilización de tóxicos persistentes, erosión de suelos, explotación de acuíferos,…), sustituyendo a las economías de subsistencia, con el objetivo de pagar la histórica deuda externa contraída por los países, como resultado de injustas reglas de mercado que imponen los organismos internacionales que defienden intereses de estados poderosos en alianza con empresas transnacionales, conduciendo a la miseria a millones de campesinos y comunidades indígenas de los territorios del Sur.
Por otro lado, es más que una evidencia los efectos sobre la salud del consumo de tabaco, responsable directo de hasta el 30% de todas las cardiopatías coronarias, más del 90% del consumo de bronquitis y el principal factor (80-90%) de cáncer de pulmón y laringe, entre otros. Así, cada año, más de 50.000 personas mueren prematuramente en España debido al consumo de tabaco.
ENDESA, empresa transnacional de la energía, es la primera en la cobertura de las necesidades de la energía eléctrica en el estado español, y la principal en países como Chile, Argentina, Colombia y Perú, estando presente también en Brasil.
Su política empresarial se basa en el fomento del crecimiento del consumo energético continuo, base de las ganancias corporativas. En su mensaje publicitario se muestra un futuro sin limites en el uso de la energía “Para los hijos de tus hijos”, de espaldas a las previsiones de disponibilidad de fuentes de energía y a la grave de la situación de cambio climático global en el que se encuentra el planeta. Una huída hacia delante para que no pare el entramado de la globalización y a favor de los intereses corporativos.
Sin embargo, la transnacional atesora una enorme trayectoria de insostenibilidad ecológica y social, especialmente en Latinoamérica con la construcción de grandes presas para la producción hidroeléctrica, aunque sea a costa de alterar zonas protegidas, desviar ríos, inundar valles y bosques centenarios y desplazar habitantes de poblaciones indígenas enteras, originarios moradores de los territorios desde tiempos inmemoriales. Una política corporativa justificada en el progreso y el desarrollo, pero que se traduce realmente en deterioro ecológico e injusticia social.
Un lavado de cara para continuar con un crecimiento exponencial de beneficios que seguirán concentrándose en manos de unos pocos, fagocitando todo lo que se ponga en su camino.