Barcelona capital ‘Mundial de la Alimentación Sostenible en 2021’

  • Barcelona es Capital Mundial de la Alimentación Sostenible en 2021. El ayuntamiento de la Ciudad Condal está implementando las temáticas afines en todas sus áreas a la vez que está difundiendo contenidos cómplices en este aspecto.

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El modelo alimentario basado en la producción agroindustrial intensiva con productos químicos es la causante de numerosos problemas ambientales y sociales en todo el mundo. En un momento como el actual, donde estudios y personas expertas alertan de la gravedad de la emergencia climática y ecológica, es necesario que todo el mundo, desde la ciudadanía hasta las empresas y la Administración pública, apueste de una manera clara para un modelo alimentario sostenible que ponga las personas y el planeta en el centro.

Sostenibilidad

Pero, ¿qué significa una alimentación sostenible? Una alimentación sostenible es la que es buena para las personas, para los territorios y para el planeta. Esta alimentación apuesta por un consumo responsable, que tiene en cuenta la procedencia de los alimentos, su forma de producción y los impactos sociales y ecológicos que genera, que incorpora hábitos saludables, que reduce el desperdicio y la producción de residuos y que permite a las generaciones futuras alimentarse de forma sostenible.

Informarse del origen de los productos, comprar en el comercio de proximidad, elegir productos ecológicos y de comercio justo, apostar por la pesca sostenible, son prácticas que fomentan el consumo responsable y sostenible. A la vez, potenciar dietas diversas, reducir o eliminar alimentos ultraprocesados, escoger carne de ganadería ecológica y de proximidad e, incluso, cultivar los propios alimentos… puede ayudar a establecer una alimentación saludable.

Planificar las compras

Por otra parte, para reducir el desperdicio y la producción de residuos es importante planificar las compras, conservar los alimentos correctamente, reaprovecharlos y reducir los envases. Todas estas prácticas contribuyen a una alimentación sostenible y, por tanto, a una reducción del impacto climático y ecológico, a la promoción de las economías locales y verdes, a revitalizar los vínculos territoriales entre campo y ciudad, a unas relaciones laborales más justas ya una mejora de la salud de la ciudadanía. Por todo ello, es crucial que la alimentación sostenible sea accesible al conjunto de la ciudadanía.

De proximidad, ecológico y de temporada

Para poder tener una alimentación sostenible es necesario, entre otros, poner atención en cuáles son los alimentos que compramos, dónde lo hacemos y cuándo. Los alimentos de kilómetro cero, también llamados "de proximidad" o locales, son los que no tienen que hacer grandes recorridos para llegar a nuestra mesa. Son alimentos que han sido producidos por la agricultura local, cuyo consumo hace de dinamizador de la vida rural y fomenta la soberanía alimentaria en el territorio.

Reducen el impacto climático en relación con el transporte, ya que tienen que recorrer trayectos más pequeños. Los alimentos ecológicos son los que están producidos y elaborados con prácticas que respetan la naturaleza, sin fertilizantes ni pesticidas de síntesis química ni transgénicos.

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Acumulan menos residuos agroquímicos, reducen el impacto climático en relación con el ahorro vinculado a la producción de fertilizantes y, al ser alimentos que provienen de un sistema de producción que cuida de cerrar los ciclos de nutrientes a los suelos y mantenerlo su fertilidad, también contribuyen a mejorar la adaptación y la mitigación de la crisis climática y a combatir la crisis de extinción global. Los productos ecológicos están regulados por normativas muy estrictas y se pueden reconocer por el etiquetado, aunque existen personas productoras que producen alimentos agroecológicos sin el etiquetado y los distribuyen a través de circuitos de confianza.

Los tomates

"En invierno los tomates no valen nada". Esta afirmación sólo la entenderemos cuando tengamos conciencia del calendario y la temporalidad de la producción de los alimentos. Cada alimento necesita unas condiciones climáticas concretas, y no puede crecer en cualquier momento, si no es que creamos artificialmente espacios con las condiciones climáticas adecuadas.

Sin embargo, estas construcciones artificiales a menudo requieren un consumo elevado de energía, que nos podríamos ahorrar si consumiéramos los alimentos en la época que están disponibles. Es una práctica que, además de ser más sostenible, nos permite conocer los ciclos de la naturaleza.

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Ciudadanía concienciada

En los últimos años, y con más notoriedad con la pandemia del Covid-19, se ha dado un incremento de la concienciación y el compromiso de la ciudadanía y las economías locales hacia prácticas más sostenibles y responsables. Ángeles Parra, presidenta de la Asociación Vida Sana, comenta que en los últimos años el crecimiento del consumo ecológico ha sido una tendencia al alza, que la pandemia ha terminado de consolidar. 

Según los datos de la asociación, el perfil de consumidor ecológico está cambiando rápidamente: si antes nos encontrábamos un perfil de entre 35-50 años, ahora ya son los mil·lennials los que ganan terreno, y ya representan el 30% de los consumidores de productos ecológicos. "Una nueva ciudadanía está despertando y exige cambios y compromiso por parte de la industria y de las administraciones. Estamos viviendo el principio de una nueva sociedad, que ve la producción ecológica como algo totalmente imprescindible ", explica Ángeles Parra.

Relocalización de la eco-nomía

Pero no sólo es importante que los alimentos procedan preferiblemente de la agricultura ecológica; la procedencia y la trazabilidad de los productos también influye en su sostenibilidad. Parra también ve una consolidación del consumo local y de proximidad, y eso -dice- es una pieza clave para el desarrollo local rural en nuestro país. "El campo, sin embargo, sigue siendo un gran olvidado de la Administración. Podríamos decir que leyes y políticas continúan apostando, a pesar de todo, por grandes monocultivos y para expulsar a los agricultores de sus campos", critica Ángeles Parra.

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Cambios urgentes

Hemos visto que es muy importante el factor cultural y de compromiso personal con la sostenibilidad ambiental y la salud de la ciudadanía, pero es necesario que se dé, a la vez, un cambio estructural que ponga las necesidades de las personas y el planeta en el centro .

En este sentido, es imprescindible avanzar para que la alimentación sostenible no sea predominante en algunos grupos sociales, sino pueda estar al alcance del conjunto de la ciudadanía. Desde la Asociación Vida Sana creen que los datos confirman que la ciudadanía quiere apostar por este cambio, y que será necesario que las instituciones estén a la altura para hacer que este cambio sea posible y que nadie se quede atrás.

"No hay otra salida, hay que relocalizar la economía, la alimentación, la energía. Tenemos que volver a crear una economía real y de proximidad, alejada de los movimientos especulativos ", concluye Ángeles Parra.

Ajuntament de BCN

Fuente: Vida sana

Comentario/s

  • Evangelina - miércoles 17 marzo 2021

    siempre tan interesante las noticias gracias

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