Comer huevos camperos ayuda al medio ambiente

  • Seguramente jamás te habías planteado que esto pudiera ser verdad, pero un hecho tan aparentemente banal como elegir huevos camperos en tu comercio habitual –ojo, no confundir con huevos de gallinas criadas en suelo- puede hacer mucho más de lo que crees por el planeta

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¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia? La clave está en cómo están producidos unos y otros. Mientras los huevos camperos proceden de explotaciones extensivas, en las que las gallinas pastan en libertad en amplias extensiones de terreno al aire libre (la ley les garantiza 4 m2 de parque verde a cada una de ellas), los llamados huevos de jaula o de suelo proceden de otras gallinas mucho menos afortunadas que permanecen toda su vida encerradas en naves industriales, sin ver en toda su vida la luz del sol ni respirar aire puro. 

A su vez, la diferencia entre unas y otras (jaula y suelo) es que mientras las primeras viven encerradas en jaulas, las segundas pueden moverse dentro de la instalación (si bien con la dificultad propia que entraña, debido a la alta densidad de aves). Es decir, las gallinas de suelo pisan uno de hormigón o cemento, no de tierra o hierba. Pero volvamos al primer modelo, el de la avicultura extensiva de gallinas camperas y veamos por qué es más respetuoso con el medio ambiente. 

Para profundizar en esta cuestión hemos preguntado a la granja decana de huevos camperos de España, los gallegos de Pazo de Vilane, que este año cumplen 25 años de su fundación. Esta explotación extensiva es especialista en huevo campero –sólo produce este tipo- y ha sido abanderada desde sus inicios en bienestar animal y sostenibilidad.

Bienestar para los animales

«El modelo campero, cuando se aplica de forma responsable y consciente, es mucho más beneficioso para las personas y el planeta. En primer lugar para los animales: no tiene comparación la vida de una gallina con acceso diario a pastos verdes, a demanda, con la de otra que vive encerrada en una jaula o en una gran nave toda su vida», apunta Piedad Varela-Portas, socia fundadora y directora de Comunicación y Marketing de Pazo de Vilane.

La sobreexplotación de los recursos preocupa a los consumidores más sostenibles. Y mucho. Las grandes explotaciones avícolas, como el resto de las intensivas ganaderas, son grandes consumidoras de recursos (agua, energía…) y generan cuantiosos residuos que pueden acabar dañando las tierras de cultivo o los acuíferos si no se les da un tratamiento adecuado. 

No así el modelo de producción de huevo campero, particularmente cuando está bien planteado, que reparte las gallinas en pequeñas granjas, en lotes reducidos, en función de la capacidad de las tierras de pasto, de tal forma que los residuos se absorben de forma natural y actúan beneficiosamente como abono.  

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Por otro lado, otra de las claves de la sostenibilidad del huevo campero es su capacidad de nutrición en comparación con otros alimentos procedentes de la agricultura o la ganadería. Es bien sabido que el huevo es un alimento rico en proteínas; sin embargo, pocas veces se destaca que ofrece de las mejores en cuanto a valor biológico; esto es, altamente asimilables por el organismo.
Y es que no todas las proteínas que consumimos –dentro del amplio espectro que podemos elegir, tanto animales como vegetales- son igual de útiles para nuestro organismo. 

Muchos beneficios a cambio de pocos recursos

Además, el huevo es un alimento proteico (y riquísimo en vitaminas, minerales, aminoácidos, antioxidantes…) que consume muchos menos recursos para ser producido que otros similares, como las carnes o los pescados de acuicultura. 

De hecho, en muchas comunidades en vías de desarrollo, donde se están tratando de implementar los modelos de granjas o cultivos autosuficientes, las gallinas y sus huevos camperos juegan un papel fundamental. Una docena de gallinas proveen de suficientes proteínas a una familia media y además limpian los terrenos de semillas, malas hierbas, rebrotes, moluscos, plagas de insectos, hormigas, termitas, etc., por lo que ayudan a evitar los pesticidas químicos. 

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Naturalmente, el modelo de producción de huevo campero (no industrial y extensivo en mano de obra) acarrea unos costes más elevados y, en consecuencia, un mayor precio, pero los beneficios superan con mucho este pequeño sobrecoste, sobre todo si tenemos en cuenta el mejor sabor y riqueza nutritiva del huevo obtenido. Por eso es fácil concluir que un gesto sencillo y que apenas eleva unos céntimos la cesta de la compra puede significar un gran avance para nuestro mundo.

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