Comer se está haciendo peligroso

  • ¿Por qué cada vez que compramos un alimento lo miramos con mayor desconfianza? Nunca antes en la historia de la Humanidad había existido un sistema de control sanitario y de calidad más estricto. Nunca antes se tenía la seguridad de su trazabilidad, su viaje comercial desde el lugar de producción al de consumo. Nunca antes todos estos certificados, normas, leyes y análisis se habían universalizado, globalizado. Y nunca antes habíamos tenido tanto miedo con lo que comemos.

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¿A qué se ha debido este cambio de actitud? Sin duda se trata de una reacción natural, instintiva, ante los efectos de lo desconocido. Porque también nunca antes la comida había dejado de ser un producto biológico natural para convertirse en un compuesto químico o transgénico de dudosos límites industriales. Ya no nos fiamos de adjetivos publicitarios tan manidos como artesanal, “de la abuela”, casero o tradicional empleados en productos repletos de aditivos, conservantes, colorantes, potenciadores y reductores. Desconfianza lógica pues somos conscientes de su falsedad. Nada es lo que parece. Ni las manzanas están tan sanas como manzanas ni blanco y en botella significa necesariamente leche.

Y así estamos todos (o casi todos) neuróticos, releyendo varias veces las etiquetas de todo lo que compramos, valorando su sustentabilidad, su procedencia, su sinceridad. No sé ustedes, pero la compra diaria se ha convertido para mí en un terrible ejercicio de concentración y difícil equilibrio entre lo que quiero comprar, lo que debo comprar y lo que puedo comprar.

La solución está en la pequeña agricultura agroecológica de cercanía, en los grupos de consumo, en la apuesta por los productos locales, los ecológicos y los tradicionales. La única certificación seria para lograr una alimentación sana, justa y de calidad.

http://www.agendaviva.com/ Por César-Javier Palacios - ECOticias.com

Comentario/s

  • Mar benito Barrero - jueves 26 enero 2012

    interesante e inquitante artículo. que pena que nos volvamos neuróticos leyendo cualquier aspecto sanitario de los productos que comemos para asegurarnos de su buen estado y, por otro lado, que hayamos perdido el valorar la comida (por ejemplo, la fruta) por sus aromas, colores o texturas. una pena.

  • Josep maria felip - jueves 19 enero 2012

    yo hace ya varios meses que me pasé al consumo de cercanía. voy una vez por semana a un payés que está a no más de 5 km y vende lo que produce. todo está cultivado biodinámicamente y de forma sostenible. sin pesticidas y sin transgénicos, por supuesto. las lechugas acabadas de coger, al igual que las coles y zanahorias, manzanas y calabacines. bueno, todo según la temporada y con total confianza. incluso ahora he descubierto acelgas rojas, o una antigua variedad de col de cono, deliciosa, por cierto. ah, y los huevos, recien cogidos de las gallinas que tienen por la finca. como resultado, genero muchísimos menos residuos, tan sólo 2 ó 3 cajas de madera, gasto menos gasolina y por tanto emito menos co2, le pago un precio justo y digno al productor, sin intermediarios, y beneficia mi salud. al ir menos veces a un gran centro comercial ya no compro cosas extras con lo que mi consumo global ha disminuido. en fin, yo sólo veo ventajas, y animo a todo aquel que pueda que haga el cambio. todos lo notaremos :)

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