La fiesta mayor de ‘Cunit’ acaba con una perrita muerta

  • El Ayuntamiento no había dado aviso de la ráfaga de petardos que se iba a realizar a pocos metros de una zona de viviendas y el animal sufrió un infarto.

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El pasado fin de semana, la pirotecnia se ha cobrado otra víctima mortal en Catalunya. En este caso la de una perrita adoptada hace 6 años, que vivía con su familia en Cunit. El animal falleció solo en su casa, al no haber avisado el Ayuntamiento que se iban a realizar ráfagas de fuegos artificiales en esa zona tan cerca de las casas.

A continuación, compartimos la carta que la compañera humana de Licia, así se llamaba la perrita, ha hecho llegar al Ayuntamiento y que esperamos pueda dar a entender a todas las administraciones que aún se resisten a encontrar alternativas éticas a los petardos tradicionales, las graves consecuencias que pueden tener sus decisiones.

Desde FAADA... ¡muchísimo ánimo a toda la familia de Licia!

Carta al Ayuntamiento

Buenos días,

Desde hace 2,5 años vivo en Plademar, con mi pareja, 2 hijos, 2 gatos y 2 perros, censados, castrados e identificados.
En realidad, ya sólo nos queda 1 perro. El pasado sábado por la noche, nuestra perra Licia, murió debido a la traca final de fuegos artificiales que se hizo en la zona.

Agradecemos que el Ayuntamiento quiera alegrar a la ciudadanía, después de tantos meses de pandemia, con fiestas y toda una serie de actividades este verano. Pero una ráfaga de fuegos artificiales de este tipo no era necesaria para alegrar a la gente. Hay miles de alternativas. Hace ya mucho tiempo que colectivos animalistas, ecologistas y también grupos de apoyo a personas con necesidades especiales, piden a los gobiernos que se deje de utilizar pirotecnia sonora. Hay alternativas silenciosas. Los efectos que la pirotecnia tradicional tiene sobre personas, animales y medio ambiente en general son horribles.

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Y yo lo he vivido de primera mano este fin de semana, con mi familia. Nadie, ni siquiera los que estaban informados del programa de las fiestas, tenían conocimiento de donde se harían los fuegos artificiales. Ningún vecino de la zona era consciente de que al lado de casa se produciría por la noche del sábado un estruendo así. No estábamos avisados, y no nos pudimos preparar.

Nosotros esa noche habíamos salido a ver las paradas en la playa, fuimos caminando, no queremos utilizar el coche si no es necesario. Cuando escuchamos que había fuegos artificiales enseguida pensamos en nuestras dos perras, que se asustan muchos con estas cosas, como la mayoría de animales. Cada año, en los alrededores de San Juan, nos vamos de Cataluña para evitar que sufran las consecuencias de esta fiesta sin sentido ni control.

Los fuegos duraron poco en la playa, pero no sabíamos que, justo después, y justo al lado de nuestra casa, se produciría un “bombardeo” así. Volvimos a casa alrededor de 1 hora después de los fuegos. Y nos encontramos una de las perras muerta. De hecho, la encontró mi hija de 9 años al entrar en el comedor. Un espectáculo: la perra metida entre los barrotes de la escalera, rodeada de cacas y babas.

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Mis intentos de reanimarla no sirvieron de nada, de hecho, enseguida el rigor mortis que empieza por las patas de atrás me hicieron entender de que el animal llevaba muerto desde los fuegos. Mi hijo de 4 años lloraba desconsolado diciendo "Malditos petardos". Llevamos todo el fin de semana dándole vueltas, qué podríamos haber hecho mejor nosotros para evitar esto... estar en casa tal vez. No sabemos si le habría dado este ataque igualmente estando en casa nosotros, los vecinos y vecinas nos cuentan que sus perros también estuvieron a punto de sufrir un infarto porque el “bombardeo” sonaba como si los petardos estuvieran dentro de las mismas casas.

Pero por lo menos, Licia no habría muerto aterrorizada y sola. Si al menos nos hubieran avisado a los vecinos y vecinas de que aquella noche a esa hora se realizaría una ráfaga de petardos tan cerca, seguramente nos habríamos marchado a Aragón o a Francia, o nos hubiéramos quedado en casa con la música bien fuerte y abrazando nuestras perras.

Deseamos que el Ayuntamiento de Cunit, y de tantos otros lugares, den el paso de una vez y busquen alternativas. Como mínimo, si no hay todavía suficiente valentía para enfrentarse a los que tachan de animalistas locas a las personas que empatizan con los animales, se podría por lo menos informar a la ciudadanía de los decibelios a los que llegarán los petardos en sus vecindarios, o poner avisos en las calles antes del evento.

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Ya no hay nada que podamos hacer por Licia, seguramente en estos instantes la estén incinerando (la tuvimos que llevar esa misma noche a una clínica de Calafell para dejar su cuerpo inerte)... pero aún se puede respetar la vida del resto de ciudadanas y animales de la ciudad.

Fuente: Faada

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