La neutralidad de carbono para mediados del siglo XXI, y estas son las ‘trampas’ de las Corporaciones

  • Según la comunidad científica que asesora a Naciones Unidas en materia de Cambio Climático, la humanidad necesita alcanzar la neutralidad de carbono para mediados del siglo XXI.

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La próxima década decisiva, diez años en los que se “necesitan transiciones rápidas y de gran alcance” en los sectores de usos del suelo, energía, industria, edificación, transporte y ciudades. Por este motivo, el gran esfuerzo en la descarbonización de la economía no puede aplazarse hasta 2030 o 2040.

Es ahora o nunca.

Pero una gran parte del tejido empresarial no quiere oír hablar de cambios estructurales, de cambios de modelo, de revisión de la cadenas de valor o de la forma en que nos movemos.

Para indagar sobre la irresponsable respuesta de algunos sectores, en Greenpeace España hemos analizado las diferentes estrategias de lucha contra el cambio climático y alineamiento con los compromisos del Acuerdo de París por parte de un grupo de 10 empresas españolas “marca españa” pertenecientes a muy diferentes sectores económicos: financiero, aviación, energía y electricidad, agroalimentario, gestión de residuos y deportes.

¿Y qué hemos encontrado? Pues que estas empresas están eludiendo los cambios sistémicos necesarios para reducir las emisiones brutas de gases de efecto invernadero, a la vez que elaborando una potente narrativa que bajo el eslogan de “cero emisiones netas en 2050” tiene como objetivo mantener el modus operandi, el actual modelo económico, las mismas cadenas de valor y los mismos patrones de transporte, consumo y derroche de recursos. Estas falsas soluciones son:

  1. Practicar el buenismo corporativo. Firmar, suscribir y adherirse a pactos, principios y estándares voluntarios, pero sin medir los progresos ni cambiar las prácticas empresariales. Ponerse medallas y construir un relato (falso) sobre la preocupación de la empresa por el planeta o los derechos humanos.
  2. Apelar a la neutralidad tecnológica. Propagar la teoría según la cual todas las tecnologías sirven para luchar contra el cambio climático y todas tienen que ser tratadas en igualdad de condiciones en la regulación y en el reparto de fondos económicos, sin criterios discriminatorios, incluso aunque sean importantes fuentes de gases de efecto invernadero o sean peligrosas.
  3. Usar y abusar de los prefijos eco y bio, o el adjetivo verde, en productos y servicios, con objeto de confundir al consumidor. Generar publicidad engañosa en materia de emisiones o de cambio climático desoyendo los códigos deontológicos y las recomendaciones en materia de comunicación y publicidad, para seguir engañando a la sociedad.
  4. Trucar la contabilidad de emisiones de gases de efecto invernadero o realizar un cálculo incompleto de la huella de carbono para esconder las emisiones procedentes de toda la cadena de valor, de las largas cadenas de suministro o de la cartera de inversiones y préstamos en el caso de las entidades financieras.
  5. Comprar energía con certificado verde con el objetivo de “compensar” las emisiones contaminantes y evitar, así, avances en eficiencia, cambios y reducciones brutas. Propagar la mentira de que la compra de energía “verde” permite avances reales en la producción de energías renovables.
  6. Plantar árboles para no cambiar el modus operandi empresarial y desoír a la comunidad científica que cuestiona la capacidad de muchas regiones de albergar más árboles o los cambios que se están produciendo en los bosques como efecto del cambio climático.
  7. Generar falsas expectativas con la captura y almacenamiento de carbono y posponer la descarbonización para cuando la tecnología esté disponible de manera comercial (no antes de 2040). Seguir extrayendo gas y petróleo mientras se investiga en tecnologías cuyo desarrollo y viabilidad económica están todavía por demostrar.

Está claro que la intención de algunos sectores económicos y modelos de negocio es mantener el business as usual mientras simulan abrazar el discurso de la descarbonización.

Lo que está en juego es el mismo objetivo del Acuerdo de París. Si no se pone freno a estas estrategias empresariales corremos el riesgo de perder una década clave en la lucha para mantener la temperatura media del planeta por debajo del 1,5 ºC.

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Fuente: Greenpeace

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