Una dieta climática para enfriar el planeta en 2030

  • Ponemos de manifiesto que la producción y consumo de productos de origen animal supone el 45% de la huella climática del sistema agroalimentario en España.

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  • Lanzamos un informe donde se evidencia que desde el punto de vista climático es más eficiente una dieta que contemple la reducción del consumo de carne, combinada con la sustitución de la producción de carne industrial por otra de ganadería extensiva.
  • El consumo de carne actual en España, 52,3 kg por habitante al año, resulta insostenible desde el punto de vista del medio ambiente y de la salud. Para 2030 se debe reducir su consumo hasta un máximo de 21 kg al año.

Desde Amigos de la Tierra hacemos público el Informe “La producción y consumo de carne a debate” en el que visibilizamos los principales impactos climáticos, medioambientales, sociales y de salud del modelo dominante de producción y consumo de carne en España, y destacamos la necesidad de promover una dieta climática que tenga en cuenta estos impactos y los minimice. Con este documento buscamos dar respuestas para alcanzar un modelo alimentario más justo, saludable y sostenible.

Ante un escenario de crisis ecosocial, planteamos una dieta climática para 2030, basada también en recomendaciones nutricionales, que implique la reducción del consumo de carne en un 60% respecto al consumo actual, con una producción que provenga de una ganadería extensiva, ecológica y ligada al territorio. En este aspecto es prioritario aumentar el consumo de legumbres y cereales, fuentes de proteína vegetal, que junto con las verduras, hortalizas y frutas locales y de temporada deben ser la base de la dieta habitual para cumplir con criterios de respeto al medio ambiente y a la salud de las personas.

En la publicación señalamos que la producción y consumo de productos de origen animal suponen el 45% de la huella climática del sistema agroalimentario en España. En concreto, 1,57 toneladas de CO2 equivalente por persona al año. Es especialmente significativa la producción industrial de carne, principalmente de aves y cerdo, por su importante huella de carbono asociada al consumo de piensos, a la vez que por ser un importante vector en la degradación del medio ambiente en España.

Desde el punto de vista de la emergencia climática actual, el estudio demuestra que es más eficiente una estrategia de reducción del consumo de carne, combinada con la sustitución de la producción de carne industrial por otra de ganadería extensiva. En el caso concreto del cerdo, se observa que esta estrategia combinada supondría hasta un 60% menos de emisiones netas generadas por persona al año, que únicamente reduciendo su consumo.

En nuestro análisis exponemos que el consumo de carne actual en España, 52,3 kg por habitante al año, es insostenible para el medio ambiente y la salud, así como para alimentar a la población mundial. Así, y siempre teniendo en cuenta las recomendaciones nutricionales internacionales, sostenemos que se consuman 21 kg de carne al año. Y apuntamos que el consumo de carne roja no debe superar los 10kg por persona al año, frente a los 20,78 kg actuales.

Otro de los puntos a destacar es el consumo de carne procesada, el cual puede ser una grave amenaza para la salud y el clima. Además de ser clasificada como cancerígena por la OMS, la carne procesada es un vector de deforestación y aumento del cambio climático. En concreto la carne procesada de vacuno está bajo sospecha en España por ser potencialmente causante de la deforestación en la Amazonia. 

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Y es que debido a las laxas normas de control y al riesgo de tratados comerciales como el de la Unión Europea y Mercosur, se pierde fácilmente la pista a las importaciones brasileñas en la cadena alimentaria. Por su parte, la carne procesada de cerdo y aves también está bajo la lupa como causante de deforestación: el 95% de su producción en España proviene de explotaciones industriales, enormemente dependientes de soja y maíz transgénicos, cuya producción ha conllevado la pérdida de millones de hectáreas de bosques, sabanas y pastizales en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

El estudio recuerda que, según Naciones Unidas, los costes sanitarios relacionados con la dieta en 2030 tendrán un impacto económico de 1,3 billones de dólares al año, asociados a los costes de atención sanitaria, bajas por enfermedad y costes de “cuidados”. El cambio de patrones nutricionales hacia dietas flexivegetarianas y con una mayor presencia de proteína vegetal puede suponer una reducción de la mortalidad mundial en más de 12 millones al año.

“Desde Amigos de la Tierra reivindicamos una reducción del consumo de carne y un cambio del modelo industrial de producción de carne por la apuesta por la ganadería extensiva, ecológica y ligada al territorio. Las políticas públicas deben ir encaminadas a posibilitar esta transición agroecológica, por el clima, por el medio ambiente y por la salud de las personas”, sostiene Andrés Muñoz, responsable de Soberanía Alimentaria de la asociación.

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Fuente: Tierra

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