Cambio climático: aumenta la tendencia a la sequía

  • En un nuevo estudio publicado en ‘Science’, los científicos advierten que los ecosistemas no responden de forma lineal cuando se deben enfrentar a un aumento de la aridez, de hecho, un pequeño cambio en el nivel de la sequedad conducirá en ciertos momentos y circunstancias, a que se produzcan importantes y radicales cambios en los ecosistemas.

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Un consorcio internacional de investigadores demostró por primera vez, que el aumento de la aridez global que se produce a causa del cambio climático, provoca cambios abruptos en el funcionamiento de los ecosistemas de las tierras secas.

La vegetación siempre sufre

La aridez es un índice que mide entre 0 y 1, la relación que hay entre la lluvia y la evapotranspiración, reflejada en la demanda de agua que experimentan las plantas. Los ambientes áridos superan los 0,6, que es lo que experimentan a día de hoy las plantas que viven en el sur de España y Francia, en las estepas (como es el caso de la Patagonia) o en las sabanas africanas

El estudio contabilizó datos mundiales sobre la respuesta de los ecosistemas a la aridez, valorando veinte atributos, como las respuestas ecofisiológicas de las plantas, la biomasa que producen cada año, la medición de la fotosíntesis, el estado físico de suelos, la relación que hay entre la biodiversidad de patógenos y microbios en las raíces y micorrizos, la abundancia, etc.

Los tres umbrales de la aridez

La vegetación al pasar de ser templada a mediterránea tiene un proceso de adaptación exitoso, porque se limitan a minimizar el tamaño de las hojas y maximizan la capacidad fotosintética bajo estrés hídrico. El problema es que dicha estrategia de reducción del área foliar tiene cierto límite ecofisiológico, que se manifiesta cuando se alcanza el primer umbral.

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Esto se traduce en un fuerte descenso de la producción agrícola, porque es el momento a partir del cual las plantas se ven realmente limitadas por la falta de agua, ya que las hojas ya no pueden empequeñecer más. Este tipo de vegetación se puede observar en los paisajes de estepa africana y en el sur de España.

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Esta aridez es el límite del segundo umbral, que implica múltiples cambios en una importante cantidad de variables. Se observa una pérdida de la capacidad de agregación del suelo, una disminución de la fertilidad, un aumento de la sensibilidad a la erosión, la desaparición de microorganismos beneficiosos para las plantas, al tiempo que se multiplican los agentes patógenos y una disminución de la materia orgánica en los sustratos.

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Cuando se alcanza este límite en la aridez se llega a la tercera fase, el último umbral, en el que se produce el colapso del ecosistema. Desaparece por completo la cobertura vegetal y el microbiota asociado, los suelos se mineralizan por completo como respuesta al aumento del albedo y se desemboca en la desertificación completa.

El futuro será muy seco

Sobre la base de este descubrimiento, los investigadores prevén que las consecuencias del aumento o el estancamiento de la emisión de gases de efecto invernadero, que hará que en 2100 se pueda experimentar un aumento de la temperatura global de 5ºC, desembocará en un escenario trágico y seco, con cambios drásticos en la vegetación y el paisaje, con áreas cuya vulnerabilidad a la sequía se verá incrementada de forma alarmante.

Los científicos advierten que la zona de África subtropical, gran parte de Asia y especialmente la cuenca mediterránea son las que más sufrirán este tipo de situaciones extremas. Aunque predicen que, en este escenario, el 20% de cualquier superficie terrestre puede llegar a cruzar al menos uno de estos tres umbrales, de aquí a unos pocos años.

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