COP26: mucho ruido, algunas sorpresas y cambios mínimos

  • La COP26 ha terminado el sábado 13/11 y solo ha servido para crear expectativas mediáticas, generar enormes gastos económicos y climáticos y demostrar una vez más, que los países poderosos ‘mandan’ y los pobres se resignan.

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Durante 12 días los representantes de 200 naciones del planeta se reunieron en la ciudad de Glasgow, con el objetivo de aunar fuerzas para detener el cambio climático.

Pero otra vez más no pudo ser. Llegado el último día, aún hubo que recurrir a una prórroga, porque no había el acuerdo unánime requerido y finalmente el texto final deja dos sorpresas (que tampoco cambian nada), unos cambios mínimos y mucha palabrería insustancial.

El carbón: pudiendo y NO

Una de las sorpresas es que por primera vez en la historia de las Cumbres Climáticas se plasma en el texto el tema del carbón (solo del carbón, al gas natural y al petróleo no hay ni media alusión). En los primeros borradores se insistía en que había que ‘acabar’ con el carbón, pero tras las presiones de China e India, se acabó modificando el término y solo se pide una ‘reducción’.

Este pacto podría haber sido el camino de salida hacia una descarbonización sostenible, planificada y global y es simplemente un llamado a la reducción, sin metas ni acuerdos vinculantes, por lo que prácticamente nada cambiará, pero al menos se reconoce el problema, dicen los más optimistas.

La temperatura: 1.5ºC

La decisión final de la COP26 se reafirma en la necesidad de limitar el calentamiento global a menos de 2ºC y en lo posible, solo llegar hasta 1.5ºC respecto a las temperaturas anteriores a la época industrial. Por primera hay una meta de disminución: el 45%, pero solo para el CO2, para el resto de los gases (muchos de los cuales son inmensamente peores para el efecto invernadero) se pide que se hagan ‘esfuerzos de reducción’.

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Lo preocupante es que, según la última estimación que publicó el PNUMA, si todos los países que han firmado este Pacto, cumplieran en su totalidad con sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, es decir los planes de acción climática con vistas a 2030 a los que se comprometieron en el correr de la misma Cumbre, el calentamiento global para 2100 sería de 2.7ºC. Absurdo, pero cierto.

Muchos pactos y declaraciones

Como sucede en todos estos eventos, hay reuniones y conversaciones entre países que buscan objetivos comunes, en el caso de China pactó con India para que no se combatiera abiertamente el carbón, pero antes de eso había hecho una declaración conjunta con EEUU, comprometiéndose ambas naciones a ‘hacer más’ para vencer la crisis climática.

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La conclusión general es que el texto es bastante ‘flojo’ y la mayoría de los compromisos tanto dentro del pacto’ como de cara al público (con grandes conferencias de prensa, fotos con caras entre preocupadas y sonrientes y mucho marketing) no son vinculantes, ni tienen metas concretas, cifras o un plan de desarrollo de soluciones fiable y sostenible, por lo que se prevé que no servirán para nada.

Un final ‘no feliz’

EEUU y la Unión Europea (responsables casi del 50% de la emisión global de gases de efecto invernadero) se han significado como los ‘malos’ del cuento, al negarse rotundamente a ayudar a los países más pobres a paliar las consecuencias de los eventos climáticos extremos, que los científicos han dejado claro que son consecuencia directa y forzosa del cambio climático.ç

El propio presidente de la Cumbre, Alok Sharma no pudo contener las lágrimas cuando hizo su discurso final, consciente de que se había perdido una oportunidad única para acabar con los combustibles fósiles. Tampoco se buscó ayudar a las naciones más desfavorecidas, ni se tomaron medidas reales para cambiar algo. Fue la crónica de otro fracaso climático anunciado. Y los que quedan.

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