La singularidad ambiental de Gogorrón y la Sierra de San Miguelito

Cerca de la capital de San Luis Potosí, en la zona centro del estado, se encuentra el área natural protegida de Gogorrón, considerada Parque Nacional desde 1936, cercano a un ejido que desde 1996 ha sido declarado también como área natural protegida.

El macizo montañoso en que las áreas se encuentran cuenta con presencia de bosques de pino y encino, además de ubicarse en el semidesierto de una región que vuelve impactante la existencia de un bosque que se sostiene por la presencia de adaptaciones ambientales fascinantes. Pero aunado a la singularidad ecológica, ambiental y geológica de la sierra en que se encuentran las áreas protegidas, también están el riesgo y las amenazas que el crecimiento urbano e industrial de la capital potosina ciernen sobre ella.

La singularidad ambiental de Gogorrón y la Sierra de San Miguelito

Un área natural protegida desde 1936

La historia del Parque Nacional Gogorrón es rastreable hasta el siglo XVII con la historia de las múltiples haciendas que se instauraron en las regiones cercanas a las minas de explotación de minerales y a las rutas de comercio que conectaban los poblados mineros más ricos de la Nueva España.

Con el objetivo de detener los daños que las actividades hacendarias habían provocado, además de un grado sutil de pasión por las leyendas que las aguas termales del Pozo del Carmen estaban ocasionando entre los extranjeros, el presidente Lázaro Cárdenas emitió un decreto de protección de Gogorrón como Parque Nacional el 22 de septiembre de 1936.

“Lo crean entonces para conservar las aguas termales y los bosques, pero también por una finalidad que hoy es algo extraña para un parque nacional: se creó formalmente con la intención de mejorar las condiciones de vida de los pobladores a través de los cultivos, el mantenimiento de los árboles frutales, de la mejora genética del ganado y para la conservación a perpetuidad de los bosques”, revela en entrevista el biólogo Ángel Frías García, director del Parque Nacional desde hace un par de años.

El concepto de un área de protección de flora y fauna se parece más a los objetivos que se le quisieron dar a Gogorrón en esos años, por la cuestión de la convivencia con la naturaleza y la forma de uso de los recursos naturales.

La finalidad con que fue creado el parque es un tanto extraña considerando la carga teórica original del concepto de “parque nacional” originado en Estados Unidos de Norteamérica, en el cual la recreación de la población es el valor fundamental para establecer un área bajo esa categoría.

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“Fue una visión a futuro, porque buscaba conservar la naturaleza a través de la obtención de un beneficio para la gente ya que un parque natural debe tener paisajes hermosos desde el punto de vista estético y ambiental, o fenómenos faunísticos y geológicos destacables que permitan a la población su disfrute y recreación”.

Lo interesante es que las definiciones conceptuales de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, existente desde el gobierno de Miguel de la Madrid, establecen que las áreas naturales protegidas pueden caer en distintas categorías como santuarios, parques nacionales, reservas de la biósfera, monumentos naturales, parques marinos, áreas de protección de recursos y de flora y fauna, parques urbanos o zonas sujetas a protección ecológica.

“Por ejemplo, el concepto de un área de protección de flora y fauna se parece más a los objetivos que se le quisieron dar a Gogorrón en esos años, por la cuestión de la convivencia con la naturaleza y la forma de uso de los recursos naturales. Pero la ideal para los términos planteados es el concepto de 'reserva de la biósfera', como lo es la Sierra del Abra Tanchipa. Gogorrón en su origen tuvo esa tendencia de reserva de la biósfera, pero en su tiempo no existía el concepto”, continúa el biólogo.

Gogorrón no fue el primer parque nacional pero sí fue característica la motivación que le dio origen, como sus aguas termales que a principios de siglo se creía que tenían propiedades curativas.

“Luego, su existencia también se vuelve relevante por las áreas que abarca de la Sierra de San Miguelito, porque son áreas importantes para la captación de agua para la recarga del acuífero que compartimos con Guanajuato. Se creó con el propósito de tener un oasis en el desierto para los habitantes de San Luis Potosí y para que tuvieran un lugar donde ir a recrearse”.

Sin embargo, la protección del área se ha vuelto una tarea cada vez más complicada a partir de las problemáticas que en los últimos años se han dado a partir del crecimiento desordenado de la ciudad capital.

“Las afectaciones han venido en los últimos tres años, con el crecimiento de la zona industrial. Antes de este tiempo, Villa de Reyes, por ejemplo, había crecido conforme a su propia capacidad. Pero de unos tres años para acá, la presión ha venido del exterior con la llegada de las industrias. Entonces los ambientes rurales que había entre la ciudad de San Luis y el área protegida amortiguaban ese impacto. Pero el crecimiento industrial está haciendo que esa zona de amortiguamiento para el parque desaparezca”, opina con una preocupación notable.

Una singularidad ambiental y sus problemáticas

“La cuestión con la Sierra de San Miguelito y el área natural protegida del Parque Nacional Gogorrón es difícil. Esta declaratoria fue hace más de ochenta años. Y uno de los grandes problemas que enfrentó el parque fue que sus límites no quedaron bien georreferenciados hasta épocas recientes. Entonces sucede que cada administración toma esos contornos a su gusto, por decirlo de alguna manera, y eso genera un impacto porque se aprueban actividades en sus inmediaciones que no deberían ser permitidas”, afirma el geólogo Marco Antonio Rojas Beltrán, del Instituto de Geología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

En entrevista, el especialista en petrografía comenta que el parque nacional abarca una parte importante de la Sierra de San Miguelito, una formación montañosa inserta en el Campo Volcánico de San Luis Potosí, y que en la academia se conoce técnicamente como Complejo Volcánico de la Sierra de San Miguelito, surgida durante el periodo geológico conocido como Paleógeno.

Esto significa que la sierra como complejo volcánico se formó hace unos treinta millones de años y que presenta una unidad estructural compuesta por unidades de roca diferenciables y que han sido cartografiadas por personal del Instituto de Geología de la UASLP. En ese sentido, no hay una diferencia estructural geológica entre lo que hay dentro del Parque Nacional de Gogorrón y el resto de la sierra, pero que sí es singular en términos geológicos.

“Los recursos que hay ahí no tienen interés en términos de minería metálica, como en Cerro de San Pedro. Tienen interés en el caso de minerales no metálicos, como las canteras. Pero para este caso, si tampoco se regula la actividad de extracción de cantera, eventualmente se puede generar una presión sobre los recursos porque las canteras, al igual que la minería metálica, se presentan en bancos de material cuya explotación puede llegar a degradar el paisaje”, opina el investigador.

Para el doctor José Tulio Arredondo Moreno, del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt), la sierra cobra importancia en tanto forma parte de un conjunto de sierras aisladas ubicadas en el centro de México, cuya composición impermeable, resultado de su origen volcánico, y su papel mínimo en la recarga significativa de los acuíferos del valle deben tomarse en cuenta.

Pero como científico especialista en ecología y en manejo de biomas en peligro de extinción como los pastizales, lo que debiera llamar más la atención no solo de Gogorrón sino de la sierra en su totalidad, es la singularidad que ofrece de ser el recipiente de bosques en suelos de roca, algo que considera bastante extraordinario.

“En la sierra no hay suelo profundo y hay un clima semiárido. El poco suelo que hay es una capa orgánica compuesta por el material de la misma sierra, con veinte centímetros de profundidad. Y luego tenemos toda la riolita fracturada que penetra hasta setenta centímetros de profundidad”, explica el investigador.

“Sin embargo, hacia el norte de la sierra está el área de matorrales desérticos del altiplano y hacia el sur uno de los últimos remanentes de pastizal de clima semiárido. La sierra está en medio de dos biomas de clima semiárido, y el paraguas climático no explica la presencia de un bosque como el que hay ahí”.

Al entrar a estudiar el bosque desde aspectos hidrológicos con un equipo de investigadores, se vieron cosas inusuales que les hicieron plantearse por qué hay un bosque en donde no debería haberlo.

“Apoyándonos en estudios geofísicos, encontramos que parte del agua que cae se percola en las fracturas de riolita, y una de las dos especies de encino que hay aquí, Quercus potosina, puede penetrar esas fisuras y capturar esa agua”.

Sobre estos mecanismos geoecohidrológicos, el investigador menciona que incluso la otra variedad de pino piñonero que se encuentra en la sierra, Pinus cembroides, también es capaz de aprovechar el agua que el encino deposita en la superficie a través de las fracturas en la dura roca volcánica, mediante un proceso conocido como levantamiento hidráulico.

“Son mecanismos muy interesantes de las adaptaciones morfológicas de las raíces, o adaptaciones anatómicas. Por ejemplo, el encino tiene una especie de cristales en las raíces que el pino no posee, y que le permiten entrar a las fracturas e ir abriendo la roca”, declara el especialista en ecohidrología y biogeociencias.

Sin embargo, la situación de investigación en la sierra se puso bastante difícil al grado de suspender las incursiones con el fin de garantizar la integridad vital de su equipo y estudiantes. Esto a causa de los muchos intereses privados y empresariales que existen ejerciendo presión a las autoridades para urbanizar áreas enormes dentro de la sierra. Una situación en la que por años el investigador ha visto que incluso las leyes no parecen ayudar.

“Por ejemplo, la nueva Ley de Biodiversidad permite a las compañías mineras meterse incluso a propiedad privada sin permiso. Es como si estas áreas naturales no lo fueran en realidad. Suena como una terminología vacía desde la aprobación de esta ley que básicamente entrega los recursos naturales a quien quiera”, opina el investigador.

Acción civil y académica para la conservación ambiental

“Después de muchos años de andar en la sierra, decidí con un primo y otros compañeros fundar una asociación en 2004 cuyo objetivo es crear un área natural protegida en lo que es todo el macizo montañoso de la Sierra de San Miguelito, que incluya el área natural protegida de Gogorrón”, declara el ingeniero Edgardo de los Santos Cázares, actual presidente del Grupo Sierra de San Miguelito.

Durante años, el activista aliado con investigadores como el doctor Tulio Arredondo, del Ipicyt, ha permanecido en una lucha constante junto a académicos y sociedad civil por proponer que la sierra en su totalidad sea declarada área natural protegida.

Para esto se vale no solo de la poca diferenciación que hay en términos forestales, geológicos y de recursos que apuntan los investigadores como el doctor Tulio Arredondo y el geólogo Marco Rojas, de la UASLP, sino además por la presencia que existe en la sierra de especies en riesgo como el águila real, monitoreada por el biólogo Ángel Frías, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

Como una forma de adelantarse al inminente crecimiento urbano de la capital, el trabajo de conservación del grupo se ha apoyado del proyecto de Área Prioritaria de Conservación que se propuso por iniciativa gubernamental durante el mandato de Horacio Sánchez Unzueta, que en un principio solo culminó con la declaratoria de área natural protegida de las mil 200 hectáreas que componen un ejido llamado San Juan de Guadalupe, dentro de la Sierra de San Miguelito, la cual se divide en catorce ejidos repartidos en cuatro municipios que incluyen el Parque Nacional Gogorrón.

Sin embargo, tras años de diálogos con ejidatarios y comunidades que han apoyado la propuesta, la voluntad política de los gobiernos recientes ha impedido que avance la iniciativa la cual se encuentra “congelada” al momento. Una situación inquietante ante las presiones que desarrolladores urbanos ejercen sobre comunidades para agilizar obras de construcción en las inmediaciones de la sierra y del área natural protegida.

“El verdadero problema no es el desarrollo sino el urbanismo, ya que con esto todos los escurrimientos naturales de agua que tiene la sierra quedarán inutilizados. Recursos que en el futuro pueden ser útiles para los habitantes si el agua de San Luis se llegase a terminar por su canalización para actividades industriales”, afirma el ingeniero.

Para él, el problema puede terminar en un desastre ambiental que puede afectar a la población a largo plazo, y en la que no se piensa por la presión ejercida sobre los recursos que se tienen tan cerca de la capital, sean forestales, geológicos y faunísticos, que pueden causar una degradación paisajística que ya es notable.

“La presión que hay sobre los recursos es indudable, y como consecuencia tenemos efectos como los que ocurren cuando llueve. Hay muy poco suelo en las estribaciones de la sierra que permiten que se filtre el agua en las fracturas naturales, pero si se urbaniza y se pavimenta, ya no se absorberá nada. Entonces tenemos fenómenos bastante recurrentes en cada temporada de lluvias cuando hay inundaciones fuertes que generan problemas”, afirma el geólogo Marco Rojas.

Para el director del Parque Nacional, la situación con el crecimiento desmesurado de la zona industrial y los fraccionamientos circundantes como alternativas estratégicas para canalizar mano de obra a las empresas, son solo una prueba más que anuncian los problemas que enfrenta el parque para evitar el fraccionamiento de tierras dentro de sus límites.

“El agua es el recurso más valioso, porque aquí, si no cuidamos la sierra, se va a convertir en un área de matanzas como lo vemos en otros lugares. Y es lo que nadie está viendo ahí en San Miguelito. Todo lo que capta esa sierra y todo lo que retiene y lo que posibilita la infiltración de agua, todo eso no lo quieren ver”, afirma el biólogo para quien exigir el derecho al agua y a la naturaleza es el argumento que nos queda como sociedad para conservar la región.

Para el doctor Tulio Arredondo, quien concibe la urbanización desordenada como la principal amenaza, comenta que si bien el agua en la sierra no recarga los mantos acuíferos, “sí hay vasos importantes que se recargan por los escurrimientos naturales de la sierra que se podrían aprovechar mejor, ya que hay bastante escurrimiento a pesar de la mucha infiltración”.

Para el presidente del Grupo Sierra de San Miguelito, la situación también amerita buscar la concientización de las autoridades y de voluntad política para actuar porque de lo contrario los planes fallarán.

“Finalmente se trata de entender qué es ser humano; entender qué es vivir en sociedad para un bien común, pero hay gente que no lo quiere entender. Pero también hay otros que quieren conservar la sierra por sus hijos, y muchos más que entienden la sierra como un patrimonio natural de los potosinos, tener un bosque sano tan cerca de la ciudad. Entre ellos se encuentran muchos de los propietarios de la sierra, comuneros y ejidatarios. Espero que ellos logren defender su territorio, que es patrimonio natural de los potosinos”.

Para el geólogo Marco Rojas, aún hay mucho que hacer, “porque el desarrollo que debe tener la ciudad, como todas las sociedades, debe estar equilibrado con la protección de los recursos y con el aprovechamiento racional de esos recursos, racionalizando, de tal manera que no tengamos los problemas ambientales que tenemos como las inundaciones”.

“Te apuesto que cuando realmente se vengan estas crisis por agua y recursos, ciertas ciudades van a estar florecientes, porque ya hace muchos años hay lugares que han estado cuidando, como el parque Izta-Popo en Puebla. A lo mejor ahora no se ve, pero en veinte años sí se va a notar quiénes cuidaron su agua y sus recursos forestales, y quiénes no. Lo bueno es que todavía hay mucho que hacer para que en los siguientes cincuenta años se diga que los potosinos sí la pensaron bien”, concluye el director del Parque Nacional de Gogorrón.

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