Más de ochocientas piedras romanas emergen del río Wear y revelan que Offerton fue un megacentro industrial olvidado durante casi dos mil años

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Publicado el: 20 de febrero de 2026 a las 18:43
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Piedras de afilar romanas halladas en la orilla del río Wear en Offerton, antiguo centro industrial romano.

Un tramo aparentemente tranquilo del River Wear, cerca de Sunderland, acaba de revelar que fue hace casi dos mil años algo muy parecido a un polígono industrial. Allí, en la pequeña localidad de Offerton, arqueólogos y vecinos han recuperado más de 800 piedras de afilar de época romana y once anclas de piedra, la mayor concentración conocida de este tipo en el noroeste de Europa.

Para hacerse una idea, hasta hace poco solo se conocían unas 250 piedras de afilar romanas en toda Britania. Encontrar más de 800 en un único tramo de ribera cambia de golpe la escala de la historia industrial del norte de Inglaterra y coloca la zona en el centro de las redes de fabricación y comercio del Imperio.

Un taller romano que funcionaba como fábrica

Los trabajos han sido coordinados por especialistas de Durham University junto a la asociación comunitaria Vedra Hylton Community Association. Durante meses han excavado las orillas en erosión y han documentado piezas en todas las fases del proceso productivo, desde bloques apenas desbastados hasta piedras casi listas para usar.

Las fuentes describen que la arenisca se extraía en la orilla norte del río y se trasladaba en barcas hasta una ribera más llana al sur, donde se tallaban las barras de piedra de afilar. La mayoría de los ejemplares recuperados están rotos o tienen fallos de fabricación, lo que encaja con un área de producción y descarte, no solo de uso cotidiano.

Algunas piezas aparecen aún unidas en parejas o en grupos de tres, listas para ser separadas más tarde. Ese detalle apunta a un sistema de trabajo estandarizado, orientado a producir grandes volúmenes para abastecer a muchos destinatarios, desde granjas y talleres hasta guarniciones militares.

Las piedras de afilar eran tan básicas para la vida romana como hoy lo es un enchufe en casa. Sin ellas no había cuchillos afilados, ni hoces, ni hachas, ni armas en condiciones. De ahí que este tipo de taller se parezca bastante a una pequeña fábrica de consumibles, imprescindible para mantener en marcha la economía de frontera.

El río Wear como autopista de recursos

La presencia de once anclas de piedra en un entorno fluvial no es un capricho. Los investigadores interpretan que las barcas amarraban allí de forma habitual, lo que refuerza la imagen de un puerto en plena actividad que movía bloques de arenisca río arriba y río abajo.

Desde este tramo del río, las piedras ya terminadas podían seguir viaje hacia la costa del mar del Norte y, desde allí, repartirse por otros puntos de Britania o incluso llegar al continente europeo. El hallazgo demuestra que el noreste inglés formaba parte de una red logística mucho más sofisticada de lo que se pensaba, a muy poca distancia del límite fortificado de Hadrian’s Wall.

El equipo ha datado la actividad principal del taller entre los años 104 y 238 de nuestra era, gracias al análisis de granos de cuarzo en los sedimentos que rodean los hallazgos. Es decir, en pleno periodo de consolidación romana en la isla, cuando el Imperio reforzaba sus infraestructuras y exprimía los recursos de las provincias para sostener el esfuerzo militar y administrativo.

Dos mil años de industria en la misma ribera

Que este complejo romano esté en el River Wear no es casual. La ribera es conocida por su pasado industrial reciente, vinculado a la minería de plomo y carbón, a la metalurgia y a los astilleros, que durante la Revolución Industrial transformaron el paisaje y contaminaron gravemente el agua.

Hoy la situación ha mejorado en buena parte del cauce, pero los estudios siguen detectando metales pesados procedentes de antiguas explotaciones mineras y otros focos industriales. Saber ahora que esa misma ribera ya había sido organizada como un centro productivo hace casi dos milenios alarga la línea temporal de nuestra huella sobre el río y ayuda a entender que el conflicto entre economía y ecosistemas viene de lejos.

¿Y qué tiene que ver esto con el debate actual sobre sostenibilidad y transición ecológica? Por un lado, muestra que usar recursos locales y el transporte fluvial puede reducir costes y evitar parte del tráfico terrestre, algo que hoy se intenta recuperar en muchas regiones para rebajar emisiones de CO₂. Por otro, recuerda que cualquier actividad intensiva, incluso sin humo de fábricas ni motores de combustión, deja cicatrices en el paisaje si no se gestiona con cuidado.

Arqueología comunitaria para cuidar el territorio

Otro aspecto clave del proyecto de Offerton es su carácter comunitario. Voluntarios locales han trabajado codo con codo con el equipo de arqueología, lo que no solo abarata campañas de excavación, también refuerza el vínculo de la población con el río y su patrimonio.

Esa participación ciudadana es la misma que, en muchos otros lugares, está detrás de iniciativas de restauración de riberas, recuperación de especies o vigilancia frente a vertidos. Cuando un vecindario comprende que bajo el barro de su orilla hay historia, empleo pasado e incluso pistas sobre cómo gestionar mejor los recursos, es más fácil que defienda ese entorno frente a nuevos impactos.

El yacimiento aún no está agotado. Los arqueólogos sospechan que quedan por excavar cientos o miles de piedras de afilar, así como estructuras asociadas al taller, muelles y zonas de cantera. Lo que ya está claro es que el descubrimiento encaja a la perfección en el rompecabezas de la historia ambiental de la zona y obliga a mirar el River Wear no solo como un paisaje bonito, sino como un archivo abierto de cómo hemos usado y abusado de los ríos desde hace siglos.

El comunicado oficial sobre este hallazgo ha sido publicado en la página de Durham University.

Foto: Durham University


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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