La Rioja estudia la relación de los incendios forestales y la despoblación rural

  • Una vez superada sin apenas sobresaltos la época de alto riesgo de los incendios forestales en La Rioja, ha llegado el momento de evaluar el estado actual de los riesgos de este fenómeno catastrófico y su relación con el proceso de despoblación del mundo rural en las zonas de montaña.

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Como la práctica totalidad de la región, la mayor parte del territorio serrano está ocupado por paisajes moldeados tradicionalmente por la acción humana y caracterizados por los amplios espacios desarbolados. Sin embargo, la intensidad de esta ocupación sobre el medio rural está disminuyendo desde hace décadas a causa del abandono de la población y de su asentamiento en entornos urbanos.

Y esta escasa presión sobre el medio natural –menos cultivos, menos cortas de maderas y leñas, y menos cargas ganaderas– está favoreciendo de forma natural la recuperación de las antiguas formaciones vegetales. A una menor actividad agraria sobre el territorio le corresponde, a modo de vasos comunicantes, una mayor presencia de matorrales, arbustos y árboles.

La Rioja estudia la relación de los incendios forestales y la despoblación rural

Las estadísticas (Mapa Forestal de La Rioja) confirman claramente esta evolución con un claro incremento de los terrenos forestales entre los años 1990 y 2009 de cerca de 15.000 hectáreas, 783 de media por año. Este aumento superficial abarca el abandono de los cultivos agrícolas, la matorralización de los pastizales extensivos, la densificación de la vegetación y la regeneración y  repoblación de los bosques.

Cualquier observador de los montes puede comprobar cómo los actuales pastizales desaparecen bajo una cobertura de matorrales que, a su vez, dejan paso a espinares, enebrales, y otros arbustos. Y, con el tiempo, cómo aparecen a su amparo árboles aislados para, finalmente, dar lugar a bosques cada día más densos.

Un escenario positivo para la recuperación del arbolado que tiene como contrapartida la acumulación de grandes cantidades de combustibles leñosos en los montes con un gran potencial para desencadenar grandes incendios forestales de difícil control. Cubiertas vegetales que se extienden por amplias superficies sin apenas discontinuidad espacial.

Esta situación se ve agravada por los efectos del cambio climático, elevación de las temperaturas e incremento de los periodos secos, que podrían desbordar a  los actuales medios de lucha contra los incendios forestales, hasta ahora muy eficientes en La Rioja frente a conatos o incendios de tamaño medio.

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Hoy día, una parte importante de la labor de la administración forestal está dirigida hacia la prevención de los incendios forestales mediante desbroces del matorral, fajas cortafuegos y clareos del arbolado. Sin embargo, la intensidad  y extensión de esta recolonización vegetal es mucho mayor que las superficies “aclaradas” periódicamente por los gestores públicos.

Ante este déficit permanente sería necesario incrementar la magnitud de estas actuaciones sobre el control del combustible vegetal pero el territorio y los medios necesarios imponen unos condicionantes difíciles de eludir, entre los que destacan los siguientes:

  • El relieve montañoso que, con sus elevadas pendientes, impide en numerosas ocasiones el desbroce mecanizado de los matorrales. Sin olvidar que estas cubiertas leñosas son necesarias para la protección de los suelos frente a la erosión, especialmente en terrenos esquilmados por la deforestación histórica desde la cuenca del Leza hasta la del Alhama.
  • El elevado coste económico que supondría abordar de forma masiva la eliminación de los combustibles leñosos acumulados año tras año en las zonas practicables con maquinaria. Además de su mantenimiento anual, habida cuenta de que la carga ganadera actual es incapaz de mantener rasos los pastizales y de evitar su recolonización por los matorrales.
  • La inexistencia  o escasez de personal preparada para este tipo de trabajos forestales, y necesariamente, con la correspondiente cualificación profesional.

Frente a este problema que afecta a más de la mitad de nuestra región es obligado diseñar estrategias de gestión de los ecosistemas forestales para su adaptación a las nuevas condiciones climáticas y al abandono demográfico de las zonas de montaña.

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Acciones derivadas, como la disminución de la densidad de los bosques, la mejora de la diversidad de las especies o la creación de espacios abiertos pueden ser difíciles de llevar a cabo por cuestiones técnicas, económicas, paisajísticas, etc., pero podrían servir de base al mismo tiempo para la recuperación de las economías agrarias y el asentamiento de la población rural.

Fuente: Ecologistas enaccion

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