El coche eléctrico, dispuesto a saltar todas las barreras

El coche eléctrico parece dispuesto, finalmente, a dar el gran salto e instalarse en nuestras ciudades. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguraba hace unos días que aprovechará la presidencia española de la Unión Europea para poner en marcha una estrategia común para el desarrollo de los vehículos eléctricos en el continente. De hecho, para el ejecutivo español el impulso del coche eléctrico es ya una cuestión de estado a la que dedicará 10 millones de euros este 2010 con el objetivo de que a finales de año ya tengamos 2.000 de estos vehículos en circulación.

Esta iniciativa, pero, no es exclusiva de España: varios países europeos -así como también Estados Unidos, Japón, China y otros- han anunciado recientemente ambiciosos planes para la introducción del coche eléctrico en sus calles.

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, basándose en un escenario de crecimiento moderado, los vehículos eléctricos podrían representar más del 60% de las nuevas ventas en 2050, representando hasta el 25% de la flota mundial de automóviles. Pero, ¿está justificado tanto optimismo? Haciendo un repaso a la historia, el primer vehículo eléctrico apareció a mediados del siglo XIX, décadas antes de que apareciera el primer vehículo con motor de gasolina. Sin embargo, el inicio en 1913 de la producción en cadena de vehículos con motores de combustión interna, unido al bajo precio de la gasolina, hizo que el coche eléctrico -mucho más caro y con menos autonomía- desapareciera del mapa. ¿Qué es lo que está cambiando ahora?

Silencioso, eficiente, limpio…
Una de las principales ventajas del coche eléctrico es su motor silencioso, lo que los hace especialmente indicados para zonas urbanas, donde el rugir del tráfico ocupa el primer lugar de los ruidos que más molestan. Otra ventaja es su eficiencia: mientras el motor de combustión interna es un desastre en términos de eficiencia (apenas ronda el 18-23% de media), el motor del vehículo eléctrico tiene una eficiencia del 60-80%, resultando especialmente indicado para situaciones de circulación lenta con frecuentes paradas y arranques.

Otra de las clásicas ventajas que se mencionan al hablar del coche eléctrico es que se trata de vehículos con emisiones cero, si bien no hay que olvidar que éstas se trasladan al lugar donde se produce la electricidad necesaria para su funcionamiento. En cualquier caso, teniendo en cuenta que el transporte es responsable de más de una quinta parte de las emisiones de gases con efecto invernadero -y el único sector con emisiones en constante crecimiento-, la aportación del vehículo eléctrico a la lucha contra el cambio climático no puede ser desestimada: en comparación con un vehículo convencional, el coche eléctrico emite hasta un 50% menos, una diferencia que aumentará a medida que crezca el aporte de las renovables a la generación de electricidad.

Un nuevo concepto de movilidad
Todas estas virtudes no pueden hacernos olvidar los obstáculos que aún tiene que salvar  el coche eléctrico para convertirse en un medio de transporte masivo. El primero, no podía ser otro, está en la batería: actualmente, los coches eléctricos tienen una autonomía de unos 200 kilómetros, más que suficiente si tenemos en cuenta que en Europa, más del 80% de los viajes en coche se sitúan de promedio por debajo de los 20 kilómetros, con una media de 40 kilómetros recorridos al día, según datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente.

Aún así, implantar el coche eléctrico supondrá también crear toda una red de puntos para recargar las baterías, al igual que ahora repostamos combustible en las gasolineras. Y aquí es donde entra el segundo inconveniente: se necesitan de 3 a 8 horas para cargar una batería completamente, una eternidad comparada con los escasos minutos que necesitamos para llenar el depósito de gasolina, pagar y salir de nuevo rodando. Pero bien pensado, tampoco eso debería ser gran problema -los coches se pasan el 95% de su tiempo aparcados- si se dispusiera de suficientes «enchufes» para coches. Por otro lado, ya existen soluciones como la de Better Place que, para quien no pueda o quiera esperar, permiten cambiar la batería del coche por otra completamente cargada en poco más de un minuto (ver vídeo).

Así pues, ¿qué es lo que falta? Más que soluciones tecnológicas o de mercado (que investigadores y empresas se afanan a encontrar), quizás la barrera más difícil de saltar será la psicológica. La gente sigue comprando coches que superan de largo sus necesidades, prefiriendo siempre comprar vehículos de gran tamaño pensando en los ocasionales viajes de larga distancia en lugar del uso que le van a dar cada día. Hace falta, entonces, un cambio de mentalidad en los consumidores, a los que se les ha de dar alternativas más sostenibles para su movilidad cotidiana. Un buen ejemplo en este punto, una apuesta por el cambio de paradigma, lo tenemos en los servicios de carsharing, cada vez más populares, y que en ciudades como París (Autolib) u Oslo (Move About) ya ofrecen vehículos eléctricos a sus clientes. Porque como se acostumbra a decir en estos casos, si no compras una vaca cada vez que quieres un vaso de leche, ¿para qué comprar un coche si casi no lo utilizas?

 

Jordi Flamarich –  Sostenible.cat

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