Ángela Ribas, pasión por la ‘ecología’

  • Cuando de pequeña a Àngela Ribas le preguntaban qué haría cuando fuera mayor, contestaba que quería ir a la universidad. Una atracción que ella califica casi de mística.

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Hoy sigue afirmando que tiene el privilegio de disfrutar trabajando y de vivir el trabajo como una afición más que como una ocupación. Pisar por primera vez la facultad de Biología de la Universidad de Barcelona la hizo sentirse “en una nube” y fue el inicio de una fascinación no exenta de altibajos.

Su recorrido incluye prácticas en el Departamento de Zoología de la Universidad de Barcelona, ​​años de contratos vinculados a proyectos, múltiples colaboraciones, docencia, el doctorado, una beca Beatriu de Pinós y, finalmente, una plaza estable de profesora en la Unidad de Ecología (BABVE) de la Universitat Autònoma de Barcelona conseguida en 2018, justo antes de una segunda maternidad inesperada.

Ángela Ribas, pasión por la ‘ecología’

“Nunca me lo he tomado como un trabajo, me lo paso muy bien trabajando”, asegura. “Ahora bien, no quiero perder de vista que la vida es más que trabajar: me importan mis amigos y me gusta hacer muchas cosas que voy sumando. Esto incluye a mi pareja y a mis dos regalos, que son nuestras hijas”.

Tener siempre presente el contexto ha tenido un precio y también alguna recompensa. “Nunca di el salto al extranjero, si bien me habría ayudado”, reflexiona sin demasiado pesar. “El resto de piezas de la vida más allá del trabajo siempre han tenido mucho peso. Y la incertidumbre que conlleva la investigación no me acabó de dar el empujón para irme al extranjero”, recuerda. Y admite que la posibilidad de realizar una estancia fuera del país es una opción que contempla claramente a unos años vista, cuando sus hijas de 8 y 2 años hayan recorrido más camino.

“Ahora cogería las maletas y me iría una temporada. Pero siempre he tenido muy en cuenta que la profesión no va aislada. Y ahora no es el momento, no quiero arrastrar a mis hijas. Dentro de unos años quizás seré demasiado mayor… pero antes de que me jubile seguro que se lo propongo a mi pareja y hago estancia en una universidad de estas impresionantes, solo por el lujo de ir”. La fascinación por el conocimiento, de nuevo.

Nuevas perspectivas para formular preguntas

Su línea de trabajo aborda los efectos y mitigación del cambio climático en la relación suelo-planta. La ha desarrollado en colaboración con la Unidad de Ecología Global, dirigida por el investigador del CREAF Josep Peñuelas (que le dirigió la tesis junto con Iolanda Filella) y también con Teresa Sebastià de la UdL-CTFC. No en vano, apunta que “para investigar hay que explorar continuamente colaboraciones con profesionales diversos para conocer nuevas visiones y perspectivas, nuevas inquietudes, más preguntas”.

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Confiesa que la ciencia básica le interesa mucho pero que, al tiempo, no rehúye responsabilidades y se implica en ciencia aplicada. Actualmente colabora con el TEAGASC (The Agriculture and Food Development Authority, Ireland), con la red Legacynet sobre sistemas agronómicos. A principios de junio, gracias a la reciente concesión del proyecto SUSFORAGE (convocatoria PRIMA 2020), se adentrará en el estudio de los procesos de suelo que vinculan la diversidad sembrada con el mantenimiento de la fertilidad del suelo en agro ecosistemas Mediterráneos, especialmente vulnerables al cambio climático.

Recientemente ha iniciado una línea de investigación sobre el papel de la Denitrificación en suelos Europeos (Evaluating the role of Denitrification as the most importante sink of Nr in European Soil Ecosystems (D-NESS), en la que participa la investigadora asociada del CREAF Stefania Mattana, en colaboración con la red ICOS, el grupo PLECO (Universidad de Amberes, Bélgica) y la Unidad de Ecología Global del CREAF.

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De la genètica a la naturaleza bio tecnològica

El interés por la naturaleza la conecta con la ecología, si bien confiesa una atracción original. “Me gusta mucho la genética pero la encontré demasiado intrusiva: la capacidad de manipular el ADN, la clave fundamental de la vida, me producía un poco de vértigo”. Años después impartió clases de fisiología vegetal, cercana a la biotecnología, en el Grado de Biología Humana de la Universitat Pompeu Fabra y pudo constatar el acierto de no haberse adentrado en ese ámbito. “Este tipo de investigación es increíble porque implementa conocimiento clave sobre la mística de la vida, pero genera unas capacidades que prefiero mirar un poco más de lejos”.

Si se le pide un diagnóstico sobre el cambio climático (base de su línea de trabajo), se detiene un instante para afirmar en voz baja que confía en que como especie seremos capaces de readaptarnos. “Ahora bien, el precio será alto, hasta límites cercanos a transformar completamente los sistemas naturales tal y como los conocemos”, aventura. “Por suerte todavía no conocemos la dinámica ni el sistema para saber a ciencia cierta hacia dónde vamos. Pero debo confesar que me siento catastrofista y que a veces me imagino a mis hijas muy, muy mayores viviendo en una sociedad basada en una naturaleza biotecnológica de islas en una matriz árida, de paisajes desérticos. ¿Tal vez he visto demasiadas películas de ciencia ficción? Espero que sí. En cualquier caso, no hay marcha atrás”.

Abrir puertas y sumar

El recorrido de Àngela Ribas está punteado de constantes superaciones. Y también de situaciones que se producen en contra de lo previsto. Pero, por encima de todo, es un relato de tenacidad, de creer firmemente en las propias decisiones, de tener claro a dónde llegar y la dirección a tomar. Y parece que lo haya conseguido currando mucho, pero pasando de puntillas y sin hacer demasiado ruido. “Siempre me ha interesado abrir puertas pero sin cerrar ninguna detrás” explica, mientras revisa cómo ha llegado a obtener la preciada plaza estable en la universidad. “Nadie se lo esperaba, pasó contra todo pronóstico… yo no era la candidata de nadie, supongo que porque no he tenido nunca un perfil muy competitivo” explica, para acabar reconociendo que “al final ha salido bien”, habiendo trabajado duro.

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Es consciente que en investigación es habitual un perfil profesional más orientado a publicar que el suyo. En su discurso la expresión sumar y crear equipo es una constante, lo cual no quiere decir que sea ingenua. “Me gusta hacer las cosas bien y parece que si se alcanza un buen nivel de calidad, ya debería ser suficiente. Pero las cosas no funcionan así”. Y a continuación apunta el motivo por el que considera que la investigación es esencial: “trabajamos con dinero público y debemos aportar resultados para dar soluciones, no debemos destacar como personas. Deben destacar las respuestas. Reconozco que tenemos un trabajo absolutamente privilegiado”.

ÀNGELA RIBAS, investigadora del CREAF.

Recuerda la época en que con compañeros del CREAF hacía escalada y travesías por montaña, un contacto que siempre ha buscado y que con hijas pequeñas ahora no es sencillo. Y rememora cómo le gusta caminar bajo la lluvia, el contacto directo con el agua… siempre que haya un refugio cercano. “Me ha pasado que empiece a llover mientras voy andando, y hacer un clic hacia la paz y el sosiego“.

Estudiar es el hilo que teje su vida y asegura que cuando se jubile seguirá estudiando. Aquí toma sentido la vida de una científica que tiene la decisión y la perseverancia de las personas fuertes, filtrada por una gran discreción y una inmensa sensibilidad.

Fuente: Blog creaf

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