Alba Anadón Rosell: amabilidad y contundencia

  • La investigadora Alba Anadón Rosell tiene un largo recorrido internacional, centrado en el estudio de la eco fisiología de plantas leñosas (específicamente en zonas frías) y la ecología funcional. En esta charla con CREAF, habla de su predilección por las plantas, especialmente por las de montaña y su amplio espectro de intereses, dentro de la Biología y la Ecología.

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Sin hacer demasiado ruido y con una mirada siempre afable. Conversando con Alba Anadon Rosell una tiene la sensación de que, a pesar de las dificultades, esta investigadora de heterogéneo recorrido internacional se aproxima siempre a las situaciones desde un talante cordial y afectuoso.

También parece que su trayectoria haya sido apacible, si bien es evidente que ha vivido de primera mano los altibajos de una carrera científica con vocación internacional. “Vivo momentos algo de montaña rusa”, reconoce, “en que lo veo todo muy difícil: se ofrecen muy pocas plazas y hay personas con currículos impresionantes. La investigación me encanta, pero he llegado a la conclusión de que el día que no avance, me dedicaré a otra cosa. La situación es compleja y, además, tiene un coste personal elevado”. Una maternidad más tardía de lo que le hubiera gustado iniciar es el precio más evidente.

La investigación fue un destino para Alba Anadon Rosell ya desde los primeros años de universidad y, por eso, siempre tuvo claro que cursaría una parte de los estudios en el extranjero. La razón de esta atracción todavía lo está clarificando. “La investigación me permite hacerme preguntas, me da mucha libertad y, sólo por eso, ya me siento afortunada. También me ha permitido hacer mucho trabajo de campo, que me apasiona”.

Ensayar y tomar datos sobre el terreno es su actividad de referencia, además de toda la labor previa que implica: “me interesa pensar experimentos, planear proyectos, proponer ideas de investigación… Identificar qué preguntas nos hacemos, que nos gustaría solucionar y cómo lo abordamos desde el trabajo de campo”.

“Me interesaba mucho el programa de licenciatura en Biología que teníamos en la Universidad de Barcelona y por eso no me fui de Erasmus”, explica, “y sí que estudié el máster fuera, en la Universidad de Reading“. También optó por el programa extenso de 5 años en lugar del de 4, para tener más tiempo para estudiar y profundizar. La Botánica y la Ecología eran sus referentes y la búsqueda le era muy familiar, porque su madre ha sido profesora de la Universidad de Barcelona y su padre ha trabajado en el CSIC.

Estudiar sistemas pequeños

Los matorrales de alta montaña han centrado hasta ahora su investigación, un ámbito que reconoce que es poco habitual y que le ha permitido investigar con mucha autonomía. Se incorpora el CREAF en abril de 2021 en plena pandemia por Covid19, para integrarse al equipo del investigador Jordi Martínez-Vilalta gracias a una beca Juan de la Cierva y, poco a poco, se empieza a introducir también en proyectos vinculados a bosques.

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El interés por las plantas subarbustivas surge a raíz de su colaboración con Josep M. Ninot Sugranyes, a quien mostró su interés en colaborar cuando le daba clases en la Universidad de Barcelona. “Me propuso un proyecto con Vaccinium myrtillus (arándano) en el Valle de Aran y ahí empezó todo”, recuerda entre divertida y melancólica.

“A menudo me he preguntado por qué me gustan tanto las plantas subarbustivas y he llegado a la conclusión de que me permiten delimitar la zona de estudio: al ser pequeñas, puedo estudiar las partes aéreas, las subterráneas … y jugar más que con otros sistemas, que requieren mucha financiación e infraestructura para lograr determinados resultados”.

Su singularidad también es un punto a favor: “me atrae que son sistemas poco estudiados en el sur de Europa, algo que no ocurre por ejemplo en el norte del continente con la tundra y las comunidades arbustivas. Son muy importantes sobre todo en alta montaña donde, con el progresivo abandono de las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales, han ido ganado terreno y convirtiéndose en clave para los ecosistemas y para entender los procesos que se producen”.

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Estas especies vegetales desarrollan tallos subterráneos y, cada vez más, ocupan las antiguas pastos. “Son plantas que antes no tenían presencia en los prados y ahora pueden crecer de manera progresiva, dando lugar a comunidades de matorral y, a la larga, abriéndose paso en el bosque. Hay una consecuente pérdida de biodiversidad cuando esta situación homogeneiza los ecosistemas, como resultado del abandono territorial a gran escala”.

El impacto de la planta en el suelo y su retroalimentación es su campo actual de estudio. Y también ha comenzado a concretar posibles nuevas colaboraciones, una de ellas con el investigador Oriol Grau en el Parque Natural del Alto Pirineo sobre pastos abandonadas colonizados por matorrales. “Hasta ahora me he dedicado a estudiar la planta fisiológicamente, pero quisiera centrarme también en su impacto sobre los ecosistemas: son de crecimiento lento, acumulan más biomasa y tienen una hojarasca recalcitrante que cuesta más que se descomponga y, por tanto, la incorporación de carbono y nutrientes en el suelo es más lenta”.

Una carrera de fondo a largo plazo

Su realidad como investigadora es resultado de estancias y proyectos en Reino Unido, Suiza, Austria, Noruega, Suecia y Dinamarca, en una carrera de fondo que vive más allá de la investigación. “Siempre me ha gustado implicarme, el contacto con las personas, conocer los centros donde estoy”, explica. Por ello, se ha ofrecido para supervisar estudiantes, para echar una mano y orientar pre doctorandos, para intervenir en talleres de escritura científica… En el CREAF, forma parte de la comisión de post doctorandos que impulsa la nueva época de las CREAFTalks, la serie de seminarios que ponen en común el trabajo global de investigación en ciencia ecológica, tanto nuestro como ajeno.

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La evaluación, la manera obtener reconocimiento público y evolucionar en ciencia también es un recorrido de fondo. Con la cordialidad que le es habitual y con firmeza, explica que los indicadores para evaluar la carrera científica generan un sistema perverso. “Básicamente nos aboca a producir, a estar constantemente sufriendo por si se está haciendo lo suficiente, si se está produciendo suficiente y eso es terrible.

Explica también que “el sistema de evaluación perpetúa comportamientos muy poco éticos, que a veces afectan a la salud mental de las personas”. El procedimiento, asegura, condena los grupos de investigación reducidos a un funcionamiento marginal: “desde un grupo pequeño no se puede colaborar y constar como coautora de 10 artículos de compañeros, porque no existe tal cantidad de compañeros! Y eso no quiere decir que eres peor investigadora, sino que has seguido otro camino”.

La cuantificación de la carrera científica a partir de número de artículos favorece un círculo vicioso, asegura, en un clamor conocido en ciencia. “Hay profesionales válidos y muy buenos científicos que se han tenido que dedicado a otras tareas”. El progresivo cambio de las métricas de la evaluación científica no parece que solucione demasiado las cosas: “a veces tengo la sensación de que se busca una especie de súper héroes capaces de hacerse cargo de actividades múltiples. No basta con hacer una buena investigación y gestionar un equipo, por ejemplo?”.

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Un antes y un después

Haberse topado con Josep M. Ninot Sugranyes, su coordinador de tesis, es un antes y un después en la carrera del Alba Anadon Rosell. “Siempre digo que he tenido la suerte de tener un supervisor de tesis que es muy humano. Más allá de la ciencia, es esencial que alguien te escuche, que te apoye con temas académicos, a quien puedes llamar a la puerta y que supervise tu tarea por gusto”.

Y ese es su director de tesis y también la cosupervisora, Sara Palacio Blasco. También responden a este carácter Ellen Dorrepaal -su supervisora en Suecia- y Melissa Dawes, de quien dependió directamente en Suiza. “Melissa Dawes quizás fue mi primera referente mujer, de quien aprendí muchísimo”.

Se despide explicando que la danza tiene una presencia importante en su tiempo libre desde pequeña, y que durante su estancia postdoctoral en Alemania asistió a clases de ballet clásico y danza contemporánea. “Lo he probado todo: clásico, teatro musical, claqué, danza moderna y contemporánea“. Su maestra actual es demasiado acrobática para su estado de gestación… “lo doy todo en clase y me da un poco de miedo pasarme ahora”. Sin duda, la maternidad también marcará un antes y un después.

Fuente: Creaf

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