Mar Menor: lluvia, escorrentía y muerte

  • Llueve en el campo de Cartagena y se hace más que evidente, que el cambio de cultivos de secano a monocultivos industriales fue completamente nefasto y que quien lo paga más caro es el Mar Menor. Sin fijadores de la tierra y con exceso de abonos químicos, la escorrentía acabará por matarlo. Suerte que llueve poco.

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  • Ecologistas en Acción recuerda que, de haber conservado parte del paisaje anterior, las escorrentías al Mar Menor habrían sido inferiores. 
  • La entrada masiva en el Mar Menor de aguas cargadas de tierras de cultivo y abonos muestra que es necesario aplicar medidas de retención y conservación de suelos y nutrientes.
  • Una medida cara y mal enfocada como el Colector Norte no será eficaz contra la llegada de toneladas de sedimentos y materia orgánica arrastrados por las precipitaciones hasta la laguna.
  • La organización ecologista insiste en combinar una franja renaturalizada perimetral, que recupere vegetación natural y respete zonas de inundación, con otras medidas que favorezcan la retención de suelos y eliminación de nutrientes a nivel de parcela, basadas en la naturaleza.

Ecologistas en Acción ha resaltado el hecho de que las recientes lluvias han demostrado, con apenas unas precipitaciones moderadas, las consecuencias negativas de la transformación agrícola del Campo de Cartagena, que ha pasado de un paisaje de cultivos de secano aterrazados, con sistemas de retención de suelos y agua, a un paisaje dominado por enormes extensiones de monocultivos, con técnicas encaminadas a drenar los terrenos lo antes posible y, por tanto, fácilmente erosionables.

Este cambio de paisaje, junto con el uso intensivo de fertilizantes y químicos agrícolas, tiene consecuencias muy visibles para el ecosistema del Mar Menor. La comunidad científica y las organizaciones ecologistas lo advierten desde hace décadas. Sin embargo, las administraciones no han actuado para regular la actividad y prevenir estas consecuencias.

Aumento de las escorrentías

Además de ser algo totalmente visible, está más que probado por la ciencia que las precipitaciones causan una mayor o menor escorrentía dependiendo del tipo de suelo, el relieve, los usos del suelo y el tipo de prácticas agrícolas en caso de estar dedicado al cultivo.

Un paisaje con cultivos de secano maximiza el agua utilizando técnicas como aterrazados, ya que manteniendo el nivel de cada terrazas se propicia la infiltración de la lluvia y la retención del suelo, en especial la capa superior más fértil. Además entre terrazas escalonadas a distinto nivel suelen existir canalizaciones que recogen las eventuales aguas sobrantes, o alternativamente franjas de vegetación que promueven la biodiversidad.

Un paisaje con cultivos en regadío industrial, en base a la eficiencia, impondrá un monocultivo en grandes extensiones, de manera que rentabiliza al máximo el uso de maquinaria y agroquímicos (fertilizantes y fitosanitarios). El agua de lluvia no es bienvenida en estos sistemas intensivos y se prioriza su evacuación rápida para evitar encharcamientos que malogren el cultivo, en muchos casos derivando esos caudales a canales de drenaje y a las propias ramblas.

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Por eso actualmente en la comarca que circunda el Mar Menor, estos episodios de lluvias que antes eran inocuas para el medio ambiente y la población ribereña, ahora generan grandes escorrentías y problemas de inundaciones, sin olvidar el papel de la ocupación de zonas inundables e impermeabilización de extensas áreas por ocupación urbana e industrial.

Las lluvias arrastran más tierras de cultivo junto a los abonos y químicos que contienen

El regadío intensivo industrial utiliza una cantidad importante de fertilizantes, aportados con riegos por goteo (fertirrigación). Acondiciona los terrenos previamente a la plantación con toneladas de estiércol y labores que mullen el suelo, destruyendo su estructura para facilitar el crecimiento de las raíces.

Aún calculando las necesidades de cada cultivo y ajustando los abonados, parte de esos fertilizantes escapan en profundidad junto al agua, y más cuando hay eventos de lluvias, los cuales contaminan las aguas subterráneas. A esto se suma que, sin técnicas de retención de escorrentías, la capa superficial de suelo es fácilmente erosionable y arrastrada.

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El resultado final es que con la transformación de secano a regadío:

  • Aumentan las escorrentías: mayores inundaciones y poder de erosión a igual precipitación.
  • Aumenta la erosión y pérdida de suelo fértil: más arrastres por disminución de la capacidad de retención que ejerce una cubierta vegetal y una nivelación con escasa pendiente.
  • El Mar Menor recibe más sedimentos (materia orgánica y fósforo) y más nutrientes solubles (nitratos): se produce colmatación y eutrofización.

Ante este panorama, las carísimas infraestructuras de cemento y tuberías ideadas para recoger los drenajes agrícolas son ineficaces, especialmente en situaciones de lluvia.

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Por ello, Ecologistas en Acción recuerda que existe un amplio consenso científico en que las medidas para salvar el Mar Menor deben ser en origen (transformación del modelo agrícola) y que las soluciones basadas en la naturaleza son más eficaces, con mejor relación coste/eficacia, más duraderas y porque aportan beneficios extra sobre la biodiversidad, la recuperación del paisaje o la salud humana.

Así, Ecologistas en Acción ha insistido en que es necesario combinar las medidas en origen en el Campo de Cartagena con la franja renaturalizada propuesta por la organización ecologista, que sirva de barrera final y lamine escorrentías, permitiendo retener sedimentos y eliminar nutrientes.

Fuente: Ecologistas en accion

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