La Fundación Alborda crítica por «incompleto» y «desilusionante» el Documento de Consenso sobre Sensibilidad Química del Ministerio de Sanidad

“¿Cómo puede negarse la existencia de unas 100.000 personas que han sido tratadas con éxito (con índices contrastados de recuperación de entre el 80% y ell 90%) por la Medicina Ambiental que practican las citadas personas en las clínicas mencionadas, entre otras muchas?”, se pregunta la doctora Muñoz-Calero. La propia doctora española o el pionero de la Medicina Ambiental, William Rea, han superado esta enfermedad y hoy disfrutan de una vida prácticamente normal gracias a los tratamientos de Medicina Ambiental, como análisis para comprobar qué sustancias afectan a cada paciente, evitación de las sustancias tóxicas que provocan en el enfermo la SQM, dieta ecológica, recuperación de los nutrientes y vitaminas perdidos y microinmunoterapia, entre otros

La medicina ambiental ha resultado una herramienta eficaz en el tratamiento de otras muchas enfermedades relacionadas con el medio ambiente, aparte de la SQM, como Fibromialgia, Fatiga Crónica, Asma, Alergias, Hiperactividad, Alzheimer y muchos tipos de Cáncer.

El texto manifiesta una búsqueda de la evidencia científica y clínica disponible, pero resulta incompleto y sesgado porque no incluye docenas de estudios realizados por especialistas en Medicina Ambiental que no sólo reconocen esta enfermedad emergente sino la existencia de tratamientos eficaces en la mayoría de los casos. Por ello, la Fundación Alborada, al igual que las muchas asociaciones de afectados por esta dolencia en nuestro país, no entendemos frases del Documento como “ (…) No se localizó ningún artículo sobre tratamiento que cumpliera los criterios establecidos (…), la experiencia clínica evidencia la falta de respuesta al tratamiento (…), las intervenciones terapéuticas deben ir encaminadas, puesto que por el momento no existe tratamiento curativo, a la mejora en la sintomatología y en la calidad de vida.(….) o actualmente, la evidencia científica disponible sobre la eficacia de los distintos tratamientos, farmacológicos y no farmacológicos, no es suficiente para aconsejar en este documento medidas terapéuticas concretas».

El propio Consejo de Europa, en su acuerdo nº 11788 de 20 de enero de 2009, reconoce la existencia de tratamientos de Medicina Ambiental y pide a las Administraciones públicas que sufraguen los gastos de los tratamientos. «Una diferencia que hay que tener en cuenta es que no es lo mismo tratamiento que curación, y esto parece confundirse en el texto del Ministerio. Existen tratamientos que pueden conducir a la persona a llevar una vida casi» normal. Lo que no existe es una curación total, ya que el peligro de recaída es evidente. El doctor Rea, que es quien me recuperó a mí, lleva más de 30 años ejerciendo la Medicina Ambiental con éxito. A veces, se escudan en la consabida frase de que “no hay evidencia científica” sobre los tratamientos , olvidándose de que la demostración práctica existente es la que debe llevar a la teoría científica y no al revés», explica la doctora Muñoz-Calero, quien se pregunta: «¿Hay más evidencia científica que los testimonios que van dejando los pacientes tratados?» (véase al respecto http://www.fundacion-alborada.org/testimonios/).

Pensamos que el documento de Sanidad debería ser explícito en el reconocimiento de la enfermedad, concretar las medidas que se han de tomar para beneficiar a las personas enfermas y abrirse a los tratamientos que llevan tiempo demostrando su éxito. Resulta paradójico que mientras los test de diagnóstico no están validados, sí se reconocen útiles en el Documento, lo que no ocurre con los tratamientos: «Los cuestionarios autoadministrados (QEESI, UTHS, IEISI,…), aunque hasta el momento no están validados en nuestro entorno, son de gran utilidad como herramientas de apoyo», se dicen en el texto aprobado por Sanidad.

El “Documento de consenso” del Ministerio no reconoce oficialmente la existencia de la enfermedad porque no hay apartado alguno que así lo manifieste, pero, de un modo ambiguo, «reconoce» que existe un Síndrome de SQM, al tener como objetivo la comisión redactora «contribuir a un mayor conocimiento de la SQM».

Otro apunte positivo es que el informe, al menos, da visibilidad a este problema social y exige a los médicos conocer esta enfermedad, formarse y diagnosticarla correctamente, incluyendo ese diagnóstico en la historia clínica del paciente.

ECOticias.com

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