Una “nave espacial” queda atrapada en 20 cm de hielo en Finlandia: es la nueva Tara, diseñada para congelarse en el Ártico y cruzar el Polo Norte a la deriva

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Publicado el: 27 de enero de 2026 a las 09:03
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La Tara Polar Station atrapada en el hielo durante pruebas en Finlandia antes de su misión ártica

A simple vista, desde la orilla del archipiélago de Sundom (frente a Vaasa), la silueta parece un artefacto salido de una película de ciencia ficción. Un “disco” blanco y naranja, compacto, extraño, inmóvil. Pero al acercarse, el misterio se vuelve ingeniería (y logística polar). Lo que está encallado en unos veinte centímetros de hielo es la Tara Polar Station, un híbrido entre barco y estación científica de cuatro plantas diseñado para congelarse a propósito en el Ártico y derivar con la banquisa durante más de un año.

La escena en Vaasa es, en realidad, un ensayo general. La embarcación llegó a Finlandia para probar sistemas, rutinas y equipos en frío real, después de un arranque accidentado más al norte (en la zona de Oulu) donde el hielo y el fondo jugaron en contra y obligaron a buscar aguas más favorables. En Vaasa, la Tara se ha convertido en un “campamento base” temporal para ajustar cada detalle antes del gran objetivo (quedarse atrapada, esta vez con intención).

El plan operativo es tan simple como brutal. En otoño, la estación se congelará en el hielo al norte de Siberia y entrará en la autopista lenta del océano Ártico (la Corriente Transpolar). A ritmos del orden de kilómetros al día, la plataforma irá cruzando el Ártico central y pasando cerca del Polo Norte, para liberarse meses después en el corredor entre Groenlandia y Svalbard (si todo sale como está previsto). En ese trayecto, la Tara no solo “viaja”, también mide (aire, hielo, agua y vida) con una ambición de continuidad que hoy es rara en el Ártico.

Aquí aparece el porqué (y la prisa). El Ártico se está calentando mucho más rápido que el promedio global, un fenómeno conocido como amplificación ártica. Un trabajo muy citado estimó que, entre 1979 y 2021, el Ártico se calentó casi cuatro veces más rápido que el conjunto del planeta. Esta aceleración no es un matiz estadístico, cambia la física de un océano que depende del hielo como “techo” y como regulador de luz, temperatura y cadenas tróficas.

Para sobrevivir en ese entorno, la Tara no se comporta como un barco tradicional. Su casco es grueso y redondeado, pensado para que el hielo no lo aplaste, sino que lo empuje hacia arriba cuando la presión aumenta (como si el barco fuese un corcho atrapado en una prensa). Esa geometría es la clave del proyecto, porque permite quedarse inmóvil sin “pelear” contra la banquisa y convertir la inmovilidad en un laboratorio estable.

Dentro, la estación es una mezcla de vida cotidiana y ciencia extrema. Hay camarotes estrechos, cocina operativa y espacios de trabajo bajo cubierta. Uno de los elementos más singulares es la cavidad circular abierta al mar (una especie de piscina técnica en el casco) que mantiene contacto directo con el agua incluso cuando todo alrededor es hielo. Desde ahí se pueden bajar instrumentos, tomar muestras con regularidad y desplegar vehículos no tripulados bajo la banquisa (un acceso constante que, en el Ártico, vale oro científico).

En Vaasa, parte de ese ensayo se vio en la cubierta, con un globo de helio destinado a elevar sensores para muestrear la atmósfera. La lógica es clara (si se quiere entender el cambio en el Ártico, hay que mirar hacia arriba y hacia abajo) y la Tara aspira a hacerlo de forma integrada, con perfiles de aire y mediciones oceánicas que bajen a grandes profundidades.

También se prueba otra promesa importante (investigar sin contaminar la propia señal). En expediciones polares, el simple hecho de estar allí puede sesgar mediciones del aire si el barco emite demasiado. Por eso el proyecto insiste en modos de funcionamiento con baterías y en reducir emisiones y residuos al mínimo compatible con la seguridad. En el Ártico, la sostenibilidad no es solo ética, también es metodología.

La parte menos fotogénica es la incertidumbre. Un casco que se porta bien en hielo puede tener una vida más dura con mala mar. Una evacuación médica en medio de la deriva no es un trámite, es una operación compleja. Y aun así, esa vulnerabilidad es parte del diseño mental del programa (ir donde la ciencia necesita datos, aunque la logística obligue a planificarlo todo como si lo improbable fuese lo normal).

Si desde lejos parece una nave espacial, quizá sea porque su misión se parece a la de un satélite (observar un sistema que cambia rápido) pero desde el lugar más difícil y más decisivo (la superficie del hielo). La Tara no ha aterrizado en Vaasa para “posar”, ha llegado para entrenarse. Y cuando se congele de verdad, su inmovilidad será movimiento científico.

El reportaje ha sido publicado en Yle.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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