El planeta Vagabond devora 6 mil millones de toneladas por segundo

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Publicado el: 2 de enero de 2026 a las 19:07
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Ilustración del planeta vagabundo Cha 1107-7626 devorando gas y polvo de su disco de acreción

Un planeta que vaga solo por el espacio, sin estrella que lo caliente ni sistema al que pertenecer, acaba de batir un récord cósmico. Cha 1107-7626, un objeto con entre cinco y diez veces la masa de Júpiter en la constelación del Camaleón, está engullendo seis mil millones de toneladas de gas y polvo cada segundo según un estudio internacional. El trabajo se ha basado en observaciones del Very Large Telescope de ESO en Chile y del telescopio espacial James Webb, y describe el episodio de crecimiento más intenso visto hasta ahora en un mundo de masa planetaria. En la práctica, este planeta se comporta por momentos más como una estrella bebé que como un planeta al uso.

Los astrónomos llaman a estos objetos planetas errantes o planetas de libre flotación. No giran alrededor de ninguna estrella, se mueven por la galaxia a su aire y son extremadamente difíciles de detectar porque brillan muy poco. La duda que intenta resolver este nuevo trabajo es sencilla de plantear y bastante más complicada de responder. Nacen como estrellas en miniatura o son planetas gigantes expulsados de sus sistemas originales.

Un planeta sin estrella y con mucha hambre

Cha 1107-7626 se encuentra a unos 620 años luz de la Tierra, en una región de formación estelar del cielo austral que los astrónomos conocen bien. Tiene una masa de entre cinco y diez Júpiter y una edad de apenas uno o dos millones de años, algo así como un recién nacido en términos cósmicos. A pesar de estar solo, está rodeado por un disco de gas y polvo que actúa como almacén de materia. Ese disco de acreción va alimentando poco a poco al planeta, pero en 2025 el sistema entró en una fase de auténtico atracón.

El equipo que firma el estudio, liderado por el astrónomo Víctor Almendros Abad del Instituto Nacional de Astrofísica (INAF) en Palermo, midió cómo el brillo del planeta se disparaba. Compararon datos previos con nuevas observaciones y vieron que la tasa de caída de materia se había multiplicado por ocho en solo unos meses hasta alcanzar esos seis mil millones de toneladas por segundo. Según describe el propio equipo, este es el episodio de acreción más intenso jamás registrado en un objeto de masa planetaria. Para hacerse una idea, cada segundo el planeta suma una cantidad de material comparable a un gran cometa entero.

Cómo se descubrió el estallido de acreción

Para seguir el cambio, los científicos recurrieron al espectrógrafo X-shooter instalado en el Very Large Telescope de Paranal. Este instrumento descompone la luz en miles de colores y permite medir con precisión las líneas espectrales que delatan la caída de gas sobre la superficie del planeta. En la práctica, es como pasar la luz de Cha 1107-7626 por un escáner médico que revela qué está ocurriendo en sus capas más externas.

Las observaciones del VLT se complementaron con datos del James Webb en el infrarrojo, capaces de detectar cambios en la química del propio disco que rodea al planeta. Durante el estallido, el equipo encontró señales claras de vapor de agua que no aparecían en las observaciones anteriores. Es la primera vez que se ve algo así en un mundo de esta masa, un comportamiento que hasta ahora era típico de estrellas jóvenes rodeadas de discos protoplanetarios. Igual que cuando miramos un recibo de la luz y vemos de golpe un pico de consumo, estas líneas espectrales avisan de que algo se está calentando de forma extraordinaria.

Cuando un planeta imita a una estrella

El trabajo, publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters, apunta a un protagonista clave en esta historia. Los datos sugieren que Cha 1107-7626 posee un campo magnético intenso que canaliza el gas del disco y lo hace caer en cascada sobre zonas concretas de su superficie. Ese material se calienta, genera puntos calientes brillantes y produce las variaciones de luz que han medido los telescopios. Es un mecanismo muy parecido al que se observa en estrellas jóvenes de tipo T Tauri.

Esta similitud hace que la frontera entre estrellas y planetas resulte menos nítida. Si un planeta errante puede alimentarse con estallidos de acreción guiados por campos magnéticos igual que una estrella, tal vez su origen también se parezca en buena parte al de las estrellas. Para los modelos que explican cómo nacen y evolucionan los mundos gigantes, este tipo de objetos se convierten en un banco de pruebas. Algo parecido ocurre con otros hallazgos recientes de supertierras potencialmente habitables o de planetas exóticos como Enaiposha, que obligan a afinar las teorías sobre qué entendemos por planeta.

Un laboratorio natural para futuros telescopios

Los planetas errantes como Cha 1107-7626 seguirán siendo difíciles de encontrar, pero los próximos instrumentos ayudarán. El Extremely Large Telescope (ELT) que construye ESO en el desierto de Atacama tendrá un espejo principal de 39 metros y estará pensado para estudiar en detalle objetos muy débiles. De forma complementaria, otros observatorios podrán seguir la pista a estos mundos solitarios que hoy apenas empezamos a ver.

Para la comunidad científica, cada nuevo objeto de este tipo añade una pieza a un puzle mayor. Qué porcentaje de estos cuerpos se forma por colapso directo del gas, como una estrella en pequeño, y cuántos son planetas expulsados de sistemas jóvenes. Cómo cambia su atmósfera cuando viven tanto tiempo lejos de una fuente de luz. Y qué pistas aportan sobre la formación de gigantes gaseosos alrededor de otras estrellas y de las llamadas supertierras, mientras otros estudios siguen mirando a fenómenos extremos como el agujero negro supermasivo del centro de la galaxia para completar el cuadro.

Mientras aquí nos preocupamos por la factura de la luz o por otra ola de calor que se alarga más de lo previsto, en las afueras de la Vía Láctea hay mundos que tragan gas y polvo a una escala que cuesta imaginar. Cha 1107-7626 es uno de ellos y apenas estamos viendo sus primeros pasos. El estudio completo se ha publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters y el comunicado oficial ha sido difundido en la web del Observatorio Europeo Austral.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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