Los astrónomos descubren una nueva «supertierra» y ofrecen esperanza de vida en el espacio

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Publicado el: 2 de enero de 2026 a las 20:06
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Descubren Gliese 251c, una supertierra cercana en la zona habitable que podría albergar agua líquida y cambiar la búsqueda de vida.

Apenas a unos 18 años luz de aquí, un equipo internacional ha anunciado la detección de GJ 251c, una supertierra que se mueve justo dentro de la zona habitable de su estrella, una pequeña enana roja. Los autores del estudio la describen como uno de los mejores objetivos actuales para buscar señales de vida en un exoplaneta rocoso cercano.

En números sencillos, GJ 251c tiene una masa mínima de unas cuatro veces la de la Tierra, completa una vuelta alrededor de su estrella cada 53 o 54 días y se encuentra a una distancia de unas 0,2 unidades astronómicas, algo menos que la órbita de Mercurio en nuestro sistema. El sistema está a unos 5,5 pársecs de nosotros, que en lenguaje menos técnico equivale a unos 18 años luz, dentro de nuestra vecindad cósmica.

Un mundo cercano que todavía no podemos ver

De momento nadie ha “visto” el planeta en una foto. Su existencia se ha deducido midiendo el leve bamboleo de la estrella GJ 251, causado por el tirón gravitatorio de los planetas que la orbitan. Es el mismo efecto que notamos cuando se acerca una ambulancia y cambia el tono de la sirena, solo que aplicado a la luz de la estrella.

Durante más de veinte años, telescopios de Hawái, Texas, Kitt Peak y el observatorio de Calar Alto en Almería han tomado centenares de espectros de esta enana roja. A partir de esos datos, el equipo ha confirmado el planeta interior ya conocido, GJ 251b, y ha encontrado una segunda señal estable que encaja con un planeta de periodo 53,6 días y unas cuatro masas terrestres. Los cálculos lo sitúan en una órbita donde, con la atmósfera adecuada, podría existir agua líquida en superficie.

Los investigadores son prudentes y hablan de “planeta candidato”. Aun así, la señal se mantiene estable en todos los conjuntos de datos y supera las pruebas habituales para descartar que sea una falsa alarma provocada por la actividad de la estrella.

“Todavía no podemos confirmar la presencia de una atmósfera o de vida en GJ 251c, pero el planeta es un objetivo muy prometedor para futuras exploraciones”, resume Suvrath Mahadevan, uno de los responsables del trabajo.

Zona habitable no significa planeta habitable

La buena noticia es que GJ 251c se encuentra en la llamada zona habitable conservadora de su estrella, la franja donde la radiación recibida permitiría temperaturas compatibles con agua líquida. La no tan buena es que estar en esa franja no garantiza en absoluto que el planeta sea habitable. Todo depende del tipo de atmósfera que tenga, si es que tiene alguna.

El equipo ha usado modelos climáticos en tres dimensiones, derivados de los que se emplean para estudiar el clima terrestre, para probar distintos escenarios. Con una atmósfera parecida a la de la Tierra, el planeta quedaría completamente congelado, con una temperatura media de más de cien grados bajo cero y un casquete de hielo global. Con una atmósfera densa de dióxido de carbono, de unas diez veces la presión de la superficie terrestre, el modelo pasa a mostrar océanos abiertos y unos 320 kelvin de temperatura media, algo así como un mundo cálido pero potencialmente habitable.

También han probado casos con una envoltura rica en hidrógeno, más parecida a una mini Neptuno, que llevan la superficie por encima de los 500 kelvin, demasiado caliente para la vida tal y como la conocemos.

Paradójicamente, el CO2 que aquí asociamos a la crisis climática, en un planeta tan frío y tan lejos de su pequeña estrella podría ser justo lo que marque la diferencia entre un mundo muerto y uno con océanos. La física es la misma, cambia el contexto.

Un laboratorio cercano para mirar otras atmósferas

La estrella GJ 251 es una enana roja que emite alrededor de un uno o dos por ciento de la energía del Sol. Eso hace que su zona habitable esté mucho más cerca que en nuestro sistema, pero también facilita un detalle clave para los telescopios, la separación angular entre estrella y planeta es lo bastante grande para que los futuros gigantes de treinta metros puedan intentar apagar la luz estelar y captar el débil reflejo del planeta.

Según el estudio, GJ 251c es ahora mismo el mejor candidato del cielo del hemisferio norte para obtener una imagen directa de un planeta rocoso en zona habitable. Instrumentos como el Planetary Systems Imager previsto para el Telescopio de Treinta Metros o los grandes telescopios europeos en Chile tienen este tipo de objetivos en su hoja de ruta. Si logran separar su luz de la de la estrella, podrán analizar su espectro en busca de vapor de agua, CO2 u otros gases que nos hablen de su clima y, quizá en el futuro, de posibles biofirmas.

Imaginemos algo cotidiano. Es como pasar de ver solo el resplandor de una farola lejana a distinguir si en una de las ventanas de ese edificio hay una planta junto al cristal. La diferencia está en la precisión con la que separamos la luz.

Lo que este planeta nos recuerda sobre la Tierra

Hay un detalle que conecta esta historia con nuestros propios problemas ambientales. Para simular GJ 251c, los científicos han usado herramientas muy parecidas a las que se utilizan para estudiar el calentamiento global en la Tierra. Ajustar cuánto calienta un gas de efecto invernadero en otro mundo ayuda a mejorar los modelos que usamos aquí, y al revés.

En este planeta cercano, pequeños cambios en la composición de la atmósfera pueden llevar de un hielo permanente a océanos líquidos. En la Tierra, unos pocos grados de diferencia ya están alterando olas de calor, patrones de lluvia y cosechas. La escala es distinta, pero el mensaje de fondo es el mismo, la atmósfera importa.

GJ 251c aún es un candidato y pasarán años hasta que sepamos si tiene océanos, una densa capa de CO2 o una envoltura tóxica. Sin embargo, mientras se afinan los modelos y se construyen los nuevos telescopios, este pequeño mundo a unos pocos años luz se convierte en un recordatorio de lo frágil que es la zona justa para la vida. También de que, cuando miramos al cielo nocturno desde la ventana o la terraza, puede que alguna de esas estrellas esconda su propia versión de un planeta azul.

El estudio científico original ha sido publicado en The Astronomical Journal.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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