Bajo las colinas tranquilas del norte de Roma no solo hay raíces y roca. Hay toda una ciudad subterránea de canales, pozos y galerías etruscas que acaba de ser cartografiada por completo con ayuda de un pequeño rover inspirado en los que exploran Marte. El Ministerio de Cultura italiano ha confirmado la primera “mappatura integrale” de los cuniculi de Veio gracias al robot Magellano y a una colaboración entre el Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia y la Universidad La Sapienza de Roma.
Para quien vive en una ciudad moderna, hablar de túneles hace pensar en metro o aparcamientos. En Veio, hace dos milenios y medio, esos túneles servían sobre todo para domar el agua, proteger el territorio y alimentar los rituales del santuario de Portonaccio. La novedad es que ahora conocemos el entramado casi al detalle y sin abrir nuevas zanjas.
Un rover tipo marciano en las entrañas de la ciudad etrusca
Magellano es un pequeño vehículo autónomo equipado con cámaras, sensores y un sistema de suspensión que imita el “rocker bogie” desarrollado por la NASA para los rovers Spirit, Opportunity o Curiosity. Este diseño le permite avanzar por pasadizos estrechos, suelos irregulares y zonas parcialmente colapsadas mientras mantiene todas las ruedas pegadas al terreno. Durante las misiones, el robot envía imágenes y datos en tiempo real por radio, de modo que los arqueólogos pueden seguir cada metro recorrido desde la superficie.
En la práctica significa que donde una persona tendría que entrar arrastrándose, con riesgo de desprendimientos o falta de oxígeno, ahora se cuela un robot de pocas decenas de kilos. Un uso muy parecido al que se plantea para Marte o la Luna, pero aplicado a un paisaje histórico que, además, forma parte de un parque natural protegido.
Una “metro” de agua bajo la Veio etrusca
Los datos confirman que bajo Veio no hay excavaciones al azar, sino un sistema planificado de galerías, estructuras hidráulicas, canales, cisternas y pozos. Todo ello conecta el pianoro de Campetti, donde se situaba el núcleo habitado, con la terraza del santuario de Portonaccio y la valle de Cannetaccio, un corredor natural para el desagüe de las aguas.
Uno de los puntos estrella es la gran piscina sagrada junto al templo de Apolo, alimentada por estos túneles. Allí se realizarían abluciones y rituales de purificación, y el propio estanque siguió en uso en época romana tras la conquista de Veio en el siglo IV antes de nuestra era, lo que indica que el sistema era eficaz y estaba bien integrado en la vida diaria.
No es el único ejemplo de ingeniería etrusca en la zona. Muy cerca, el famoso Ponte Sodo es en realidad un túnel de unos setenta metros excavado en el tufo para desviar el curso del torrente y evitar inundaciones, una obra hidráulica de unos dos mil quinientos años de antigüedad que todavía se puede recorrer con guía.
Tecnología espacial para proteger el paisaje
El proyecto de Veio se presenta como un laboratorio donde se cruzan patrimonio cultural, paisaje y tecnología. El uso de rovers, prospecciones geofísicas y sensores de última generación permite leer el subsuelo sin desmontar el parque ni abrir grandes zanjas nuevas, algo clave en un entorno donde conviven ruinas, bosque mediterráneo y senderos muy frecuentados.
Los responsables insisten en ese punto. La directora del Museo Etrusco de Villa Giulia, Luana Toniolo, resume que se han retomado las investigaciones con “métodos completamente innovadores” que permiten estudiar la ciudad oculta sin comprometer su conservación. El director general de Museos, Massimo Osanna, subraya que la mappatura de los cuniculi es “una novedad absoluta” para el sitio y un ejemplo de cómo la colaboración entre museos, universidades y centros de investigación puede ampliar de manera decisiva el conocimiento de uno de los lugares más significativos de la Etruria.
Además, los datos recogidos no se quedarán en un informe técnico. Servirán para construir modelos tridimensionales que muestren la red de túneles en relación con los templos, caminos y estructuras que vemos en superficie. Es decir, un “gemelo digital” del paisaje de Veio que podrá utilizarse tanto en la investigación como en la gestión del parque y en futuras visitas virtuales o recorridos inmersivos para el público.
Agua, clima y lo que Veio cuenta sobre el futuro
Todo esto no es solo una historia curiosa de arqueología. En un Mediterráneo donde se alternan veranos muy secos con episodios de lluvias torrenciales, entender cómo una ciudad antigua gestionaba el agua, limitaba las crecidas y mantenía reservas subterráneas ofrece pistas interesantes. Los cuniculi funcionaban como una infraestructura verde antes de que existiera ese término, integrados en el relieve y aprovechando la roca en lugar de luchar contra ella.
Para quien hoy mira la factura del agua o se preocupa por las inundaciones repentinas, saber que hace veinticinco siglos ya se pensaba en pendientes, niveles freáticos y almacenamiento bajo tierra ayuda a poner las cosas en perspectiva. No se trata de copiar sin más a los etruscos, pero sí de recordar que la adaptación al entorno y el uso estratégico del paisaje llevan mucho tiempo en la agenda humana.
En el fondo, la pequeña misión de Magellano bajo Veio habla de algo muy actual. Cómo combinar tecnología avanzada, respeto por el patrimonio y gestión responsable del territorio en un mismo proyecto. Y cómo un parque a pocos kilómetros de una gran capital puede convertirse en un aula abierta sobre agua, historia y resiliencia.












