Más de 1.500 tortugas gigantes fueron reintroducidas en Galápagos tras 150 años de declive; ahora derriban matorrales invasores y reactivan procesos ecológicos clave

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Publicado el: 14 de enero de 2026 a las 18:49
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Tortugas gigantes de Galápagos caminando entre matorrales en una isla volcánica

Durante décadas se ha hablado de las Galápagos como un museo de la evolución. Hoy empiezan a funcionar más bien como un taller de reparación de la naturaleza. Más de 1.500 tortugas gigantes reintroducidas en islas como Española, Pinzón o Santa Fe están derribando matorrales, abriendo claros, dispersando semillas y reactivando procesos ecológicos que llevaban alrededor de siglo y medio casi apagados.

La idea, sobre el papel, suena sencilla. Se devuelve al paisaje al gran herbívoro que lo moldeó durante miles de años y se deja que haga su trabajo. En la práctica detrás hay décadas de cría en cautividad, erradicación de cabras y ratas, planes de manejo y mucha ciencia de botas llenas de polvo.

¿Y qué significa todo esto para alguien que solo ha oído hablar de Darwin y de unas tortugas muy viejas en mitad del Pacífico? Que una solución basada en animales está devolviendo funciones al ecosistema que ni la mejor obra de ingeniería sería capaz de copiar con la misma eficiencia.

De icono turístico a pieza que faltaba en el puzle

Las tortugas gigantes sufrieron un desplome brutal con la llegada de balleneros, colonos y especies invasoras. En la isla Española, la población pasó de varios miles de ejemplares a solo catorce o quince individuos en los años sesenta. Esos últimos supervivientes se llevaron a un centro de cría y se convirtieron en los padres de toda la población actual.

Según datos de Galápagos Conservancy, en unos sesenta años se han criado en cautividad y liberado más de nueve mil tortugas en el archipiélago. Aun así, las poblaciones actuales representan en torno a una décima parte de las históricas y ocupan algo más de un tercio del hábitat disponible.

Solo con tres islas se entiende de dónde sale la cifra de más de 1.500 reintroducciones recientes. En Pinzón se han repatriado más de mil juveniles. Santa Fe, donde la especie original desapareció hace más de 150 años, alberga ya 732 tortugas introducidas como análogo ecológico. A eso se suman las liberaciones continuas de juveniles en Española, como las 86 tortugas soltadas en 2023 en una nueva zona de la isla.

Lo que hacen las tortugas sobre el terreno

Un estudio reciente publicado en la revista científica Conservation Letters ha seguido durante ocho años parcelas valladas y abiertas en Española y ha comparado fotos aéreas tomadas a lo largo de quince años. La conclusión es clara. Donde las tortugas entran, la cobertura de arbustos jóvenes baja, la vegetación se abre y aumentan las zonas de hierbas, un paisaje más parecido a una sabana que a un matorral cerrado. El trabajo apunta además a una densidad clave de entre una y dos tortugas por hectárea para frenar el avance de plantas leñosas.

Ese cambio no es solo estético. Al despejar matorrales, las tortugas facilitan que vuelvan a crecer los grandes cactus de Opuntia, fundamentales como alimento y sombra para muchas especies. Además crean pistas de aterrizaje naturales para el albatros de Galápagos, un ave que solo cría en Española y que necesita espacios abiertos para despegar sin chocarse con las ramas.

En Santa Fe, las tortugas de Española se han soltado para ocupar el papel de la especie original, hoy extinta. El seguimiento de la Dirección del Parque Nacional Galápagos y de Galápagos Conservancy muestra que los animales ya se han dispersado por aproximadamente un treinta por ciento de la superficie de la isla, con tasas de supervivencia muy altas. Allí están ayudando a dispersar semillas, en especial de cactus, y a mantener un equilibrio con las iguanas terrestres sin que haya competencia fuerte por los recursos.

Otras investigaciones sobre dispersión de semillas recuerdan que estas tortugas no solo podan la vegetación; también actúan como jardineras. Las semillas que comen pueden permanecer días en su intestino y una parte importante se deposita a más de un kilómetro del árbol madre, envuelta en heces ricas en nutrientes. Es una forma muy eficaz de llevar genes de una punta a otra del paisaje y de dar a las plántulas un empujón de fertilizante natural.

Tortugas como infraestructura ecológica viva

Cuando se habla de restaurar ecosistemas se suele pensar en maquinaria pesada, grandes proyectos de obra civil o tecnologías sofisticadas. Galápagos ofrece otro enfoque. Devolver al sistema al herbívoro adecuado hace el trabajo de manera continua, sin combustible, sin enchufe y durante más de cien años de vida.

En el fondo, el rewilding trófico que se está ensayando con las tortugas gigantes se ha convertido en un caso de estudio para proyectos similares con otros grandes herbívoros en islas y zonas degradadas del planeta. La literatura científica cita este ejemplo cuando se discuten las funciones de los llamados “ecosystem engineers”, desde castores y bisontes hasta estos grandes reptiles que actúan a cámara lenta pero con efectos profundos sobre el paisaje.

Queda mucho por hacer. Las tortugas todavía están lejos de sus números históricos y las amenazas de especies invasoras y cambio climático no han desaparecido. Sin embargo, los datos acumulados en Española, Santa Fe o Pinzón muestran algo importante. Cuando se devuelve al sistema la pieza que faltaba, el propio ecosistema empieza a repararse de dentro hacia fuera.

El estudio científico que analiza en detalle estos cambios se ha publicado en la revista Conservation Letters.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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