Un equipo de la Universidad de Colonia ha reconstruido con simulaciones el avance de los humanos modernos y el repliegue neandertal entre hace 50.000 y 38.000 años y sitúa el contacto más probable en la cornisa cantábrica y su extremo occidental
La pregunta lleva décadas sobre la mesa, pero casi siempre con la misma coletilla de prudencia. Si neandertales y Homo sapiens llegaron a solaparse en la Península Ibérica, dónde ocurrió y durante cuánto tiempo. Un trabajo reciente propone una respuesta tentativa y, sobre todo, un mapa de prioridades para buscar evidencias en el terreno. La hipótesis coloca el foco en el norte peninsular, con mayor probabilidad en el noroeste, como escenario de un contacto breve y excepcional.
La reconstrucción procede de un estudio publicado en PLOS One, que emplea un modelo numérico para simular crecimiento, movilidad y colapso de poblaciones humanas en el tránsito del Paleolítico Medio al Superior. La investigación, según explicó la propia Universidad, se enmarca en un proyecto interdisciplinar que cruza climatología, arqueología y matemáticas.
Neandertales y Homo sapiens en el noroeste peninsular
El patrón que emerge de la mayoría de las simulaciones es sobrio y poco cinematográfico. Los neandertales tienden a replegarse hacia refugios costeros mientras los humanos modernos progresan desde el sur de Francia hacia el norte de la Península. El solapamiento existe, pero es raro y localizado.
La cifra resume la cautela que los autores reclaman. Solo alrededor del uno por ciento de las simulaciones genera escenarios con mezcla entre ambos grupos. Cuando aparece, la franja con más opciones se concentra en la cornisa cantábrica y su prolongación occidental. Dicho de otro modo, el “primer cruce” sería más bien un roce estadístico que una convivencia sostenida.
La ruta cantábrica y el corredor del Duero
El trabajo describe dos ejes de expansión. Uno discurre por la costa atlántica y cantábrica, que permite una llegada relativamente temprana de humanos modernos al norte. El otro apunta a un corredor interior vinculado al valle del Duero, que conecta Cantabria con el occidente peninsular y Portugal.
El modelo sugiere que la ocupación del oeste pudo ser más rápida de lo que asumían algunas cronologías y que los puntos de contacto estarían condicionados por rutas de movilidad más que por fronteras “naturales” fijas.
El clima como presión de fondo en la extinción neandertal
El estudio subraya que la desaparición neandertal no se reduce a la llegada de los sapiens. La simulación incorpora oscilaciones climáticas que habrían comprimido recursos y fragmentado poblaciones, un efecto que se vuelve crítico cuando el tamaño de los grupos cae por debajo de ciertos umbrales.
En ese marco, la competencia con humanos modernos actúa como una presión añadida, no como explicación única. La lectura es coherente con una idea cada vez más extendida en paleoantropología, que asocia los colapsos demográficos a la combinación de estrés ambiental, aislamiento y menor conectividad social.
Qué falta para pasar de la hipótesis a la evidencia
Los autores insisten en el límite principal de su propuesta. El modelo orienta, pero no prueba. Para que el noroeste peninsular deje de ser una región “probable” y se convierta en un lugar documentado, harán falta excavaciones, dataciones y hallazgos comparables.
En paralelo, parte del interés público por estos cruces se alimenta de piezas divulgativas recientes sobre el registro prehistórico, desde debates sobre alimentación hasta el seguimiento de cuevas o el eco mediático de descubrimientos de orígenes y antigüedades que reabren preguntas sobre nuestra historia. Ese ruido de fondo no sustituye a la prueba arqueológica, pero recuerda por qué importa afinar el pasado humano.
Si el encuentro ocurrió, la propuesta no lo imagina como un capítulo largo, sino como un episodio corto y desigual, en el que un grupo llega mientras el otro ya se contrae. Y si no ocurrió, el mismo modelo ofrece una explicación plausible. En la mayoría de los escenarios, el tiempo simplemente no alcanzó.
El estudio ha sido publicado en el DOI de PLOS One.








