El fabricante prevé otro año de fuerte crecimiento y acelera su apuesta por la litografía de vanguardia y el empaquetado avanzado en plena carrera global por asegurar la cadena de suministro
Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el mayor fabricante de chips por contrato del mundo, ha anunciado un presupuesto de inversión de capital para 2026 de entre 52.000 y 56.000 millones de dólares, un salto notable frente a los 40.900 millones desembolsados en 2025. La decisión, comunicada con la presentación de resultados del cuarto trimestre, refuerza la tesis de que el auge de la inteligencia artificial no es un pico coyuntural, sino una demanda estructural que obliga a ampliar capacidad en nodos punteros y en técnicas de integración de chips.
El anuncio llega con una señal de fortaleza financiera. La compañía cerró el trimestre con un beneficio neto récord en torno a 505.000 millones de dólares taiwaneses y unos ingresos que superaron el billón de dólares taiwaneses, apoyados en la demanda de tecnologías avanzadas para computación de alto rendimiento y aceleradores de IA.
Inversión récord de TSMC en 2026 para chips de IA
Detrás del incremento del gasto está el cuello de botella más determinante de la economía digital. Sin capacidad suficiente en fabricación de vanguardia, la expansión de los modelos de IA se encarece y se ralentiza. En su comunicación a inversores, TSMC situó el rango de inversión de 2026 entre 52.000 y 56.000 millones de dólares.
La compañía prevé, además, un primer trimestre de 2026 con ingresos de entre 34.600 y 35.800 millones de dólares y márgenes brutos al alza, señales de que la utilización de sus fábricas sigue elevada.
Capex de TSMC y la carrera por nodos avanzados y empaquetado
La orientación del gasto es tan relevante como el volumen. Según la transcripción de la conferencia de resultados, TSMC espera dedicar en torno al 70% y el 80% del presupuesto a tecnologías de proceso de vanguardia, con una parte adicional para capacidades especializadas y empaquetado avanzado, clave para mejorar rendimiento y eficiencia energética en chips de IA.
En paralelo, la empresa ha insistido en que la demanda es fuerte pero exige prudencia en la ejecución. En su comunicación a inversores, el consejero delegado, C.C. Wei, resumió el riesgo industrial de esta fase al admitir que están “muy nerviosos” con el tamaño del desembolso y que un error de planificación sería “un desastre” para la compañía.
Aquí se abre una lectura menos evidente y más estratégica. La inversión no solo compra capacidad, también compra tiempo. En semiconductores, quien llega primero fija precios, asegura pedidos y empuja a sus clientes a diseñar productos alrededor de su hoja de ruta. Y eso, en IA, vale tanto como la propia innovación algorítmica.
Expansión de TSMC en Estados Unidos y presión geopolítica sobre la cadena de suministro
El plan también se encuadra en la diversificación industrial fuera de Taiwán. TSMC sostiene un despliegue de gran escala en Arizona y lo presenta como una pieza para reforzar la resiliencia de suministro en un mercado cada vez más politizado.
En esa misma dirección, el Departamento de Comercio de Estados Unidos ha vinculado incentivos públicos a la construcción de fábricas punteras en Phoenix, con el objetivo declarado de recuperar capacidad productiva de chips avanzados en territorio norteamericano.
La geopolítica, además, vuelve a entrar por la puerta grande en 2026. Reuters subraya que el debate sobre aranceles y acuerdos comerciales planea sobre el sector y que parte del mercado vigila cómo pueden afectar las decisiones de Washington a la rentabilidad de la cadena de valor.
Energía y agua, la factura silenciosa del auge de la inteligencia artificial
El foco habitual está en los miles de millones y en los nanómetros, pero hay un coste menos visible que condiciona el futuro inmediato. La IA y los centros de datos empujan el consumo eléctrico y elevan la exigencia sobre infraestructuras energéticas. En Europa, el debate ya se formula en términos de suficiencia de generación y redes ante el crecimiento de la demanda digital.
A ese vector se suma el agua, un insumo crítico tanto para la fabricación de semiconductores como para la refrigeración de centros de datos. La discusión sobre condiciones ambientales y suministro hídrico se ha instalado también en el debate público sobre la expansión tecnológica.
Y, como telón de fondo, la huella climática. Un reciente artículo divulgativo en Ecoticias recoge estudios que alertan de un aumento sustancial de emisiones asociadas a la IA, un recordatorio de que la transición digital no es neutra en términos de CO₂ si no se acompaña de descarbonización del sistema eléctrico.
En suma, el presupuesto récord de TSMC para 2026 funciona como termómetro de la economía de la IA y como termostato de sus límites. Señala que la demanda sigue fuerte, pero también que la próxima frontera ya no es solo fabricar más, sino hacerlo con energía, agua y geografía política suficientes para sostener el salto de escala.
El comunicado oficial ha sido publicado en TSMC.










