Científicos se meten a 100 metros bajo tierra en Albania y encuentra un lago termal tan grande que desafía las leyes de lo que creíamos saber

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Publicado el: 22 de enero de 2026 a las 09:42
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Científicos explorando el lago termal subterráneo Lake Neuron en la cueva Atmos de Albania.

Un lago termal gigante bajo Albania: la “piscina” subterránea que obliga a mirar al agua con otros ojos

A más de 100 metros bajo tierra, en el sur de Albania y muy cerca de la frontera con Grecia, un equipo de espeleólogos y científicos checos ha confirmado la existencia de lo que describen como el mayor lago termal subterráneo documentado hasta la fecha. Lo han bautizado como “Lake Neuron” y no es un charco escondido precisamente: mide unos 138 metros de largo por 42 de ancho y almacena alrededor de 8.335 metros cúbicos de agua termal (más o menos el equivalente a 3,5 piscinas olímpicas).

La pregunta cae sola: ¿qué pinta un “mar” caliente ahí abajo, y por qué importa en pleno debate sobre agua, energía y clima?

Una pista en forma de vapor y un pozo llamado “Atmos”

La historia arranca con algo muy poco sofisticado, aunque suene a película. En las expediciones por la zona de Leskovik, los investigadores detectaron una columna de vapor saliendo de un macizo calizo. Siguieron la señal y dieron con un abismo de más de 100 metros de profundidad, al que llamaron “Atmos”. En el fondo, aparecieron cuevas, surgencias termales y, finalmente, el lago.

No fue llegar y medir. En 2021 ya habían visto el sistema, pero sin instrumentos adecuados era imposible cuantificarlo con precisión. La confirmación llegó después, al volver con tecnología de escaneo 3D y equipos de cartografía subterránea. “Para poder presentar este hallazgo a la comunidad científica, hacían falta investigación y mediciones precisas”, explicó el líder de la expedición, Marek Audy.

Lo que hace especial a este lago (y a su “fontanería” natural)

Lo primero es que no se trata solo de un lago aislado. Un informe técnico sobre las cuevas “Atmos” y “Sulfur” describe un sistema hidrotermal ligado a aguas minerales sulfurosas en el valle de Vromoner. Hablan de aguas ricas en sulfuro de hidrógeno (H2S), capaces de generar ácido sulfúrico al oxidarse, que a su vez transforma la caliza en yeso en un proceso continuo de “modelado” de la cueva.

Y luego está la parte que conecta esto con algo muy terrenal: el agua que sale a la superficie. Según ese mismo documento, todas las surgencias del valle presentan la misma temperatura y composición, con un caudal total estimado de 200 litros por segundo. El agua ronda los 26 ºC y los sólidos disueltos totales se sitúan en torno a 1 g/L.

Para comprobar si el lago está “enchufado” a esas surgencias, el equipo hizo una prueba con trazador (fluoresceína sódica) y observó que el agua del lago se reparte hacia prácticamente todos los manantiales de la zona, con una excepción (el llamado “Old Spa Spring”, que podrían alimentar captaciones). En otras palabras, no es solo un lago bonito: es una pieza central del circuito hídrico local.

Por qué esto también es una noticia ambiental

Cuando se habla de calor interno de la Tierra, mucha gente piensa en géiseres lejanos o en spas. Pero un sistema así sirve para entender tres cosas muy concretas.

La primera es biodiversidad subterránea. Donde hay agua estable, temperatura relativamente constante y química particular, pueden aparecer comunidades biológicas muy específicas. En el documento técnico se indica que la investigación multidisciplinar y el estudio biológico del biotopo continúan.

La segunda es clima y agua. Los acuíferos y las surgencias no viven al margen de las sequías o de los cambios de lluvia. Tener un “mapa” detallado del sistema y puntos de control ayuda a seguir cómo responde el subsuelo a cambios externos, aunque aquí conviene ser prudentes: todavía se está en fase de caracterización y seguimiento, no de conclusiones definitivas.

La tercera es conservación. Los propios autores plantean colaborar con autoridades locales para que estas cuevas hipogénicas se incluyan en el Parque Nacional del Vjosa y, además, advierten de posibles impactos si se construye una presa en el lado griego del río Sarandaporo, por cómo podría afectar al hábitat de la cueva “Sulfur”.

A veces, la sostenibilidad empieza por algo tan básico como esto: saber qué hay bajo nuestros pies antes de tocarlo. Y eso se nota.

El comunicado oficial sobre el hallazgo se ha publicado en la web de la Neuron Foundation, en esta nota de prensa.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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