Cuando los continentes se rompieron hace millones de años, algo profundo cambió dentro de la Tierra y hoy los científicos empiezan a entender cómo afectó al CO₂ y al clima

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Publicado el: 23 de enero de 2026 a las 20:44
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Diagrama del ciclo profundo del carbono y el movimiento del manto terrestre durante la fragmentación de placas continentales.

Cuando pensamos en el clima o en el CO₂ solemos mirar hacia arriba, a la atmósfera. Pero una nueva investigación recuerda que parte de la historia empieza mucho más abajo, en las raíces profundas de los continentes, a cientos de kilómetros de profundidad.

Un equipo internacional ha mostrado que, cuando los continentes se fragmentan, el manto que hay bajo ellos se “despega” de forma organizada y se desliza hacia los océanos. Ese material, químicamente rico y cargado de volátiles como el carbono, alimenta volcanes submarinos durante decenas de millones de años y deja una huella duradera en el interior del planeta y en el ciclo profundo del carbono.

Continentes con raíces y un manto “enriquecido”

Bajo cada continente no solo hay roca rígida. Hay también una especie de raíz profunda, más fría y gruesa que el manto que la rodea. En esas raíces, a lo largo de miles de millones de años, se han ido acumulando elementos como estroncio, neodimio, plomo y también compuestos carbonatados y agua.

A ese manto cargado de “ingredientes extra” los geólogos lo llaman manto enriquecido. Es el que explica por qué muchas islas volcánicas y montes submarinos muestran firmas químicas muy distintas de las dorsales oceánicas normales. Durante años se pensó que esa señal venía sobre todo de restos de corteza subducida o de grandes penachos profundos. El nuevo trabajo añade otra pieza al puzle, en buena medida más cercana a la superficie.

Una cadena de “goteos” bajo los bordes continentales

Cuando un continente entra en fase de ruptura y comienza un rift, se afina la litosfera y aparecen fuertes contrastes de temperatura y densidad entre la raíz fría y el manto más caliente.

El estudio combina modelos numéricos de alta resolución con datos geoquímicos y propone un mecanismo muy gráfico. Bajo el borde del continente se organiza una cadena de inestabilidades en el manto, algo parecido a gotas de miel que caen lentamente desde el reverso de una cuchara. Cada “gota” de raíz continental se desprende, se hunde un tramo y luego es capturada por células de convección que la arrastran lateralmente hacia el manto bajo el nuevo océano.

En la práctica esto significa que, tras la apertura de un océano, el manto que hay bajo la joven corteza oceánica no es homogéneo. Lleva mezclados trozos de antigua raíz continental, muy enriquecida, que pueden fundirse con más facilidad y dar lugar a volcanismo intraplaca lejos de los límites de placa.

El laboratorio natural del Índico

Para comprobar si este mecanismo se ve en el mundo real, el equipo se fijó en una zona muy concreta, la provincia de montes submarinos de la isla Christmas y la zona de fractura Investigator, en el océano Índico oriental. Se trata de una cadena de volcanes submarinos situada cerca de las antiguas márgenes de Australia y la Antártida, en una región donde no se ha identificado un gran penacho profundo que complique la historia.

Los datos de edad y composición de las lavas revelan un patrón claro. La señal de manto enriquecido alcanza un máximo dentro de unos cincuenta millones de años después de la ruptura definitiva entre India y el bloque Australia–Antártida y luego va disminuyendo poco a poco con el tiempo. Ese comportamiento coincide con lo que predicen los modelos, que muestran un gran pulso de material arrancado de la raíz continental entrando en el manto oceánico en los primeros millones de años tras la apertura del océano y una aportación cada vez menor después.

En otras palabras, los montes submarinos del Índico guardan la memoria química de cómo se “pelaron” por debajo los continentes vecinos cuando Gondwana se fragmentó.

Por qué esto importa para el clima y el CO₂

Puede parecer un proceso muy lejano al día a día, mucho más remoto que la factura de la luz o el tráfico de nuestras ciudades. Sin embargo, a escala de millones de años es precisamente este tipo de reorganización profunda la que controla dónde y cuándo se forman volcanes, cuánta cantidad de gases como el CO₂ sale a la superficie y cómo se redistribuyen los elementos entre el interior de la Tierra, los océanos y la atmósfera.

Los autores señalan que este “barrido” lateral de raíces continentales hacia el manto oceánico modifica durante largos periodos el llamado ciclo profundo del carbono, la parte del ciclo en la que el carbono queda almacenado o liberado desde el interior del planeta. No sirve para explicar el rápido calentamiento actual, provocado en buena parte por las emisiones humanas, pero sí ayuda a entender por qué el clima de la Tierra ha ido alternando entre estados más fríos y más cálidos a lo largo de cientos de millones de años.

Una pieza más del puzle geológico

El trabajo también ofrece una alternativa o un complemento a la idea de que todas las anomalías químicas del manto dependen de grandes penachos que ascienden desde zonas muy profundas. Según el nuevo modelo, hay una contribución importante de procesos “de arriba hacia abajo”, ligados a la ruptura de continentes y a la erosión de sus raíces.

Para quienes estudian el medio ambiente y la sostenibilidad, estos resultados recuerdan algo importante. La Tierra no es un escenario estático sobre el que actuamos los seres humanos, sino un sistema dinámico en el que la geología, el clima y la vida llevan interactuando miles de millones de años. Entender esa interacción, también en las profundidades, ayuda a poner en contexto el papel del CO₂ y otros gases de efecto invernadero a largo plazo.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Nature Geoscience.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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