El telescopio James Webb detecta la supernova más lejana jamás confirmada: explotó cuando el universo solo tenía mil millones de años

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Publicado el: 27 de enero de 2026 a las 12:39
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Imagen del telescopio James Webb de la supernova más lejana asociada al estallido GRB 250314A

El Telescopio Espacial James Webb acaba de ponerle cara a algunas de las primeras estrellas que murieron en el universo. Por un lado, ha identificado la supernova más temprana vista hasta ahora, ligada al estallido de rayos gamma GRB 250314A, que explotó cuando el cosmos tenía solo 730 millones de años. Por otro, ha permitido descubrir SN Eos, una supernova de tipo II que estalló unos mil millones de años después del Big Bang y que hoy se considera la supernova de tipo II más lejana confirmada con espectros.

Dicho así suena muy lejano. Pero estas explosiones son, en buena medida, el origen de los elementos que hoy forman el suelo que pisamos, el hierro de nuestra sangre o el silicio del móvil. Entender cómo morían las primeras estrellas ayuda a reconstruir cómo se formaron las galaxias jóvenes y cómo se repartieron por el espacio los materiales que, miles de millones de años después, harían posible la vida en un planeta como la Tierra.

GRB 250314A, una explosión en plena infancia del universo

La historia de la supernova más temprana conocida empieza con un destello brevísimo. El 14 de marzo de 2025, el telescopio espacial franco‑chino SVOM detectó un estallido de rayos gamma, GRB 250314A, que duró unos diez segundos. Para los astrónomos eso ya es una pista, porque los estallidos largos suelen estar ligados a la muerte explosiva de estrellas muy masivas.

En cuestión de horas se activó una cadena de telescopios en tierra. El satélite Swift de la NASA clavó la posición en rayos X, el Telescopio Óptico Nórdico en Canarias detectó el resplandor en infrarrojo y el Very Large Telescope de ESO calculó que el objeto existía cuando el universo apenas había cumplido 730 millones de años, en plena Era de la Reionización.

Aquí entra en juego Webb. El equipo programó observaciones para el 1 de julio, unos tres meses y medio después del estallido, justo cuando la supernova asociada debía alcanzar su máximo brillo. La luz de ese evento ha viajado unos 13 mil millones de años, estirada por la expansión del universo. Eso no solo desplaza su color hacia el infrarrojo, también hace que la explosión parezca desarrollarse a cámara lenta. Por eso, en lugar de brillar durante semanas, esta supernova tardó meses en alcanzar y perder su brillo máximo.

Las imágenes de Webb permitieron separar la luz de la supernova, el resplandor del estallido y la tenue galaxia anfitriona. El resultado sorprendió al equipo.

SN Eos, la “diosa del amanecer” amplificada por una lente cósmica

El segundo récord llega con otro truco de la naturaleza. SN Eos se ha detectado gracias al efecto de lente gravitacional. Un cúmulo de galaxias masivo, MACS 1931.8‑2635, curva el espacio y actúa como lupa, ampliando y duplicando la imagen de una galaxia diminuta de fondo. Dentro de esa galaxia, JWST ha captado la explosión de una estrella masiva, que vemos como una supernova de tipo II con múltiples imágenes.

Los datos muestran que SN Eos tiene un corrimiento al rojo de 5,133. Traducido, la explosión ocurrió cuando el universo tenía alrededor de mil millones de años, poco después de que el gas intergaláctico se volviera transparente a la luz ultravioleta. Sin la enorme ampliación de la lente gravitacional la supernova sería demasiado débil para detectarla, incluso para Webb.

El análisis de su luz indica que se trata de una supernova de tipo II‑P, una variante que mantiene un brillo casi constante durante un “altiplano” de semanas o meses antes de apagarse. Además, la estrella progenitora explotó en un entorno muy pobre en metales, con menos de un diez por ciento de la abundancia de elementos pesados que tiene el Sol. Es la primera evidencia directa de una supernova de este tipo en un ambiente tan primitivo, y confirma que ya había formación estelar masiva en galaxias muy jóvenes y poco enriquecidas.

Qué significa todo esto para nosotros

Puede parecer que todo esto tiene poco que ver con la factura de la luz o con los problemas ambientales de aquí y ahora. Sin embargo, el propio equipo de SN Eos recuerda que las explosiones de estrellas masivas son las fábricas cósmicas donde se crean muchos de los elementos necesarios para la vida, desde el oxígeno hasta buena parte del carbono y del hierro. Sin generaciones de supernovas como estas, no habría planetas rocosos, ni atmósferas respirables, ni océanos en los que pudiera surgir la vida.

Además, estos descubrimientos afinan los modelos que describen cómo crecieron las primeras galaxias y cómo se iluminó el universo tras sus “edades oscuras”. En la práctica, es una pieza más del rompecabezas que conecta el cielo profundo que observa Webb con el cielo cotidiano que vemos desde nuestros pueblos y ciudades.

De momento solo hay un puñado de explosiones tan tempranas como GRB 250314A y SN Eos, pero los astrónomos esperan encontrar muchas más. Cada nueva supernova antigua permitirá comprobar si estas dos son excepciones o la norma en la juventud del cosmos.

El comunicado oficial sobre la supernova asociada a GRB 250314A ha sido publicado en la web científica de la NASA, en la nota “NASA’s Webb Identifies Earliest Supernova to Date, Shows Host Galaxy”, y el estudio detallado sobre SN Eos puede consultarse en el artículo A spectroscopically confirmed, strongly lensed, metal-poor Type II supernova at z = 5.13


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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