El paisaje bajo la superficie helada de la Antártida se revela con un detalle sin precedentes

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Publicado el: 28 de enero de 2026 a las 12:27
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Bloque de hielo en la Antártida sobre el océano con un mapa del relieve subglacial que muestra la topografía oculta bajo el hielo

Bajo la capa de hielo más grande del planeta hay algo más que roca fría y aburrida. Un nuevo mapa ha revelado con un detalle sin precedentes un mundo de montañas, valles profundos, cañones y decenas de miles de colinas ocultas bajo la Antártida. Y no es solo curiosidad científica. Este “relieve fantasma” es una de las llaves para afinar cuánto y qué rápido puede subir el nivel del mar en las próximas décadas.

Hasta ahora conocíamos bastante bien la superficie helada gracias a los satélites, pero el lecho rocoso era casi un mapa a medias. En muchos puntos se interpolaba entre perfiles de radar separados por cinco, diez o incluso más de cien kilómetros. Como intentar dibujar los Pirineos habiendo sobrevolado solo unas pocas líneas rectas.

El equipo liderado por la glacióloga Helen Ockenden ha usado otra vía. Ha combinado mapas satelitales de alta resolución de la superficie y de la velocidad del hielo con la física de cómo se deforma y fluye la capa helada para “invertir” la señal y deducir qué relieve hay debajo. Es la técnica conocida como Ice Flow Perturbation Analysis. En el fondo, han leído las arrugas de la sábana de hielo para reconstruir la cama.

Un continente oculto lleno de colinas, valles y canales

El resultado es el mapa más detallado hasta la fecha de la topografía subglacial a escala de todo el continente. El estudio identifica más de treinta mil colinas antes desconocidas y rellena con mucho más detalle las grandes cordilleras y cuencas de las que ya se tenía noticia. Estas nuevas formas del relieve se mueven en el rango de unos pocos kilómetros a unas decenas, justo la escala que más falta hacía para mejorar los modelos de hielo.

En regiones como la Cuenca Subglacial Maud el equipo ha descrito un canal excavado en el lecho con unos 50 metros de profundidad media, unos 6 kilómetros de ancho y casi 400 kilómetros de longitud, algo así como ir de Madrid a Cádiz en línea recta. Ese tipo de estructuras canaliza el hielo como si fueran autopistas subterráneas que facilitan su deslizamiento hacia el océano.

Los científicos destacan que muchas de estas formas recuerdan a paisajes que sí vemos al aire libre en Escocia, Escandinavia, Canadá o Groenlandia. Eso sugiere que parte del relieve se esculpió antes de que la Antártida se cubriera de hielo hace más de 34 millones de años y luego se retocó con el empuje de la capa helada.

¿Qué tiene que ver todo esto con el nivel del mar?

La pregunta clave es esta. ¿En qué cambia nuestra vida que bajo la Antártida haya colinas en lugar de una llanura lisa?

La respuesta corta. Mucho. La forma del lecho controla la fricción que frena o acelera el flujo del hielo. Terrenos muy rugosos, con lomas y montañas, tienden a frenar el retroceso de los glaciares. Zonas más lisas permiten que la masa de hielo se deslice con más facilidad hacia el mar, donde acaba fundiéndose y contribuyendo a la subida del nivel del mar.

En la práctica esto significa que, cuando los modelos climáticos calculan cuántos centímetros puede subir el mar que baña nuestras costas, no basta con saber cuánto se calienta el aire o el océano. Hay que saber también si la base del hielo que descansa sobre el continente es un “freno de mano” de roca rugosa o una pista de patinaje. Este nuevo mapa reduce una parte importante de esa incertidumbre, sobre todo en la franja que los expertos consideran la más vulnerable de la Antártida.

Para hacerse una idea de lo que está en juego. La capa de hielo antártica almacena alrededor del 70 por ciento del agua dulce del planeta, con espesores que alcanzan casi cinco kilómetros. Cualquier cambio en su estabilidad, incluso si solo afecta a una fracción, puede traducirse con el tiempo en impactos muy reales sobre deltas, puertos y playas donde hoy veraneamos.

Un gran avance, pero no la “palabra final” sobre la Antártida

El propio equipo reconoce que el mapa no es perfecto. El método se apoya en suposiciones sobre cómo se deforma el hielo, cómo se desliza sobre la base y qué ocurre en la interfaz entre hielo y roca. Otros especialistas recuerdan que sigue haciendo falta trabajo de campo con radar y campañas aéreas para validar y refinar lo que insinúan los satélites.

Aun así, el salto es grande. Este producto permite localizar mejor dónde merece la pena invertir en nuevas mediciones sobre el terreno y dónde los datos actuales ya son suficientes. También servirá para mejorar las proyecciones que usan organismos como el IPCC cuando elaboran sus escenarios de subida del nivel del mar, de los que luego dependen decisiones sobre infraestructuras costeras, seguros o planes de adaptación.

En resumen, seguimos sin poder ver a simple vista lo que hay bajo esa inmensa sábana blanca, pero el “mapa mental” que usan los científicos acaba de ganar muchos píxeles. Y en un mundo en el que cada décima de grado y cada centímetro de mar cuentan, entender mejor cómo respira la Antártida no es un lujo académico. Es información que, tarde o temprano, se notará en las ciudades y costas donde vivimos.

El estudio completo se ha publicado en la revista académica Science.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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