China se queda sin basura para quemar tras levantar más de 1.000 incineradoras y resuelve el problema de alimentar sus hornos excavando antiguos vertederos

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Por HoyECO
Publicado el: 29 de enero de 2026 a las 15:26
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Planta de incineración de residuos en China dentro de la mayor red mundial de valorización energética.jpg

Durante años, China presentó la incineración de residuos como una solución rápida a sus montañas de basura y a la falta de vertederos. Hoy el panorama se ha dado la vuelta. El país ha levantado más de 1.000 plantas de valorización energética y, sin embargo, empieza a faltarle basura que quemar. Tanto que algunas instalaciones están pagando por recibir residuos e incluso excavando antiguos vertederos para alimentar los hornos.

La red de incineradoras china es ya la mayor del planeta y puede procesar más de 1,1 millones de toneladas de residuos al día. Diferentes análisis estiman que estas plantas concentran en torno a dos tercios de la capacidad mundial de generación eléctrica a partir de basura.

El problema es que buena parte de esos hornos están a medio gas. En 2022 las plantas tenían capacidad para tratar unos 333 millones de toneladas de residuos al año, mientras que la basura doméstica recogida se quedó en unos 311 millones. A mediados de 2024 la capacidad diaria ya superaba en alrededor de un tercio la meta oficial del plan quinquenal y más del 40% de esa capacidad permanecía sin utilizar.

La pregunta es casi inevitable. ¿Cómo se pasa de ciudades sitiadas por la basura a incineradoras que se quedan sin combustible?

De la crisis de los vertederos al exceso de capacidad

El giro arranca hace algo más de una década, cuando muchos municipios chinos no sabían dónde colocar una bolsa más de basura. Vertederos al límite, fugas de lixiviados, quejas vecinales. Ante esa presión, Pekín impulsó con fuerza la incineración con recuperación de energía, apoyada en subvenciones, tarifas ventajosas por kilovatio hora y grandes alianzas público privadas.

La apuesta funcionó en el corto plazo. En 2018 China podía incinerar unos 102 millones de toneladas de residuos urbanos al año, cerca del 45% de sus residuos domésticos. Para 2024 la capacidad había subido a unos 206 millones de toneladas, el 79% de esa fracción. En menos de diez años el país pasó de enterrar la mayor parte de su basura a quemar la mayoría.

Pero la construcción siguió corriendo incluso cuando la generación de residuos empezaba a moderarse. La ralentización económica, el envejecimiento demográfico y, sobre todo, la mejora en la recogida selectiva y el reciclaje han reducido la cantidad de basura que llega a las plantas. Cuando se separan envases, papel o materia orgánica, lo que queda en la bolsa gris es menos y, además, arde peor.

Plantas que buscan basura donde sea

En la práctica esto se traduce en incineradoras que operan por debajo del 80% de su capacidad, con líneas que solo se ponen en marcha unos meses al año. Monitorizaciones recientes apuntan a más de un centenar de instalaciones que estuvieron paradas más de la mitad del tiempo durante el último año.

Para no dejar enfriar los hornos, algunas plantas han empezado a pagar a empresas de gestión de residuos por el material que antes recibían gratis. Otras están aceptando residuos industriales y escombros de construcción para completar la carga diaria. En provincias como Anhui o Hebei, operadores reconocen que una de cada tres líneas permanece cerrada todo el año por falta de basura y no por problemas técnicos.

Se han documentado incluso excavaciones en antiguos vertederos para recuperar fracciones que todavía se pueden quemar. Esta opción evita parar equipos caros y complejos, pero reabre depósitos que ya estaban sellados, con el consiguiente riesgo de liberar lixiviados y gases atrapados.

El desajuste no se queda dentro de las fronteras chinas. Con tantas plantas hambrientas, varias empresas de valorización energética están buscando contratos en el Sudeste Asiático, donde muchos países siguen dependiendo de vertederos y ven la incineración como una solución rápida al problema de la basura.

Menos basura puede ser buena noticia, pero no resuelve todo

Desde el punto de vista ambiental, que haya menos residuos en la cinta transportadora es, en gran medida, una buena señal. Ciudades como Shenzhen, con unos 18 millones de habitantes, ya no envían residuos domésticos a vertederos. Toda la basura urbana se gestiona mediante cinco instalaciones con una capacidad de 20.000 toneladas diarias apoyadas en sistemas avanzados de separación y reciclaje.

Un responsable de una planta en la provincia de Zhejiang lo resumía así al ser preguntado por esta situación. Decía que «tener menos residuos es en realidad algo bueno» porque indica que el entorno mejora.

El problema aparece cuando un modelo de negocio depende de que la bolsa de basura siga creciendo. Si las incineradoras necesitan más residuos para cuadrar cuentas, la tentación es llenar hornos en lugar de reforzar la reducción, la reutilización y el reciclaje, que es precisamente el orden de prioridades que recomiendan los expertos en gestión de residuos.

El otro residuo que no se ve cenizas, lixiviados y CO2

Además de electricidad y calor, cada tonelada de basura quemada genera residuos secundarios que no desaparecen por arte de magia. Solo en 2024 las plantas de incineración chinas produjeron unos 13 millones de toneladas de cenizas volantes y 63 millones de toneladas de lixiviados. Apenas un 15% de esas cenizas se reutilizó, sobre todo en materiales de construcción. El resto permanece como residuo complejo, caro de tratar y con salidas limitadas, más aún en plena crisis del sector inmobiliario del país.

La literatura científica recuerda que las cenizas volantes de incineración de residuos municipales se consideran residuos peligrosos por su elevada concentración en metales pesados y su potencial de lixiviación. Un manejo deficiente puede contaminar suelos y aguas durante décadas.

En cuanto al clima, las plantas ayudan a evitar parte del metano que emitirían los vertederos, pero a cambio liberan grandes cantidades de CO2 al quemar fracciones plásticas de origen fósil. En el mejor de los casos, la incineración puede ser un mal menor frente al vertido descontrolado. Difícilmente es una solución definitiva si lo que se busca es avanzar hacia una economía verdaderamente circular.

Qué lecciones deja el caso chino

Para cualquier ciudad que esté pensando en construir nuevas incineradoras, el ejemplo chino funciona como aviso. Cuando la planificación se centra en destruir residuos y no en evitarlos, el riesgo es terminar con un parque sobredimensionado que presiona en la dirección contraria de la prevención, el reciclaje y el ecodiseño.

En el fondo, lo que muestran estos datos es que la política de residuos no puede medirse solo en megavatios y toneladas quemadas. También cuenta lo que no llega al contenedor gracias a la reducción en origen, a la reutilización y a un reciclaje que funcione de verdad, desde la cocina de casa hasta la planta de tratamiento.

El análisis completo sobre la sobrecapacidad de la incineración de residuos en China en el que se apoyan buena parte de estas cifras ha sido publicado por Dialogue Earth y puede consultarse en el artículo What’s behind China’s waste incineration overcapacity?


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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