Un satélite europeo explora la Tierra y descubren el verdadero precio ecológico que pagaremos por el coche eléctrico

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Publicado el: 9 de febrero de 2026 a las 08:01
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Satélite europeo Sentinel-5P midiendo la contaminación por NO2 desde el espacio.

Durante años se ha repetido que el coche eléctrico “limpia” el aire urbano. Pero demostrarlo con datos finos, barrio a barrio, no era tan sencillo. Las estaciones de medición en tierra son útiles, sí, pero están repartidas de forma desigual y no siempre captan lo que pasa en cada zona.

Ahora entra en juego un aliado que no se atasca en la M-30 ni se pierde una sola calle: un satélite europeo. Un estudio publicado en The Lancet Planetary Health ha usado mediciones desde el espacio para comprobar que, a medida que crece el número de vehículos de cero emisiones, bajan de forma medible los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire de las ciudades.

Y la cifra es muy concreta: por cada 200 vehículos de cero emisiones añadidos en una zona, el NO2 cayó alrededor de un 1,1% entre 2019 y 2023.

Por qué el NO2 importa tanto cuando hablamos de tráfico

El NO2 es uno de los contaminantes más ligados a la combustión en carretera. En la práctica, aparece con fuerza donde hay coches, furgonetas, semáforos, acelerones y frenazos. Y también donde mucha gente vive, trabaja o lleva a los niños al cole.

Este gas no es un “detalle técnico”. Está asociado a problemas respiratorios (como empeoramiento del asma) y a riesgos cardiovasculares, según recoge la OMS. Por eso, cuando baja, no solo hablamos de números en un gráfico. Hablamos del aire que entra por la ventana cuando ventilas la casa o caminas junto a una avenida. En ciudades como Barcelona, donde la movilidad y las normas cambian rápido, este tipo de mejoras se vuelven especialmente visibles.

Cómo se mide la contaminación desde el espacio

La clave del trabajo es el instrumento TROPOMI, que va a bordo del satélite europeo Sentinel-5 Precursor. Este sensor detecta contaminantes atmosféricos (entre ellos el NO2) analizando cómo interactúan con la luz solar. Dicho de otra forma, permite “ver” concentraciones de NO2 de forma amplia y constante, sin depender de una estación fija en una esquina concreta.

El equipo combinó esas mediciones con los registros de vehículos de cero emisiones (ZEV, por sus siglas en inglés) en California. Dividieron el territorio en 1.692 áreas comparables a zonas de códigos postales (ZCTAs) y cruzaron la evolución anual de matriculaciones con la evolución anual del NO2 medido por satélite entre 2019 y 2023. Se centraron en vehículos ligeros (turismos y similares), dejando fuera el transporte pesado para afinar el análisis. En el debate sobre la circulación y las restricciones urbanas, este matiz es importante porque el tráfico pesado suele jugar en otra liga de emisiones.

Lo que encontraron (y por qué es relevante ya)

El resultado fue consistente: donde subían los ZEV, bajaba el NO2. Y lo interesante es que no se trata de una promesa “a largo plazo”, sino de un efecto que ya se puede medir.

La autora sénior Erika Garcia (Universidad del Sur de California) lo resumió así: “Este impacto inmediato en la contaminación del aire es realmente importante porque también tiene un impacto inmediato en la salud”, según explicó la Keck School of Medicine.

Además, el estudio no se limita a “mirar una foto” de un año concreto. Es longitudinal, con varios años seguidos, y usa modelos estadísticos que intentan separar el efecto de la electrificación de otras variaciones temporales. Incluso se plantean análisis para no dejar que 2020 (con los cambios de movilidad por la pandemia) distorsione el patrón, tal y como se detalla en la ficha de PubMed. Al final, el mensaje es sencillo: el cambio se nota cuando el parque se transforma de verdad, desde el coche familiar hasta el deportivo, incluso cuando marcas como Ferrari dudan de cómo será la transición con sus clientes.

Lo que conviene tener en cuenta (sin vender humo)

¿Significa esto que todo está solucionado? No. El NO2 tiene varias fuentes, y la calidad del aire depende también de calefacciones, industria, meteorología y diseño urbano. Pero el estudio sí aporta algo que faltaba: una evidencia “de mundo real”, con cobertura amplia, de que electrificar el parque de vehículos ligeros reduce un contaminante típico del tráfico.

Otra lectura importante es social: si la mejora del aire se concentra solo en barrios con más capacidad de compra, el beneficio no se reparte igual. Por eso, las políticas públicas (infraestructura de recarga, transporte público limpio, ayudas bien diseñadas) importan tanto como la tecnología.

En el fondo, la pregunta es sencilla: ¿queremos ciudades donde el aire sea más respirable incluso en hora punta? Los datos sugieren que el coche eléctrico, cuando se adopta de verdad, empuja en esa dirección. Y eso se nota.

El estudio científico principal ha sido publicado en The Lancet Planetary Health.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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