Ucrania ‘destripa’ el secreto de los drones rusos y descubren que solo tienen de Rusia el nombre

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Publicado el: 10 de febrero de 2026 a las 22:08
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Dron ruso Geran-5 analizado por Ucrania con componentes electrónicos de origen extranjero.

Ucrania asegura que ha desmontado un nuevo dron de ataque de largo alcance usado por Rusia en enero de 2026 y el resultado deja una idea incómoda sobre la mesa. En plena guerra tecnológica, el llamado Geran 5 tendría “de ruso” más la etiqueta que el contenido. Y eso no solo habla de geopolítica y sanciones, también de cadenas de suministro, residuos electrónicos y una huella ambiental que se acumula sin hacer ruido.

Según la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania, este modelo se diferencia de los Geran anteriores (inspirados en los Shahed iraníes) porque adopta una forma más parecida a la de un avión de ala fija y, sobre todo, porque incorpora un motor turborreactor de origen chino. Kiev cifra su velocidad en torno a 600 km/h, con un alcance declarado de alrededor de 1.000 km y una carga explosiva de unos 90 kg.

Lo que más ha llamado la atención, aun así, no es el rendimiento en vuelo, sino el “cerebro” del aparato. La inteligencia ucraniana afirma haber identificado una lista de componentes electrónicos de múltiples países, incluidos elementos procedentes de Estados Unidos, China y Alemania, además de otros mercados tecnológicos. En palabras de la propia inteligencia, este tipo de UAV “difícilmente puede considerarse un desarrollo original ruso”. Y aquí viene la pregunta que muchos se hacen en voz baja. Si hablamos de chips y piezas civiles (lo que se conoce como bienes de doble uso), ¿cómo llegan hasta un dron de ataque pese a las sanciones?

La respuesta no es una única puerta trasera, sino muchas rendijas. Los chips de navegación, control y comunicaciones no son un misil por sí mismos, pero convierten un fuselaje en un sistema preciso y replicable. Y como son componentes comunes en electrónica comercial, su trazabilidad se vuelve un rompecabezas cuando pasan por intermediarios, reexportaciones y mercados grises. Dicho de otra forma, la batalla también se libra en rutas logísticas, no solo en el frente.

¿Y qué tiene que ver esto con el medio ambiente? Más de lo que parece. Cada dron derribado o estrellado se convierte en un pequeño “paquete” de residuos electrónicos y materiales compuestos, baterías, cableado y metales que no desaparecen por arte de magia. A eso se suma el coste climático de fabricar, transportar y reemplazar equipos a un ritmo acelerado, además de los impactos indirectos de la guerra sobre suelos, agua y ecosistemas. La propia Comisión Europea, a través de su Joint Research Centre, ha advertido de mayores riesgos de contaminación tóxica vinculados al conflicto.

Mientras tanto, en Europa seguimos con el discurso de economía circular, reciclaje y cadenas de suministro responsables. Pero cuando un chip “normal” termina en un dron, queda claro que la sostenibilidad también depende de controles efectivos, transparencia industrial y responsabilidad en el comercio de tecnología de doble uso. Porque, al final, el planeta no distingue entre un componente “civil” y su uso final. Y eso se nota. El comunicado oficial ha sido publicado en el portal de la inteligencia ucraniana (War & Sanctions) de la Dirección Principal de Inteligencia de Ucrania.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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