El secreto bajo el hielo de la Antártida: las matemáticas revelan un paisaje oculto que asusta a la ciencia

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Publicado el: 12 de febrero de 2026 a las 23:35
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Grieta en la capa de hielo de la Antártida que muestra la dinámica del hielo sobre el relieve oculto bajo la superficie.

Mirar a la Antártida es mirar un océano de hielo de unos dos kilómetros de espesor medio que en algunos puntos se acerca a los cinco. Hasta ahora, lo que había debajo era casi un misterio. Un equipo internacional ha logrado trazar el mapa más detallado del paisaje rocoso oculto bajo la capa helada, gracias a una combinación de datos de satélite y física del hielo.

El resultado revela un mundo de montañas, valles y antiguos cauces fluviales enterrados que ayuda a responder una pregunta muy concreta que nos afecta a todos quienes vivimos cerca del mar. Qué ritmo puede alcanzar el aumento del nivel del mar si la Antártida sigue perdiendo hielo. La respuesta depende en buena parte de esa “geografía fantasma” que el clima está empezando a despertar.

Matemáticas para ver a través de kilómetros de hielo

Cartografiar un continente helado casi al completo con radares montados en aviones o sobre motos de nieve es lento, caro y deja enormes huecos. La nueva investigación, liderada por la Universidad de Edimburgo, recurre a otra vía. Parte de una idea sencilla en teoría. Cuando el hielo fluye sobre colinas y cañones, su superficie se ondula ligeramente. Si conocemos cómo se deforma el hielo, esas pequeñas “arrugas” permiten reconstruir la forma de la roca que hay debajo.

El equipo usa una técnica llamada Ice Flow Perturbation Analysis, o IFPA, que combina ecuaciones de flujo del hielo con mapas de altitud muy precisos del proyecto REMA y mediciones de velocidad de la superficie procedentes de programas satelitales como MEaSUREs de la NASA. Helen Ockenden, autora principal, resume la dificultad con una imagen muy gráfica. “Sabemos menos del paisaje oculto bajo la Antártida que de la superficie de Marte o Venus”, explica, y por eso resulta tan valioso poder rellenar los huecos solo con lo que vemos desde arriba.

Un mundo de valles alpinos, colinas y ríos enterrados

La magia está en detalles casi invisibles. Cuando una capa de hielo de tres kilómetros de espesor pasa sobre un cañón de unos cien metros de profundidad, la superficie se hunde solo unos pocos metros. Casi nada para quien recorre ese desierto blanco en moto de nieve, pero suficiente para que las matemáticas detecten el cambio. Robert Bingham recuerda que esos descensos mínimos esconden valles, colinas y cañones bien definidos bajo los pies de los glaciólogos.

El nuevo mapa revela paisajes de escala intermedia, de entre dos y treinta kilómetros de ancho. Se identifican valles alpinos profundos, tierras bajas muy erosionadas y grandes canales fluviales enterrados que se extienden cientos de kilómetros. Además, aparecen decenas de miles de pequeñas colinas y relieves que antes apenas se intuían. Algunas de estas formas parecen restos de un relieve anterior a la gran glaciación antártica, que comenzó hace unos 34 millones de años, lo que permite reconstruir cómo era el continente antes de quedar sepultado bajo el hielo.

Qué tiene que ver todo esto con el nivel del mar

La conexión con el clima es directa. La forma de la roca regula la fricción que frena el avance de la capa helada hacia el océano. Donde el terreno es rugoso y lleno de colinas, esa resistencia extra puede frenar el retroceso del hielo incluso en un planeta que se calienta. En las zonas lisas, el hielo se desliza con mucha más facilidad y el deshielo puede acelerar en pocas décadas.

Los modelos numéricos que usan los científicos para estimar cuánto subirán los océanos necesitan esta información como condición de partida. No es un detalle técnico. De ella dependen los centímetros de más o de menos que pueden ver las ciudades costeras, los deltas agrícolas y los humedales que ya sufren episodios de inundaciones cada vez más frecuentes. El propio Panel Intergubernamental de Cambio Climático, la IPCC, señala la topografía subglacial antártica como uno de los factores clave para reducir la incertidumbre en las proyecciones de subida del nivel del mar.

Una brújula para la próxima década de ciencia polar

El mapa no solo alimenta modelos de ordenador. También actúa como guía para las futuras campañas de radar y trabajo de campo. Allí donde el método IFPA reconstruye mal el relieve o donde aparecen estructuras especialmente sensibles al calentamiento, los equipos científicos pueden concentrar sus esfuerzos. En palabras de Bingham, ahora es posible “identificar mejor dónde hace falta levantar datos sobre el terreno y dónde no”, algo crucial en un continente que es más grande que Europa y donde cada vuelo cuesta una fortuna en combustible y emisiones.

Aun así, los propios autores y expertos externos admiten que este no es el mapa definitivo. La técnica resuelve bien las formas de tamaño medio, pero no ve los detalles más pequeños, y se apoya en supuestos sobre cómo se deforma y desliza el hielo en su base. Duncan Young, que firma un comentario asociado, recuerda que “la última palabra sobre la geografía antártica no está dicha” y que harán falta nuevas medidas para afinar la imagen.

Lo que sí parece claro es que, por primera vez, el paisaje oculto bajo el hielo antártico deja de ser un gran punto ciego en las proyecciones climáticas. Ese mundo de montañas y ríos enterrados ayudará a saber con más precisión cuánto y a qué ritmo podrían subir los mares que bañan nuestras costas en las próximas décadas. 

El estudio ha sido publicado en la revista Science.

Foto: NASA


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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