Revelan que el cometa interestelar 3I/ATLAS mide 2,6 km y trae una señal química que desconcierta

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Publicado el: 17 de febrero de 2026 a las 15:36
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Cometa interestelar 3I/ATLAS observado por el telescopio espacial Hubble tras el perihelio.

Un análisis del Hubble sitúa el diámetro efectivo del núcleo en torno a 2,6 kilómetros y los espectros del Webb revelan una mezcla de volátiles poco habitual

El cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar confirmado que atraviesa el Sistema Solar, empieza a dejar un retrato más nítido (y más desconcertante) tras su paso por el perihelio. Dos trabajos en fase de prepublicación, basados en observaciones del telescopio espacial Hubble y del James Webb, han afinado el tamaño del núcleo y han añadido nuevas piezas a su inventario químico, con una detección robusta de metano que no encaja con lo observado antes de su máxima aproximación al Sol.

El estudio con Hubble, que explota imágenes tomadas entre diciembre de 2025 y enero de 2026, informa de una detección “limpia” del núcleo tras separar el brillo de la coma. El resultado se expresa como producto entre albedo y sección (una forma estándar de lidiar con la incertidumbre sobre cuánta luz refleja el objeto) y, asumiendo un albedo típico de núcleos cometarios, se traduce en un radio efectivo de 1,3 kilómetros (lo que equivale a un diámetro de 2,6 kilómetros, con incertidumbre).

El dato no es menor. En astrofísica de pequeños cuerpos, el tamaño es la llave que abre el resto de preguntas, desde la masa aproximada (que crece con el cubo del diámetro) hasta la capacidad del objeto para sostener una actividad cometaria prolongada. Los autores subrayan, además, que ese tamaño es compatible con estimaciones independientes basadas en la aceleración no gravitatoria y en la pérdida de masa asociada a la desgasificación, una coherencia interna que refuerza el resultado.

Misiones del cometa 3I/ATLAS | Vídeo: NASA

La campaña del Hubble permite también describir cómo se apaga 3I/ATLAS tras el perihelio. El trabajo concluye que el cometa se ha desvanecido más deprisa en la salida que en la entrada, una asimetría que no es extraña en cometas del Sistema Solar, pero que aquí se vuelve especialmente útil porque ayuda a interpretar qué está ocurriendo en el interior del núcleo tras el calentamiento máximo. En ese mismo análisis se identifica un “aumento de oposición” (un repunte de brillo cuando la geometría Sol Tierra objeto se alinea casi por completo) que aporta pistas sobre el polvo y su estructura.

El segundo trabajo, basado en espectros de Webb obtenidos con el instrumento MIRI en diciembre de 2025, aporta la primera caracterización en el infrarrojo medio posterior al perihelio. En esas longitudes de onda aparecen firmas de vapor de agua y dióxido de carbono, además de líneas asociadas a níquel atómico, y, sobre todo, señales claras de metano.

Esa detección de metano es la que abre el mayor interrogante físico. El metano es un “hipervolátil” (se sublima a temperaturas más bajas que el dióxido de carbono), por lo que cabría esperar que, si estaba presente cerca de la superficie, hubiera mostrado una actividad temprana y detectable antes del perihelio. Sin embargo, los datos que se manejaban en la fase de aproximación destacaban una fuerte contribución del CO₂ y no habían señalado metano de forma comparable. El escenario que gana fuerza es que el metano esté más profundo y haya quedado expuesto solo tras el calentamiento extremo del paso cercano al Sol, como si el cometa hubiera perdido una capa exterior empobrecida y hubiera empezado a “respirar” desde niveles menos procesados.

La comparación con los dos visitantes anteriores subraya por qué 3I/ATLAS está provocando tanto debate. 1I/ʻOumuamua fue un objeto pequeño y sin coma evidente, mientras que 2I/Borisov se comportó como un cometa más “clásico”, aunque con su propia singularidad. En 3I/ATLAS, la combinación de un núcleo grande y una química que cambia con rapidez tras el perihelio obliga a extremar la cautela interpretativa. En este terreno, una diferencia instrumental importa tanto como una diferencia física, porque cada telescopio ve una ventana distinta del fenómeno.

Lo que sí es seguro es la escala del acontecimiento. Según la ficha divulgativa de la NASA, 3I/ATLAS fue detectado en julio de 2025 y alcanzó su punto más cercano al Sol hacia finales de octubre de ese año, a una distancia del orden de 1,4 UA, sin riesgo para la Tierra. Esa geometría, relativamente interior para un objeto que llega desde otra estrella, ha permitido medir cómo reaccionan sus hielos y su polvo cuando la radiación solar “taladra” el núcleo y reconfigura su actividad.

El debate de fondo, más allá del detalle de cada molécula, es metodológico y casi generacional. Con solo tres casos confirmados, cada nuevo dato cambia el marco de comparación. La tentación de declarar “anomalía” es grande, pero el propio hecho de que la muestra sea mínima obliga a una lectura prudente. Puede que 3I/ATLAS sea realmente extremo, o puede que esté mostrando rasgos comunes de objetos interestelares que hasta ahora, simplemente, se nos escapaban.

En ese sentido, los autores del análisis con Hubble introducen una idea incómoda para la astronomía observacional (y muy relevante para el lector) que la era de los sondeos modernos quizá no haya sido tan completa como se tiende a creer. Si un objeto de este tamaño ha pasado, otros comparables, menos activos o peor situados para su detección, podrían haber cruzado el Sistema Solar interior sin dejar rastro estadístico.

La agenda inmediata es clara. Harán falta más observaciones en distintas bandas para comprobar si el metano mantiene su producción o si fue un episodio tardío ligado a una fractura o a una zona concreta del núcleo. Y, sobre todo, tocará traducir esa química cambiante a una historia de formación y de viaje (qué tipo de estrella lo expulsó, cuánto tiempo ha vagado, qué radiación ha soportado). En la astronomía de los visitantes interestelares, cada perihelio es un experimento irrepetible y, como empieza a ocurrir con 3I/ATLAS, también una prueba de paciencia científica.

El comunicado oficial ha sido publicado en arXiv.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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