La Generalitat aspira a recortar hasta la mitad una población de suidos que ronda los 125.000 ejemplares y concentra cerca del 63 por ciento de los accidentes con fauna en carretera mediante contenedores reforzados, control de colonias de gatos y sanciones a quien alimente a los animales.
El Govern de Cataluña ha asumido que la sobrepoblación de jabalíes se ha convertido en un problema de seguridad, de salud pública y de convivencia que desborda el ámbito rural. Con la combinación de caza intensiva y restricciones al acceso a comida fácil quiere reducir hasta un cincuenta por ciento la presencia de estos animales que hoy se estima en unos 125.000 ejemplares en invierno con densidades medias en torno a seis por kilómetro cuadrado.
Según los últimos datos del Servicio Catalán de Tráfico casi dos tercios de los choques con fauna en la red viaria catalana en 2024 tuvieron como protagonista al jabalí lo que equivale a cerca de diez de cada quince siniestros diarios con animales en las carreteras. La combinación de más animales, más kilómetros de carretera y más interacción con entornos urbanos ha convertido a la especie en un factor de riesgo recurrente para conductores y motoristas.
El plan, que impulsa el Departament d’Acció Climàtica, Alimentació i Agenda Rural, mantiene a los cazadores como pieza clave pero reconoce que el esfuerzo cinegético por sí solo se diluye cuando los jabalíes encuentran basura desbordada, bolsas en la calle y puntos de comida previsibles en las colonias de gatos. La estrategia oficial admite que el animal ha aprendido a moverse con soltura entre urbanizaciones, polígonos y barrios periféricos donde la comida es abundante y el miedo al ser humano se ha reducido.
En la práctica el Govern quiere extender a todo el territorio lo que ya se ha ensayado en el entorno del parque de Collserola donde se han reforzado contenedores, se han limitado accesos en horario nocturno y se ha insistido a los vecinos en que no alimenten a los animales. En esa sierra metropolitana la presencia de jabalíes y los incidentes asociados se ha reducido de forma notable en los últimos años gracias a la combinación de gestión de residuos, cacerías controladas y campañas de concienciación ciudadana.
Uno de los puntos más sensibles del nuevo paquete de medidas afecta a las colonias felinas. No se trata de que los jabalíes busquen a los gatos sino de que han aprendido horarios y ubicaciones del pienso que se deposita para alimentarlos y acuden en grupo a esa fuente estable de comida. El Govern se plantea regular con más detalle cómo se suministra ese alimento para evitar excedentes accesibles a la fauna salvaje y pide la colaboración de ayuntamientos, entidades animalistas y voluntariado que gestiona estas colonias.
El otro frente pasa por cerrar el grifo de la basura fácil. Los servicios municipales deberán reforzar los depósitos, suprimir contenedores que se vuelcan con facilidad y eliminar puntos negros donde se acumulan bolsas en la vía pública. En los barrios más expuestos se estudian cierres de parques en horario nocturno para reducir el contacto entre personas y jabalíes una práctica que ya se aplica de forma parcial en el área metropolitana de Barcelona.
La Generalitat de Catalunya recuerda que la caza seguirá siendo una herramienta central. En los últimos años se han abatido decenas de miles de jabalíes en Cataluña y la Administración ha abierto líneas de ayudas por un total de 1,45 millones de euros para apoyar las capturas y facilitar que la carne llegue al circuito comercial mediante puntos logísticos y centros de recogida específicos para caza mayor. El problema, reconocen técnicos y representantes del sector cinegético, aparece cuando pasado el invierno los animales continúan encontrando alimento abundante en las periferias urbanas y la población vuelve a dispararse en pocos meses.
El crecimiento de la especie ya no se nota solo en los bosques. En carreteras comarcales y autovías se multiplican los avisos por irrupciones de jabalíes y los accidentes graves han colocado a Cataluña entre las comunidades con más tramos de riesgo por choques con fauna. En el campo los agricultores denuncian daños recurrentes en cultivos y sistemas de riego además de la apertura de cercados y la entrada en explotaciones ganaderas.
A todo ello se suma la amenaza de la peste porcina africana que ya ha obligado a cerrar accesos forestales en varios municipios del entorno de Barcelona y ha activado restricciones a la caza y al ocio al aire libre en torno al foco detectado junto a Collserola. Las autoridades sanitarias advierten de que reducir la densidad de jabalíes es una pieza esencial para evitar que el virus salte a las granjas porcinas y provoque un golpe severo a uno de los sectores más exportadores de la economía catalana.
La experiencia de Collserola sugiere que el factor decisivo no es solo cuántos animales se cazan sino cuánta comida les ofrece la actividad humana. El nuevo plan del Govern se mueve en esa dirección y traslada buena parte de la responsabilidad a los municipios y a los propios ciudadanos que sacan la basura, alimentan colonias de gatos o dejan restos de comida en el espacio público. La incógnita es si bastará con contenedores más seguros, normas más estrictas y sanciones disuasorias para lograr el objetivo de reducir el número de jabalíes a la mitad en los próximos años o si la administración tendrá que ir más allá en la regulación del uso del territorio.







