La Unidad 2 de la central nuclear de Almaraz se ha parado desde el 3 de marzo porque su producción no ha encontrado hueco en el mercado eléctrico ni ha sido llamada por el operador del sistema. La propia empresa insiste en que el reactor está en buen estado y que la parada se ha realizado de forma ordenada, mientras la Unidad 1 sigue funcionando al cien por cien. En su nota, el titular de la planta subraya que «la Unidad 2 se encuentra en perfectas condiciones técnicas y de seguridad».
Qué ha pasado en Almaraz II
Lo que se ha notificado al Consejo de Seguridad Nuclear no es un fallo técnico, sino un caso de curtailment, es decir, un vertido de electricidad por motivos de mercado. Es la primera vez que una central española comunica al regulador una parada de este tipo por razones económicas y no por un incidente de operación, según señalan analistas del sector. El movimiento se ha producido en un contexto de precios muy bajos, mucha generación hidráulica y eólica tras varias borrascas encadenadas y una fiscalidad que la empresa considera especialmente pesada.
El papel de los impuestos y de las renovables
En su nota, la central explica que los impuestos representan más del setenta y cinco por ciento de sus costes variables y que esa carga, sumada a precios mayoristas hundidos por la lluvia y el viento, deja fuera a Almaraz en algunos días. Es una paradoja curiosa, porque hablamos de una instalación que por sí sola cubre alrededor del siete por ciento de la demanda eléctrica anual de España, el equivalente a unos cuatro millones de hogares.
Qué implica para el clima y para la factura
La energía nuclear no emite CO2 en su operación y en España los siete reactores aportan en torno a una quinta parte de la electricidad, además de una parte muy relevante de la generación sin emisiones. Que un reactor salga del sistema unos días en plena sobregeneración renovable no es un drama climático, porque la demanda se cubre con otras fuentes limpias. El problema llega si estas paradas se vuelven frecuentes y luego, en días secos y sin viento, hay que tirar más de gas, algo que sí se nota en las emisiones y en la factura de la luz.
Lo que viene ahora
Todo esto ocurre mientras las propietarias de Almaraz han pedido ya extender la vida de la central hasta 2030, petición que el Gobierno ha remitido al CSN para su evaluación. La decisión final sobre esa prórroga, y sobre la propia fiscalidad nuclear, marcará si casos como el de estos días quedan en una anécdota de mercado o en una señal de alerta sobre cómo encajamos nuclear y renovables en el camino hacia la descarbonización.
La nota informativa oficial ha sido publicada en la web de Centrales Nucleares Almaraz Trillo.











