Adiós a los residuos nucleares eternos: un megaproyecto quiere “quemarlos” con aceleradores de partículas y reducir su peligro de 100.000 años a solo unos siglos

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Publicado el: 26 de marzo de 2026 a las 22:08
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Contenedor de residuos radiactivos con símbolo nuclear peligro almacenamiento nuclear a largo plazo.

La energía nuclear vuelve a estar en el centro del debate climático por una razón sencilla. Genera electricidad con emisiones muy bajas de CO2 en operación, pero deja un “legado” incómodo, el combustible gastado que sigue siendo radiactivo durante muchísimo tiempo.

En una nota de prensa fechada el 17 de febrero de 2026, el Departamento de Energía de Estados Unidos (a través de ARPA-E) anunció 8,17 millones de dólares para que el laboratorio Jefferson lidere dos proyectos centrados en acelerar una idea ambiciosa. Usar aceleradores de partículas para convertir parte de los residuos más problemáticos en materiales que se desintegren mucho antes.

Un residuo pensado para durar más que cualquier civilización

Cuando un reactor deja de usar el combustible, ese material no se vuelve “inofensivo” al día siguiente. Según ARPA-E, el combustible nuclear usado sin procesar no alcanza una radiotoxicidad comparable a la del mineral de uranio natural hasta pasados unos 100.000 años de enfriamiento, una escala difícil de imaginar sin que se te ponga cara de “¿en serio?”.

La misma agencia sostiene que, si se separan y reciclan componentes como el uranio, el plutonio y los llamados actínidos menores, ese horizonte podría caer a alrededor de 300 años. Sigue siendo mucho tiempo, pero ya no hablamos de decenas de miles de generaciones.

Por eso esta investigación importa para el medio ambiente. No solo por el riesgo, también por el coste y por la carga política de vigilar y proteger instalaciones durante siglos, algo que ninguna sociedad ha demostrado hacer de forma continua. Y eso se nota.

La idea de “quemar” residuos con un acelerador

El concepto que se está intentando afinar se conoce como sistema impulsado por acelerador (ADS, por sus siglas en inglés). En la práctica, se usa un acelerador para lanzar un haz de protones contra un material denso, como mercurio líquido, y ese golpe genera una lluvia de neutrones mediante un proceso llamado espalación.

Esos neutrones se dirigen después hacia contenedores con combustible gastado. Al chocar con isótopos problemáticos, pueden transformarlos en otros que decaen más rápido, reduciendo la “mochila” de radiactividad a largo plazo. Además, las reacciones generan calor que, en teoría, también puede aprovecharse para producir electricidad.

Rongli Geng, investigador principal de los dos proyectos, lo resume así. “Estos neutrones interactuarán con estos isótopos no deseados y los convertirán en isótopos más manejables (…) en lugar de tener una vida útil de 100.000 años en almacenamiento, por ejemplo, se puede reducir el tiempo de almacenamiento a 300 años”, explicó.

Dos proyectos para abaratar y estabilizar la tecnología

La primera línea de trabajo se centra en una pieza clave de los aceleradores modernos, las cavidades superconductoras de radiofrecuencia (SRF). Hoy suelen fabricarse con niobio, un metal que funciona muy bien, pero que obliga a trabajar a temperaturas extremadamente bajas y con infraestructuras criogénicas costosas.

Aquí entra un truco de ingeniería con potencial. Jefferson Lab quiere mejorar cavidades recubiertas con estaño (niobio-estaño) y partir de diseños ya “maduros”, como los que usa la Spallation Neutron Source de Oak Ridge, para adaptarlos a haces de protones. Además, el plan incluye estudiar cavidades tipo “spoke”, pensadas para exprimir más eficiencia. Este proyecto recibe 4.217.721 dólares y cuenta con RadiaBeam y el Laboratorio Nacional de Oak Ridge como socios.

El segundo proyecto ataca otro cuello de botella, la potencia eléctrica necesaria para mantener el haz estable. La apuesta es desarrollar magnetrones avanzados (el mismo principio que en un microondas, pero en versión industrial) capaces de trabajar a 805 megahercios y con potencias de 10 megavatios o más, con alta eficiencia. Esta parte suma 3.957.203 dólares y reúne a Stellant Systems, General Atomics Energy Group y Oak Ridge para pruebas de combinación de potencia.

Qué debería vigilarse antes de hablar de “solución”

La palabra “transmutación” suena a alquimia moderna, pero aquí manda la realidad industrial. Para que un ADS sea útil fuera del laboratorio, el acelerador tiene que funcionar de forma muy fiable, con pocas interrupciones del haz, y los materiales del blanco y del sistema deben soportar radiación intensa durante años.

También está la pregunta incómoda. ¿Qué significa esto en la práctica para alguien que vive en la UE o en España y paga la factura de la luz? A corto plazo, no cambia nada, porque hablamos de desarrollo tecnológico, no de una planta lista para operar mañana.

ARPA-E enmarca el programa NEWTON como un intento de hacer viable la transmutación y el reciclaje a gran escala y, según el propio laboratorio, la meta es que estas técnicas puedan aplicarse al conjunto del combustible nuclear usado comercial de Estados Unidos en unos 30 años. Si lo logran, el debate sobre almacenamiento permanente podría cambiar de tono, pero antes toca demostrar eficiencia, costes y seguridad con números, no con titulares.

La nota de prensa más reciente sobre estos proyectos se ha publicado en Jefferson Lab.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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