Algunos bebés están durmiendo sobre una bomba química según este nuevo estudio

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Publicado el: 28 de enero de 2026 a las 23:31
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Bebé durmiendo en una cuna sobre un colchón infantil analizado por un estudio por la emisión de sustancias químicas

Los bebés pasan hasta dieciocho horas al día durmiendo. Parece un momento seguro, tranquilo. Sin embargo, un nuevo estudio alerta de que, mientras descansan, muchos niños están respirando y absorbiendo una mezcla de plastificantes, retardantes de llama y filtros ultravioleta que salen de sus colchones infantiles. Y no siempre dentro de los límites legales.

Qué ha descubierto exactamente el estudio

Un equipo de la Universidad de Toronto analizó dieciséis colchones nuevos para niños de entre uno y cuatro años, de gama baja y media, comprados en grandes cadenas de Norteamérica. Buscaron compuestos orgánicos semivolátiles, conocidos como COSV, que se usan como plastificantes, retardantes de llama y filtros UV en la industria textil y del plástico.

Encontraron veintiún sustancias de cuatro grandes familias.
Entre ellas

  • ftalatos, usados para ablandar plásticos
  • ésteres organofosforados, frecuentes como retardantes de llama
  • benzofenonas y salicilatos, que funcionan como filtros de radiación ultravioleta en tejidos y recubrimientos

Un dato clave. Un colchón superaba el límite legal canadiense del 0,1 por ciento en peso para el ftalato di‑n‑butilo en productos infantiles. Otros cinco contenían más del 0,1 por ciento de otros ftalatos que están restringidos en juguetes que los niños se llevan a la boca, pero no en colchones. Además, un modelo presentaba niveles elevados de TCEP, un retardante de llama cuyo uso está prohibido en productos de espuma para menores de tres años en Canadá desde 2014.

En varios colchones se detectaron también entre uno y tres por ciento de diferentes retardantes de llama organofosforados. Los autores recuerdan que estas sustancias no son necesarias para cumplir las normas de inflamabilidad de los colchones infantiles en ese país.

Cuando el niño se tumba, las emisiones aumentan

El trabajo no se quedó en medir lo que hay dentro del colchón. El equipo quiso saber qué pasa en una situación real, es decir, cuando un bebé duerme sobre ese colchón caliente y con su peso encima.

Para ello simularon el microambiente de sueño. Calentaron parte del colchón hasta unos treinta y siete grados para imitar la temperatura corporal de un niño y aplicaron un peso similar al de un bebé de medio año. Después midieron las emisiones al aire con una serie de muestreadores pasivos.

A temperatura ambiente ya se liberaban doce sustancias químicas. Cuando se añadió calor, el número subió a veinte. Con calor y peso juntos se detectaron veintiuna, y las tasas de emisión aumentaron, en algunos casos varias veces. Los compuestos más volátiles reaccionaban sobre todo al calor, mientras que los más pesados se disparaban cuando se comprimía la espuma, que expulsa el aire “contaminado” de su interior.

Un estudio complementario, realizado en casas reales, encontró niveles más altos de estas sustancias en la zona de respiración de los niños que en el resto del dormitorio. Allí donde está la cuna o la cama infantil es donde el aire sale peor parado.

Por qué preocupa a la salud infantil y al medio ambiente interior

Los ftalatos y muchos retardantes de llama están asociados en la literatura científica con problemas respiratorios como el asma infantil, alteraciones hormonales, efectos sobre el desarrollo neurológico y daños reproductivos. La exposición temprana, incluso a dosis bajas pero constantes, es la que más preocupa a los expertos.

Como recuerdan los autores, los niños pequeños inhalan más aire por kilo de peso que los adultos, tienen más superficie de piel en proporción a su cuerpo y se pasan muchas horas pegados al colchón. Todo juega en su contra.

La química ambiental Miriam Diamond lo resume así. “El sueño es vital para el desarrollo del cerebro, especialmente en bebés y niños pequeños. Sin embargo, nuestra investigación sugiere que muchos colchones contienen sustancias que pueden dañar el cerebro de los niños”.

Además de la salud, está la pata ambiental. Colchones cargados de aditivos dificultan su reciclaje futuro y los convierten en residuos más problemáticos, algo que ya señalan estudios sobre la industria del descanso y la economía circular.

Qué pueden hacer las familias y qué debe cambiar en las normas

La primera recomendación no pasa tanto por el consumo perfecto como por reducir la exposición en el día a día. Los investigadores apuntan varias medidas prácticas.

  • Ventilar bien el dormitorio infantil, sobre todo después de comprar un colchón nuevo
  • Usar protectores de colchón y ropa de cama que se pueda lavar con frecuencia, preferiblemente de colores neutros u sin tintes muy intensos, ya que algunos tejidos llevan filtros UV añadidos
  • Reducir el número de elementos de espuma alrededor de la cama, como cojines y juguetes blandos
  • Al elegir colchón, priorizar modelos que no indiquen el uso de retardantes de llama añadidos y que estén hechos con materiales sencillos, como algodón o látex natural, siempre dentro de las posibilidades económicas de cada hogar

Aun así, los propios autores insisten en que la responsabilidad no puede recaer solo en las familias. Señalan lagunas regulatorias importantes, como la ausencia de límites para algunos ftalatos en colchones infantiles pese a estar restringidos en juguetes, o el uso de retardantes de llama que ni siquiera son necesarios para cumplir las pruebas de inflamabilidad.

Proponen ampliar las restricciones a más sustancias y revisar el umbral actual del 0,1 por ciento, además de exigir a los fabricantes más control interno y transparencia. Recuerdan también que ciertas etiquetas ecológicas o “verdes” no garantizan por sí solas la ausencia de químicos preocupantes.

En resumen, este trabajo abre una ventana a un problema poco visible del ambiente interior que respiramos en casa. Lo que hay dentro de un colchón infantil no es solo espuma y tejido. Es una mezcla de sustancias que viajan al aire, al polvo y a la piel de quienes más queremos.

El estudio científico completo se ha publicado en la revista Environmental Science & Technology.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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