Puede parecer ciencia ficción, pero no lo es. Un nuevo trabajo sugiere que Marte, con apenas una décima parte de la masa terrestre, ejerce un “tirón” gravitatorio lo bastante medible como para alterar la forma de la órbita de la Tierra y, con ello, la cadencia de algunos de sus grandes ciclos climáticos. Dicho de otra forma, el planeta rojo no decide si hoy llueve en Madrid, pero sí puede influir en cada cuánto aparecen ciertas fases frías a escala de decenas de miles o millones de años.
¿Y por qué importa esto en una web de medio ambiente? Porque entender bien los ritmos naturales del clima es clave para no mezclarlo todo. Las glaciaciones tienen su “metronomo” astronómico, mientras que el calentamiento actual está empujado en gran medida por el aumento de gases de efecto invernadero como el CO2. Si confundimos escalas, perdemos el mapa.
La idea clave (sin marear)
La Tierra no gira alrededor del Sol como si estuviera sola. También “siente” la gravedad de los demás planetas, que va modificando poco a poco parámetros como la excentricidad de la órbita (si es más circular o más “estirada”) y la oblicuidad (la inclinación del eje). Esos cambios, conocidos como ciclos de Milankovitch, alteran cómo y dónde llega la luz solar, y eso influye en la expansión o retirada de grandes masas de hielo a lo largo del tiempo.
El equipo liderado por Stephen Kane (Universidad de California, Riverside) se propuso medir hasta qué punto Marte participa en esa danza orbital. Y lo hizo con simulaciones que comparan escenarios, incluyendo uno extremo en el que Marte “desaparece” del sistema.
Kane lo resume con una frase muy de científico que se sorprende de sus propios resultados: “I knew Mars had some effect on Earth, but I assumed it was tiny”.
Qué cambia si Marte no estuviera
Según los resultados, hay un ciclo largo de unos 405.000 a 430.000 años que se mantiene estable, dominado sobre todo por Venus y Júpiter. Ese, por así decirlo, sigue sonando aunque Marte no esté.
Lo llamativo llega con otros dos ritmos importantes. Al “quitar” Marte de la simulación, desaparecen por completo un ciclo cercano a los 100.000 años y otro de alrededor de 2,3 a 2,4 millones de años relacionado con la excentricidad orbital. Kane lo explica de forma directa: “When you remove Mars, those cycles vanish”.
En la práctica, eso no significa que sin Marte la Tierra no tuviera edades de hielo. Significa algo más fino, pero muy relevante: cambiaría la frecuencia con la que se alternan ciertos patrones climáticos a largo plazo. Y ahí entra en juego cómo interpretamos el registro geológico y los cambios del clima en tiempos profundos.
Y si Marte fuera más grande
El estudio también juega con un “mando” imaginario: aumentar la masa de Marte en las simulaciones. Ahí aparece otra conclusión curiosa. Cuanto más masivo sería Marte, más cortos se vuelven algunos ciclos, porque su influencia gravitatoria sobre la Tierra crecería.
Además, el trabajo sugiere un efecto estabilizador sobre la inclinación terrestre cuando Marte tiene más masa. Dicho en lenguaje de calle: el eje de la Tierra cambiaría más despacio, y eso también puede afectar a la forma en que se reparten las estaciones durante miles de años.
Kane aporta una imagen fácil de entender para explicar por qué Marte “pesa” más de lo que parece en este tema: al estar más lejos del Sol que la Tierra, su gravedad relativa “se nota” más en el tira y afloja entre planetas. Él mismo lo dice así: “It punches above its weight”.
Lo que conviene tener en cuenta (para no sacar conclusiones equivocadas)
Este tipo de hallazgos habla de clima profundo, de escalas de miles a millones de años. No es un argumento para restar importancia al CO2 actual ni a la subida de temperaturas que ya estamos viviendo. Son dos “capas” distintas del sistema climático. Y, de hecho, el “calor” que notamos en el día a día va por otra vía, mucho más rápida y humana.
Lo útil, en cambio, es esto: si queremos reconstruir el pasado (sedimentos marinos, capas de hielo, registros geológicos) y entender cómo encajan los ciclos naturales, conviene saber qué planetas están marcando el compás. Y ahí, Marte entra en escena, igual que lo hace en otras historias del cielo de 2025.
El estudio científico (aceptado para Publications of the Astronomical Society of the Pacific) está disponible en abierto en arXiv bajo el título “The Dependence of Earth Milankovitch Cycles on Martian Mass”.










