Imagina volar sobre una bahía tranquila y ver, en el fondo marino, cientos de anillos oscuros casi perfectos, como si alguien los hubiera dibujado a compás sobre la arena. Pues eso es lo que acaba de documentar NatureScot en el Sound of Barra, en las Hébridas Exteriores (Escocia), con un detalle clave: es la primera vez que estas formaciones se graban en vídeo en mares escoceses.
Los científicos las llaman “fairy circles” (círculos de hadas) por su aspecto hipnótico. En el equipo de seguimiento marino de NatureScot tiran de un nombre más terrenal: “doughnuts”, donuts de pastos marinos. Y sí, son espectaculares. Pero lo importante viene después: todavía no hay una explicación cerrada sobre por qué adoptan esa forma circular.
Sarah Cunningham, responsable de Áreas Marinas Protegidas y Mejora Marina en NatureScot, lo resumió así: “Hasta donde sabemos, este es el primer vídeo de círculos de pastos marinos en los mares de Escocia. Nuestro equipo los llama donuts de pastos marinos, pero los llames como los llames, son espectaculares”.
Qué son exactamente estos anillos
No estamos hablando de rocas ni de estructuras artificiales. Son praderas de pastos marinos (seagrass), en este caso principalmente Zostera marina, una planta marina que forma “mejores barrios” bajo el agua: refugio para peces jóvenes, alimento para invertebrados y una red de raíces que fija sedimentos.
El vídeo muestra patrones circulares repetidos, asociados a esa vegetación submarina. La pregunta es inevitable: ¿por qué crece en forma de anillo y no como una alfombra continua?
Aquí hay una pista interesante, aunque no es una respuesta definitiva. Existe investigación científica previa que describe “paisajes” de círculos en praderas marinas y propone que pueden emerger por la combinación de interacciones locales (competencia y facilitación entre plantas) y desequilibrios de crecimiento en el borde de los parches. En otras palabras, el patrón podría ser la huella de cómo se organizan estas plantas cuando las condiciones cambian.
NatureScot, de momento, es prudente: confirma que el fenómeno es natural, raro y todavía incierto en su formación.
Por qué importa, más allá del “qué curioso”
Los pastos marinos se están ganando a pulso un puesto en la conversación climática. No solo porque “quedan bonitos”, sino porque trabajan en silencio en varios frentes.
Cunningham lo explica con una comparación potente: “Es un hábitat maravilloso, a menudo comparado con la selva tropical por su efecto en la naturaleza y el clima”. Añade algo que se nota en la vida real cuando el tiempo se pone feo: sus hojas y raíces pueden atrapar carbono, mejorar la calidad del agua y reducir la energía de las olas, actuando como primera línea de defensa frente a inundaciones y tormentas.
Si esto suena lejano, piensa en lo práctico: menos erosión, menos sedimento en suspensión, más estabilidad en la costa. Y sí, una naturaleza más “resiliente” cuando el mar se enfada.
El contexto que no se ve en el vídeo
Este hallazgo llega acompañado de un aviso importante. NatureScot ha publicado un informe que repasa el declive histórico de las praderas marinas en Escocia durante los siglos XX y XXI, con causas variadas: contaminación y mala calidad del agua, desarrollo costero (por ejemplo, diques o “causeways”) y daños mecánicos por actividades como el dragado.
Y hay un capítulo que pesa mucho en esta historia: la epidemia de “wasting disease” (una enfermedad que afectó a la Zostera) en la década de 1930. En el informe se recoge que en esa época se produjo una pérdida catastrófica estimada en torno al 90% de Zostera marina en Europa y la costa atlántica norteamericana. No es un detalle menor.
Aun así, también hay señales de recuperación cuando baja la presión humana y mejora el agua. El propio informe señala repuntes en zonas como el Firth of Forth, el Solway Firth o Loch Ryan. O sea, no todo está perdido, pero el reloj no se para.
Qué conviene tener en cuenta desde aquí
Estos “donuts” son una curiosidad preciosa, sí. Pero también una excusa perfecta para mirar con otros ojos un hábitat que solemos ignorar porque está bajo el agua.
En la práctica, el mensaje es sencillo: las praderas marinas no se recuperan por arte de magia si seguimos ensuciando el agua, removiendo fondos o alterando la costa sin control. Y cuando se degradan, perdemos un aliado que amortigua temporales, sostiene biodiversidad y ayuda a retener carbono.
El comunicado oficial y el informe más reciente sobre este hallazgo y el declive de los pastos marinos en Escocia ha sido publicado por NatureScot en su nota “Rare seagrass ‘fairy circles’ observed in Scotland” y en el documento “Review of Scottish Seagrass Declines”.
Foto: NatureScot










