Un equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha confirmado la existencia de un tercer planeta alrededor de la estrella HD 176986, una enana naranja situada a unos 91 años luz de la Tierra. Se llama HD 176986 d, tiene una masa mínima de unas 6,7 veces la de nuestro planeta y tarda algo más de 61 días en completar una vuelta alrededor de su estrella.
En la práctica, esto significa que acabamos de sumar una nueva supertierra a la lista de mundos cercanos, y que lo hemos hecho exprimiendo al máximo datos que llevan años acumulándose en observatorios de Chile y de La Palma. No es poca cosa.
Un sistema cercano que sigue creciendo
HD 176986 es una estrella de tipo K, un poco más pequeña y fría que el Sol. Desde 2018 se sabía que albergaba dos supertierras, con masas de unas cinco y diez veces la de la Tierra y órbitas muy rápidas de 6,5 y 16,8 días.
El nuevo planeta se coloca más lejos que sus dos vecinos. Completa su órbita cada 61,4 días y, por su masa, encaja en la categoría de supertierra, esos mundos intermedios entre un planeta rocoso como el nuestro y los gigantes gaseosos del estilo de Neptuno.
Según la nota del IAC, en los catálogos actuales apenas hay una docena de planetas con períodos superiores a 50 días y masas por debajo de siete veces la terrestre. Es decir, objetos comparables a HD 176986 d siguen siendo poco frecuentes en los registros.
Un planeta que se detecta por el “bamboleo” de su estrella
¿Cómo se descubre un mundo que no podemos ver directamente ni siquiera con los mejores telescopios? Aquí entra en juego la técnica de la velocidad radial.
Los astrónomos no observan el planeta, sino el movimiento de la estrella. La gravedad de cada mundo hace que la estrella se mueva ligeramente hacia delante y hacia atrás. Ese pequeño “bamboleo” deja una huella en su luz, que los espectrógrafos convierten en cambios de velocidad de unos pocos centímetros por segundo.
En el caso de HD 176986 d, los investigadores han sumado más de 350 noches de observación con tres de los instrumentos más precisos que existen: HARPS yESPRESSO, en los telescopios de European Southern Observatory (ESO) en Chile, y HARPS‑N en el Observatorio del Roque de los Muchachos.
A esto se suma otro factor menos visible pero igual de importante. La campaña ha cubierto casi 19 años de datos combinados, lo que permite identificar señales de periodo largo que quedarían ocultas en series más cortas.
Separar el planeta del ruido de la estrella
El reto no es solo medir bien, sino estar seguros de que la señal procede de un planeta y no de la propia estrella. HD 176986 tiene manchas, campos magnéticos y ciclos de actividad que también producen cambios en su luz.
El equipo ha utilizado indicadores de actividad estelar para reconstruir el comportamiento de la estrella, incluida una especie de ciclo magnético de unos seis años y medio y un periodo de rotación cercano a los 36 días. Si la señal de 61 días estuviera ligada a estos procesos, debería “bailar” con ellos, pero no lo hace.
Además, han empleado la herramienta YARARA, un sistema avanzado de limpieza de espectros que corrige fuentes de ruido instrumental y estelar que pueden camuflar o imitar planetas. Después de estas correcciones, la señal de HD 176986 d seguía ahí, más clara todavía, lo que reforzó la interpretación planetaria.
Nicola Nari, autor principal del trabajo, resume en la nota del IAC que fue “muy gratificante” ver cómo, al combinar todos los datos y aplicar estas técnicas, aparecía por fin la firma del tercer planeta.
¿Es un mundo habitable?
La pregunta surge enseguida. ¿Podría HD 176986 d parecerse en algo a la Tierra? Los datos indican que este planeta recibe más energía de su estrella que nuestro mundo del Sol. Su temperatura de equilibrio ronda los 363 Kelvin, unos 90 grados centígrados, sin contar con posibles efectos de atmósfera.
En otras palabras, no hablamos de un gemelo templado de la Tierra, sino de un mundo probablemente demasiado cálido para mantener agua líquida en superficie en condiciones similares a las nuestras. Aun así, se sitúa en una franja de periodos orbitales que se acerca a las zonas de interés para estudiar habitabilidad en estrellas tipo K, algo que el propio equipo destaca.
Lo relevante aquí no es tanto que este planeta sea habitable como que demuestra que las búsquedas “a ciegas” con velocidad radial y campañas largas son capaces de encontrar supertierras y mini‑neptunos con órbitas más amplias. Esa es precisamente la región donde se espera encontrar muchas de las futuras “tierras” alrededor de estrellas parecidas al Sol.
Cada nuevo mundo de este tipo ayuda a entender mejor qué tan especial es nuestro propio planeta azul, el único del que sabemos con certeza que alberga vida y en el que la atmósfera y el clima están cambiando por la actividad humana.
El estudio científico completo se ha publicado en la revista Astronomy & Astrophysics.









