Casi la mitad de los adolescentes estadounidenses tienen un patrón adictivo a pantallas antes de los 15 años

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Publicado el: 26 de enero de 2026 a las 20:46
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Adolescente usando el móvil por la noche, imagen representativa del uso adictivo de pantallas en jóvenes

Uso adictivo de pantallas y salud mental juvenil una nueva señal de alarma

Un gran estudio realizado en Estados Unidos acaba de poner nombre a algo que muchas familias viven en casa desde hace años cuando se apaga la consola o se retira el móvil, llegan los enfados, la angustia y la sensación de que el menor pierde el control. La investigación, publicada en la revista JAMA, ha seguido durante cuatro años a 4285 chicos y chicas y concluye que no es tanto el número de horas frente a la pantalla lo que se relaciona con peor salud mental, sino el uso adictivo de redes sociales, móviles y videojuegos.

Según los datos, casi una tercera parte de los jóvenes entró en la adolescencia con un uso cada vez más adictivo de redes sociales o del teléfono móvil a partir de los once años. Casi la mitad mostró un patrón de uso muy alto del móvil y algo más del cuarenta por ciento un uso muy alto de videojuegos. En el seguimiento del cuarto año, un cinco por ciento había tenido conductas suicidas y cerca de un dieciocho por ciento ideación suicida.

Qué entiende la ciencia por uso adictivo

El estudio no se limita a preguntar cuántas horas pasan los adolescentes con una pantalla encendida. Utiliza cuestionarios validados que miden si el menor siente que necesita cada vez más redes sociales, si se angustia al pensar en estar sin móvil o si recurre a los videojuegos para olvidarse de sus problemas. Es decir, evalúa pérdida de control, uso compulsivo y malestar cuando no se puede acceder a la pantalla.

Con estas respuestas los investigadores identificaron grupos de trayectoria. Para redes sociales y móviles aparecieron tres patrones distintos a lo largo del tiempo bajo, creciente y alto o de pico elevado. Para los videojuegos se observaron dos patrones más simples bajo y alto. Cada trayectoria agrupa a chicos y chicas que se parecen en cómo va evolucionando ese uso adictivo entre los diez y los quince años.

Patrón adictivo en jóvenes estadounidenses | Vídeo: YouTube JAMA Network

Qué riesgos se han observado

Cuando se comparan estos grupos, el panorama se vuelve preocupante. Los adolescentes situados en las trayectorias de uso adictivo alto o creciente de redes sociales tenían más del doble de riesgo de haber mostrado conductas suicidas que quienes se mantenían en un uso adictivo bajo. También presentaban un aumento claro de la ideación suicida. En el caso de los móviles, el patrón de uso altamente adictivo se asoció igualmente con un riesgo de conductas suicidas que se aproximaba a multiplicar por dos.

Los videojuegos no quedaban al margen. Quienes estaban en la trayectoria de uso adictivo alto tenían más riesgo de conductas e ideas suicidas y además mostraban más síntomas de tipo internalizante como ansiedad y depresión que el grupo de uso bajo. Las diferencias en puntuaciones clínicas eran moderadas, pero consistentes, algo que los autores consideran una señal de que estos patrones de uso pueden ir de la mano de un mayor malestar emocional.

No es solo cuestión de tiempo de pantalla

Una de las conclusiones que rompe con ideas muy extendidas es que el tiempo total de pantalla medido al inicio no se relacionó de forma independiente con las conductas suicidas ni con la salud mental en el cuarto año. Es decir, dos adolescentes pueden pasar un número similar de horas frente a la pantalla y sin embargo uno de ellos presentar un patrón claramente adictivo y más riesgo, mientras que el otro no.

En la práctica esto significa que centrar toda la conversación en recortar minutos puede dejar fuera a quienes más apoyo necesitan. El foco se desplaza hacia señales como la dificultad extrema para apagar el dispositivo, la necesidad de conectarse nada más levantarse o el uso de las pantallas como única vía para escapar de problemas en casa o en el colegio.

Qué pueden hacer familias y escuelas

Aunque se trata de un estudio observacional, que no demuestra causa efecto, los autores plantean que seguir de cerca la evolución del uso adictivo podría ayudar a identificar antes a los jóvenes en mayor riesgo y a diseñar intervenciones más ajustadas. No se trata de demonizar pantallas, sino de detectar cuando empiezan a ocupar demasiado espacio mental y emocional.

Para las familias puede ser útil hacerse algunas preguntas sencillas. Qué ocurre cuando se limita el móvil o la consola hay enfados normales o crisis intensas que se parecen a un mono. El menor deja otras actividades que antes disfrutaba para quedarse siempre conectado. Utiliza redes o juegos casi siempre para escapar de sentimientos de tristeza, soledad o estrés. Si varias de estas señales aparecen juntas, conviene hablarlo con el pediatra, con el orientador del centro educativo o con un profesional de salud mental.

También es importante recordar que detrás de las pantallas influyen otros factores que este trabajo no analiza en detalle como el acoso, el sueño, el estrés familiar o el contexto social. La pantalla puede ser solo una parte de un problema más amplio y por eso los expertos insisten en mirarlo todo en conjunto.

Si tú o alguien cercano tiene ideas de hacerse daño o de acabar con su vida, lo más importante es pedir ayuda profesional cuanto antes y no afrontar la situación en soledad.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica JAMA.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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