China presenta su plan a 100 años para “explotar” el sistema solar: la hoja de ruta hasta 2100, década a década

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Por HoyECO
Publicado el: 17 de febrero de 2026 a las 12:31
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Nave espacial en órbita terrestre dentro del plan de China para explotar recursos del sistema solar hasta 2100.

El conglomerado estatal CASC vincula minería de asteroides, logística lunar y centros de datos orbitales en un plan de largo plazo que refuerza la competencia tecnológica con Estados Unidos

China ha dado un paso más en su estrategia espacial con el lanzamiento de un programa de “desarrollo de recursos” que se proyecta hasta el año 2100 y que aspira a desplegar una infraestructura capaz de extraer, procesar y transportar materiales desde la Luna y asteroides, y más adelante desde Marte y otros cuerpos del sistema solar. La iniciativa, divulgada por la CASC, combina objetivos científicos, industriales y de seguridad económica y apunta a una arquitectura escalonada, con hitos a 2035, 2050, 2075 y 2100.

El plan toma el nombre de Tiangong Kaiwu, una referencia a una enciclopedia técnica publicada en 1637 durante la dinastía Ming, y que la propia CASC utiliza como guiño cultural a la idea de “transformar los materiales de la naturaleza” mediante ingeniería. La elección del título no es un detalle menor. Busca vestir de continuidad histórica una apuesta que, en la práctica, persigue un objetivo contemporáneo muy concreto: asegurarse acceso preferente a materias primas críticas fuera de la Tierra en un contexto de competencia entre potencias por el control de tecnologías estratégicas.

A diferencia de los anuncios centrados en misiones puntuales, la hoja de ruta describe una progresión por capas. Primero, una fase de demostración tecnológica en la segunda mitad de esta década. Después, el establecimiento de un “sistema completo” para el aprovechamiento de recursos lunares y de pequeños cuerpos cercanos, con una red logística que usaría puntos de equilibrio gravitatorio como nodos de tránsito y procesamiento. En una tercera etapa, la expansión de las operaciones hacia Marte y el cinturón principal de asteroides. Y, en el tramo final del siglo, la ambición de operar en entornos más exigentes (planetas interiores y gigantes gaseosos).

El argumento económico aparece como palanca política. En presentaciones asociadas a este enfoque, el científico Wang Wei ha sostenido que existe un conjunto limitado de asteroides cercanos a la Tierra con potencial de explotación “económicamente viable”, una idea recurrente en la divulgación china sobre recursos espaciales. Pero conviene leer estas cifras con cautela. La valoración teórica de metales o hielos en un asteroide no equivale a una rentabilidad inmediata porque el coste de localización, extracción, procesado y retorno (o uso en órbita) sigue siendo el gran cuello de botella.

Donde el plan conecta con debates actuales es en la infraestructura digital. CASC ha incluido en su nuevo ciclo de planificación el desarrollo de capacidades de computación en órbita y centros de datos espaciales alimentados con energía solar, con el propósito declarado de procesar información en el espacio y aliviar la presión energética de los centros terrestres. La apuesta no es solo técnica. Convertir la órbita en un eslabón de la cadena industrial de datos introduce implicaciones de soberanía, ciberseguridad y regulación del tráfico espacial.

El movimiento llega mientras China acelera otros pilares de su agenda lunar. Pekín mantiene el objetivo de llevar astronautas a la Luna hacia 2030 y trabaja, junto con Rusia, en la International Lunar Research Station, un proyecto que ha incorporado incluso la posibilidad de una fuente de energía nuclear para sostener una base en superficie en la década de 2030. Ese tipo de infraestructura es coherente con cualquier estrategia de “uso de recursos in situ”, especialmente si el agua helada lunar termina siendo útil para producir oxígeno y combustible para misiones más lejanas.

La comparación con Estados Unidos es inevitable, aunque menos lineal de lo que sugieren algunos relatos. Washington no carece de programa espacial estatal, pero sí ha optado por un reparto distinto entre lo público y lo privado, con un peso creciente de contratistas y compañías que aportan lanzadores, cápsulas y servicios. China, por el contrario, exhibe un enfoque de planificación industrial más integrado en torno a conglomerados estatales, con objetivos pluridecenales y métricas intermedias que permiten ajustar el rumbo sin abandonar la meta final.

En todo caso, una hoja de ruta hasta 2100 no es un calendario de misiones cerradas. Es, sobre todo, una declaración de prioridades que sirve para orientar inversión, formación de capacidades y narrativa estratégica. La clave informativa está en lo verificable a corto plazo: el avance en cohetes reutilizables, el ritmo de misiones lunares, la consolidación de tecnologías de rendezvous y procesamiento en órbita, y la manera en que Pekín traduzca esa visión en contratos, presupuestos y demostradores. Ese criterio de prudencia (no convertir hipótesis en hechos) es también una norma básica del oficio.

El comunicado oficial ha sido publicado en CNSA.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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