Científicos descubren que los grandes dinosaurios y mamuts eran mucho más lentos de lo que se creía

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Por HoyECO
Publicado el: 28 de enero de 2026 a las 18:45
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Fósil de dinosaurio gigante usado en un estudio que revela que los grandes saurópodos eran mucho más lentos

Al imaginar a un Argentinosaurus o a un mamut lanudo solemos verlos en nuestra cabeza avanzando con paso firme, casi como trenes sin frenos. La nueva investigación publicada en la revista Scientific Reports viene a poner freno a esa imagen. Según el trabajo, los mayores dinosaurios saurópodos, los mastodontes y los mamuts se movían a velocidades muy modestas, incluso comparables a las de una persona corriendo suave.

¿Qué significa esto en la práctica? Que un mamut lanudo de unas seis toneladas habría rozado poco más de 20 km/h en su mejor carrera. Y que el gigantesco Mammut borsoni, con hasta 16 toneladas de peso, apenas habría pasado de unos 15 km/h. En los dinosaurios todavía impresiona más. El Argentinosaurus huinculensis, uno de los mayores animales terrestres conocidos, de unas 75 toneladas, no habría llegado ni a 10 km/h. Turiasaurus riodevensis, el gran saurópodo turolense de unas 42 toneladas, se quedaría en torno a 11,8 km/h.

Traducido al día a día. Un corredor aficionado que hace un sprint corto puede ir más rápido que estos colosos del pasado. Y eso cambia bastante la película que nos venden muchas recreaciones.

Por qué los animales más grandes no son los más rápidos

El punto de partida del estudio es una idea conocida en biomecánica. La velocidad máxima de un animal no depende solo de “cuánta fuerza tiene”, sino de su masa, de la forma de sus extremidades y del tipo de apoyo que usan al moverse. Los autores recuerdan que los animales de tamaño medio son los que suelen alcanzar las mayores velocidades, mientras que los muy pequeños y los muy grandes están penalizados por la física y la fisiología.

Aquí entran en juego términos como “graviportales” y “plantígrados”. Los animales graviportales son los de patas en forma de columna, adaptadas para soportar enormes pesos. Es el caso de los elefantes y lo fue de los grandes saurópodos. Frente a ellos, los digitígrados o ungulígrados, que caminan sobre los dedos o sobre la punta de la pezuña, como los caballos o los felinos, están mejor diseñados para correr. El resultado es intuitivo. Un cuerpo muy pesado, con patas cortas y robustas, aguanta muy bien el peso pero acelera mal.

De los elefantes vivos a los mamuts y dinosaurios

En paleontología no podemos grabar un vídeo de un mamut corriendo. Por eso se usan modelos matemáticos que relacionan masa y velocidad, construidos a partir de animales vivos. El problema es que, hasta ahora, muchos de esos modelos mezclaban especies con anatomías y formas de locomoción muy distintas, lo que llevaba a inflar las velocidades de los gigantes. En el caso de los elefantes, algunas ecuaciones llegaban a sobreestimar su velocidad real hasta un setenta por ciento.

El nuevo trabajo revisa dos de los modelos más utilizados y los contrasta con datos de 68 elefantes vivos, 54 asiáticos y 14 de sabana africanos, medidos en condiciones controladas. Todos se sitúan claramente por debajo de lo que predecían las fórmulas. A partir de ahí, el equipo propone usar solo el límite inferior de esos modelos como “techo razonable” para los grandes proboscídeos fósiles y para los dinosaurios saurópodos.

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Así eran los mamuts | Vídeo: Fossil Files

Con esa corrección, el mamut lanudo se queda en poco más de 20 km/h y Mammut borsoni entre unos 15 y 16 km/h. Para los saurópodos ligeros, por debajo de 25 toneladas, se obtienen valores de 14 a 18,5 km/h. En cambio, gigantes como Brachiosaurus o Patagotitan se moverían en torno a 10 o 11 km/h y Argentinosaurus, el más masivo del estudio, por debajo de 10 km/h, o incluso menos si era aún más pesado de lo que se ha estimado.

Gigantes lentos, ecosistemas distintos

Puede parecer un matiz técnico, pero no lo es. La velocidad máxima condiciona cómo se desplaza un animal por el paisaje, cuánta distancia puede recorrer en una jornada y de qué forma responde ante depredadores o cambios en el entorno. Es muy probable que estos gigantes funcionaran como auténticas “apisonadoras ecológicas”, avanzando despacio pero de forma constante, abriendo claros, consumiendo grandes cantidades de vegetación y moviendo nutrientes a su paso.

Sabemos por otros trabajos que los grandes animales herbívoros tienen un papel importante en la estructura de los ecosistemas y en el carbono que se almacena en suelos y bosques. Pueden influir en los incendios, en el tipo de vegetación que domina un paisaje e incluso en el clima, al cambiar cómo se reparte la biomasa y la materia orgánica. Entender mejor cómo se movían los colosos del pasado ayuda a afinar estos modelos y a imaginar qué tipo de paisajes sostenían.

Y aquí aparece un guiño al presente. Los elefantes actuales son una pequeña sombra de la diversidad de proboscídeos que hubo en el Pleistoceno, pero siguen siendo “ingenieros del ecosistema”. Su límite de velocidad, en torno a 20 o 25 km/h, no les impide moldear sabanas, bosques y reservas de carbono con cada paso.

Más ciencia, menos cine de acción

En el fondo, lo que muestra este trabajo es que la naturaleza suele ser menos espectacular que las películas, pero mucho más coherente con las leyes de la física. Un animal de 70 toneladas no necesita correr como un guepardo para sobrevivir. Le basta con ser enorme, gastar la energía justa y moverse con un paso estable y predecible.

Para la paleontología y para las ciencias del clima, disponer de estimaciones de velocidad ajustadas a la biomecánica real es clave. Permite reconstruir mejor las migraciones, el uso del espacio y el impacto de estos animales en el medio. Y también recordar que, cuando hablamos de gigantes del pasado, el tamaño lo es casi todo. La velocidad, en cambio, era otra historia.

El estudio completo se ha publicado en la revista Scientific Reports.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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