Científicos descubren un organismo de ocho metros de altura podría ser una forma de vida completamente distinta

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Publicado el: 6 de febrero de 2026 a las 09:48
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Recreación de Prototaxites, un organismo gigante de hasta ocho metros que podría pertenecer a una forma de vida extinta.

Hace unos 400 millones de años, cuando las plantas terrestres apenas levantaban unos centímetros del suelo, un organismo en forma de columna se alzaba hasta ocho metros sobre el paisaje. Lo conocemos como Prototaxites y acaba de ganarse un nuevo título incómodo de clasificar, posible representante de una rama de la vida completamente extinguida y distinta de hongos, plantas y animales.

Los nuevos resultados, firmados por un equipo de la Universidad de Edimburgo y colaboradores internacionales, se han publicado en la revista Science Advances y ponen patas arriba más de siglo y medio de debates sobre qué era exactamente este gigante fósil.

Un pilar solitario en los primeros paisajes terrestres

Prototaxites vivió entre el Silúrico tardío y el Devónico tardío, un intervalo entre unos 420 y 370 millones de años atrás. Durante buena parte de ese tiempo fue el mayor organismo terrestre conocido, con estructuras cilíndricas similares a troncos, de hasta un metro de diámetro y cerca de ocho metros de altura.

Sus fósiles se han encontrado en antiguos sedimentos de lo que hoy son Escocia, Canadá, Arabia Saudí y Australia. En aquellas superficies casi desnudas, pobladas sobre todo por helechos primitivos y tapices de musgos y líquenes, estos cilindros debían de destacar como postes gigantes perdidos en mitad de un solar vacío.

De árbol fósil a hongo gigante

Cuando los geólogos empezaron a describir Prototaxites en el siglo XIX, lo interpretaron como restos de coníferas primitivas. Más tarde se propuso que fueran algas, luego líquenes, en una sucesión de hipótesis que nunca terminaban de encajar con todos los datos disponibles.

En 2001, el paleontólogo Francis Hueber defendió que se trataba de un hongo colosal, una idea reforzada por trabajos posteriores que analizaban su microestructura y su firma isotópica. Durante años, muchos libros de paleobotánica repitieron esa interpretación, de ahí que se hiciera popular la imagen de los “hongos gigantes” dominando los paisajes devónicos.

El problema es que, cuanto más se miraban los fósiles con técnicas modernas, más raro resultaba que aquello fuera un hongo como los que hoy conocemos.

Qué ha encontrado el nuevo estudio

El nuevo trabajo se centra en varios ejemplares excepcionales de la especie Prototaxites taiti procedentes de un yacimiento de hace 407 millones de años en Escocia. Gracias a una preservación tridimensional muy fina, el equipo ha podido estudiar en detalle el entramado de tubos microscópicos que formaba el cuerpo del organismo y compararlo con decenas de fósiles de hongos y otros seres del mismo yacimiento.

Utilizaron microscopía láser en tres dimensiones y técnicas de espectroscopía infrarroja para analizar su “huella química”. Si Prototaxites fuera un hongo, se esperaría encontrar señales claras de compuestos derivados de la quitina, el material que forma las paredes celulares de la mayoría de hongos y de muchos bacterias. Esa firma no aparece. En cambio, los espectros agrupan Prototaxites en un rincón propio, separado de hongos, bacterias, plantas y otros organismos preservados en el mismo ambiente.

A nivel estructural también hay sorpresas. La red de tubos se organiza en manchas internas muy densas, con conexiones complejas que recuerdan, salvando las distancias, a sistemas de intercambio como los capilares sanguíneos o los alvéolos de un pulmón. No se parecen a ningún tejido descrito en hongos actuales. “En los libros de anatomía de los hongos vivos no aparecen estructuras como estas”, explica el paleobotánico Alexander Hetherington, uno de los autores del estudio.

Con todos esos datos en la mano, los modelos estadísticos que utilizaron los investigadores rechazan la clasificación de Prototaxites como hongo y apoyan que se trata de un linaje eucariota extinto, sin representantes vivos conocidos.

¿Un intento fallido de la naturaleza?

Para el biólogo noruego Klaus Høiland, profesor emérito de la Universidad de Oslo, la antigua etiqueta de “hongo gigante” fue “en buena medida una solución de compromiso”. Lo que muestran los nuevos datos, señala, se parece a “una forma de vida multicelular completamente distinta a cualquier otra”. Y se pregunta en voz alta si no será “un intento de la naturaleza de crear algo totalmente nuevo”.

También recuerda que, en su época, Prototaxites debía sobresalir muy por encima de todo lo que creciera a su alrededor. El estudio de otros fósiles indica que probablemente fue alimento de artrópodos tempranos y que jugó un papel ecológico importante en aquellos ecosistemas recién colonizados por la vida terrestre.

Qué comía exactamente, cómo se reproducía o qué aspecto tenía su parte subterránea siguen siendo preguntas abiertas.

Un enigma con final desconocido

Llama la atención otro detalle, y no menor. No se han identificado ni antepasados claros ni descendientes de Prototaxites en el registro fósil. Aparece, domina durante millones de años los paisajes terrestres y luego desaparece sin dejar rastro de formas parecidas.

Høiland apunta que su desaparición pudo coincidir con la irrupción de insectos cada vez más eficientes, algunos con alas, capaces de devorar buena parte de la biomasa disponible, y con la expansión de los primeros árboles, que acabarían compitiendo con estos pilares gigantes por luz y recursos. Son hipótesis razonables, pero todavía especulativas. Lo único seguro es que, por ahora, Prototaxites sigue siendo “una auténtica incógnita” para la ciencia.

Lo que sí deja claro esta historia es que el árbol de la vida en la Tierra es más ramificado de lo que pensábamos. Incluso en un planeta tan estudiado como la Tierra, todavía aparecen fósiles que obligan a reescribir capítulos completos sobre cómo se organizó la vida en sus primeros pasos sobre la tierra firme.

El estudio científico en el que se presentan estos resultados ha sido publicado en la revista Science Advances.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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